withman

Sobre la fina linde entre la vida y la muerte

Hace unas noches vivimos algo que no se nos va a olvidar a mis amigos Eneko, Xabi y servidor en la vida…

Así que hoy, como siempre, pero más que nunca: Carpe diem, oh capitanes y capitanas…Exprimid el momento y los racimos de la vida como decía Withman…Porque la vida se va…Sin avisar y cuando le da la real gana…De la forma más silenciosa y sutil o de la más estridente y dolorosa… Así es ella. Nos la dieron sin preguntar y nos la quitan de la misma forma…El eterno e irresoluble drama de la existencia…Esas son sus normas.

Solo que hay ocasiones en que ‘sus maneras’ pueden dejarte más ‘tocado’. Y aquella noche vivimos un suceso que, a quienes estábamos presentes, aún nos tiene ‘shockeados’. Y que seguro nos ha dado bastante que pensar a todos y todas. Y que a más de uno no le dejó conciliar sueño con facilidad aquella noche después de lo vivido…

Porque lo que es el destino…O la casualidad…O vayan a saber Ustedes… (Eneko hablaba de ‘señal’). Y es que

Luchar es nuestro sino

Luchar es nuestro sino

podíamos haber quedado cualquier otro día porque la verdad es que justo ese andábamos todos muy pillados de tiempo; o podíamos cenado finalmente en el ‘Pollito’ como comentamos al principio en lugar de en esa cervecera en la que acabamos al final; o habernos sentado dentro del bar en lugar de en la terraza de fuera como nos tocó decidir cuando el camarero nos preguntó; o habernos marchado algo antes para que Xabi descansara antes de levantarse a las 5 de la mañana para entrar a trabajar…Pero NO. El caso es que no fue así. Ninguna de las decisiones tomadas fueron esas. Y todas nos condujeron a sentarnos en aquella cervecera, en esa terraza, en esa mesa justo pegada a la suya ese día y a esa hora…

Yo no soy especialmente un creyente dogmático  de las fuerzas místicas o de que todo pasa por algo…Pero fuere por lo que fuere allí nos encontrábamos los tres. Y hay casualidades que a uno le dejan la duda de si no serán más bien causalidades…

Estábamos en una cervecera de Bizkaia. A punto de pedir la cuenta. Cuando gritos desesperados y vasos de cristal que se caían al suelo nos pusieron a todos en alerta. Y de todo lo que pasó después podría narrarles con detalle mil matices, mil sensaciones interiores, mil imágenes que se me quedaron grabadas en la retina…Pero no conseguiría transmitirles el drama y la angustia de lo allí vivido. Del sentir en la piel lo fina y frágil que es la línea roja que separa la vida y la muerte…Esa invisible y vaporosa linde… El estar aquí rodeado de tu gente, con tus alegrías y tus penas, del desaparecer fulminantemente de la faz de la existencia hacia, quién carajo sabe dónde…

La muerte es la única certeza de esta vida…

Gritos de desconcierto de su mujer cuando de repente, mientras conversa con él, ve que algo le está ocurriendo a su marido…Un infarto o un ictus. Ninguno allí lo teníamos claro. Desconocimiento. Caos. Miedo. No saber qué hacer. Todos los presentes. Llamadas desesperadas al 112. Más miedo. Y entre todo eso el valor de un amigo. Tenderle en el suelo mientras le empieza a hacer un masaje cardíaco…Con todas sus fuerzas. Con toda su alma. Con toda su fe…

Lucha…Lucha…Lucha…Aguanta…Aguanta…Aguanta…Algunos paralizados, otros reventando la la línea de Osakidetza. ¡¡Rápido, joder!! ¡¡Esa puta ambulancia!! ¡¡Esa puta ambulancia!! 20 minutos que parecieron un siglo sin parar de bombearle el corazón e intentado mantenerlo aquí. Luchando contra ‘quienquieraquesea’ eso tan poderoso que tiraba de él hacia el otro lado…Hacia el otro lado…Joder…Qué puta vida esta…

Y la ambulancia llegó, y el desfibrilador detectó que estaba de nuevo en parada y que hacía falta ayudarle. Y le ayudaron. Con una profesionalidad y un temple de admirar. Y Javi, (nunca podré olvidar ese nombre ni el amor con que su mujer se lo repetía una y otra vez para ‘mantenerlo aquí’. Conectado a este lado. Escuchando una voz que ponía la piel de gallina…) y Javi, respiró de nuevo.

En la camilla…Inconsciente…Luchando…Luchando por no rendirse y por no dejarse arrastrar a ese lugar del que nunca volvemos…Por él, por su mujer, por sus amigos, por sus hijos que gracias a la providencia estaban jugando dentro del bar ajenos a todo el drama de fuera…

Y así se lo llevaron…Vencedor. Como un espartano…No conozco al amigo y a la chica que estuvieron manteniéndolo

Vencedor...

Vencedor…

vivo esos 20 o 25 minutos interminables…Pero sé que gracias a ellos, aquella noche ese hilo sutil que separa la vida y la muerte y la sonrisa del drama, no se llegó a traspasar…¡Y que se joda la existencia por un día! Y que a nadie se nos olvide que estamos vivos. Y que hay que luchar. A pesar de los pesares… Es nuestro sino. Luchar. Intentar sobrevivir… Como sea…

Un abrazo enorme hoy como siempre, pero más que nunca. a mi gente. Y a la gente. A toda la gente de buena fe. A todos y todas. Que al final estamos hechos de la misma piel y de los mismos huesos…Y de los mismos días de sol. Y de las mismas tormentas…Carpe diem, oh, capitanes y capitanas…Buena vida y largos vientos…Se les quiere. Cuídense.

PD- Días después pudimos saber que el paciente cogió el alta y pudo volver a casa. Con los suyos. Pudiendo contarla. Habiendo vencido aquel ‘round’ al ataque a traición de la perra existencia. Nos alegramos por él allá donde esté. Y un abrazo gigante a él y los suyos.

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