terrorismo

¡¡ES HORA DE EXIGIR!! ¡¡LA PAZ NO ES DE NADIE Y ES DE TODOS!!

Llevo unos días incendiado. Atento a los acontecimientos e intentando hacer lecturas sosegadas y comedidas de los mismos antes de opinar. Todo es muy delicado cuando se habla sobre la violencia y cuando hay tantas sensibilidades y sufrimientos alrededor de una cuestión que llevamos grabada a fuego en el ADN sobre todo quienes hemos nacido y vivido en Euskadi. Quienes nos hemos desayunado esto, día tras día, en la más cotidiana y cruel de las cercanías. He contando hasta mil. Incluso me había planteado dejarlo pasar. Pero creo que ya basta. Si este juego de la vida, tal y como yo lo entiendo, va de mojarse y de corresponsabilizarse de todo lo que ocurre a nuestro alrededor (nunca olviden que la sociedad y este mundo, es decir, la REALIDAD, no se construyen solos ni son como son por arte divino o por ciencia infusa sino que se van modelando por nuestras actitudes y comportamientos, bien por acción o bien, y muchas más de las veces, por omisión) creo que ya es suficiente. Basta ya de tropelías y de canalladas, vengan de un lado o vengan del otro.
A los terroristas y a quienes les aplaudían y jaleaban (ETA mátalos), o a quienes ejercían el juego macabro, ruin y cobarde de

Imperdonable…

dominancia-sumisión, drogados hasta las cejas por esa sensación de poder y de fortaleza que les daba el saberse, no solo libres de la espada de Damocles de la violencia, sino apadrinados y protegidos por ella y por las pistolas y las bombas lapa que ilustraban con sangre su discurso ideológico… A todos esos no les tenemos nada que agradecer. Nada. A los que en las plazas y en las calles de los pueblos; en las ciudades de Euskalherria, y en la vida pública (plenos de ayuntamientos, comisiones de fiestas, asambleas sindicales de empresas, etc…) se encargaron de envenenar y de pudrir esta sociedad con su semilla del odio al diferente y al discrepante (solo han pasado dos años desde que tuviéramos encima de la mesa los últimos asesinatos, secuestros, amenazas y extorsiones ,que a nadie se le olvide) o de amordazar y exterminar a todo aquel que no compartiera su ideal de nación vasca, (que por momentos y con la distancia cada día me recuerda más al ario)… A todos esos…No les tenemos nada que agradecer. Ni uno solo de los perdones de los que pudieran salir por su boca. Incluso, fíjense, ni aunque fueran plenamente sentidos en conciencia y corazón. No les tenemos ni un solo perdón que agradecer. Ni uno. Aunque piense yo, como pienso, que son todos bienvenidos, deseables y necesarios para reconstruir toda la convivencia que ellos mismos destruyeron. Nada que agradecer. En todo caso exigir. Exigir que se dejen de palabras. Los actos sí reparan. Las palabras son literatura. Las acciones, realidad. Exigimos actos. Muestras. Autocrítica. Humildad. Decencia. Humanidad. El perdón no está en la mano de quien lo expresa sino de quién lo concede. Exigimos acciones. Os exigimos acciones. Hay mucho que reparar.
Creo que ese es el sentir general de la mayoría. Y que lo sería en cualquier sociedad sana, civilizada, con algo de decencia y con un

Tufa de lejos…

mínimo de valores éticos y morales. En la sociedad vasca, en la española y en la de la China mandarina.
Dicho lo cual, creo que también ha llegado la hora, de exigir también en voz alta y contundente el escrupuloso respeto de los derechos humanos y el cumplimiento por vía de urgencia de la legalidad vigente al Estado. Al Gobierno de Rajoy (se hace surrealista tener que exigir a nuestra clase política lo que por defecto y en base a lo que dicta el marco legal actual no solo debiera ser una realidad sino que nunca debiera de haberse dado). No podemos ni debemos permitir, como ciudadanos comprometidos con los derechos humanos y con la construcción de una convivencia y de un futuro libres de toda violencia y de todo odio que dejar a nuestros hijos , que el poder político, sea del color que sea, ejerza a su antojo y en base a intereses visiblemente sibilinos la represión más feroz y alevosa. Y tenemos que denunciarlo. Alto y claro. Muchos ya lo hicimos en su día, públicamente y en la calle, cuando supimos que el Estado y las fuerzas de seguridad del mismo, asesinaban ocultos tras las siglas del GAL (que no solamente era igual de execrable que ETA, sino que además alargó lo que de otra forma tengo la profunda convicción de que se habría terminado antes, dando aliento a la idea delirante terrorista de que aquí había una guerra con dos bandos y pábulo a la obsesión enfermiza etarra de señalarnos, a quienes nunca fuimos tibios o permisivos con su ideario y con el terror, como soldados del bando contario); o cuando creímos injusto y fascistoide el cierre de periódicos vascos; o cuando supimos de casos cercanos y acreditados de torturas… A unos les exigimos sí. Pero a los otros de la misma forma. Y con más razón. Porque los casos empiezan a ser ya demasiado sangrantes y numerosos:
1. Que los presos etarras cumplan sus condenas en cárceles cercanas a sus domicilios no es beneficencia ni caridad. Es justicia. Es ley.

Prohibido prohibir

Es cumplir con la legalidad. Y así hemos de exigírselo con firmeza al Estado.
2. Que los presos que habían cumplido ya las penas que la Justicia y el propio Estado les impusiera en su día no es caridad. Es ley. Es cumplir con la legalidad. (pero tuvo que venir Estrasburgo con su ‘toñeja’ detrás de las orejas para obligar a su cumplimiento) Nos gustará más o menos, será más o menos doloroso para las víctimas y para parte de la ciudadanía, e incluso habrá quien quiera que nadie que asesine o viole tenga una segunda oportunidad ni que pise la calle en su vida. Es comprensible humanamente hablando. Pero algo impensable con la ley y el derecho en la mano.
3. Permitir que ciudadanos libres y con sus penas cumplidas, quieran reunirse y comer juntos ejerciendo su pleno derecho de reunión e incluso de asociación, no es caridad. Es libertad. Es ley. Es cumplir con la legalidad. Y así hemos de exigírselo al Estado.
4. No perseguir que ciudadanos libres y no cometiendo ninguna actividad delictiva (hasta que se demuestre lo contrario- in dubio pro reo) intermedien (presuntamente) entre los terroristas y las fuerzas políticas y sociales, e incluso sus presos, si así lo fuera, con el objetivo de finiquitar las cuestiones técnicas (desarticulación de comandos, fin de la dispersión de sus activistas encarcelados, entrega de armas, etc…) forzosamente inherentes al proceso de disolución, no es caridad. Es justicia. Es ley. (las detenciones de ayer son cuanto menos, sorprendentes en fondo y forma…)
5. Permitir la libertad de manifestación no es caridad. Es ley. Prohibirlas, como se intentó con la de ayer en Bilbao y tras quedar patente que al Gobierno le interesan más los votos y las medallas que la propia paz (un auténtico esperpento todo lo ocurrido con el anuncio de la operación policial por parte de Interior y que les dejó literalmente con el culo al aire por si alguien creía aún en los Reyes Magos…) huele a querer coartar derechos fundamentales de la ciudadanía con mala intención.
A quienes conocemos un poco los entresijos de todo esto (llámennos mal pensados si quieren), todo esto nos ‘tufa’ desde lejos. Y a

Innegociable

veces pareciera que, por parte de nuestro actual Gobierno, no estuvieran prevaleciendo los nobles objetivos de facilitar el fin definitivo del terror y de llevar a buen puerto el proceso de pacificación y normalización. Huele a como si el interés general estuviera siendo relegado a un segundo plano respecto de intereses partidistas y ciertamente oscuros. Y no lo podemos permitir. Ni en un sentido ni en el otro. Llevamos muchos años exigiendo a ETA y a su entorno el fin de la violencia y seguiremos exigiéndoles actos y hechos que reparen el daño causado, sí. Pero en paralelo y con la misma contundencia ha llegado la hora de exigir responsabilidades a quienes les ha tocado gestionar políticamente este nuevo tiempo. Al PP. Cumplir con la legalidad y respetar los derechos humanos es lo primero que han de poner en práctica. La paz, esa que muchos nunca creímos poder ver en vida, requiere aún de mucho trabajo y de mucho compromiso. De mucha voluntad. Y de unos gobernantes a la altura de las circunstancias. Los ciudadanos hemos de alzar la voz y exigírselo así. Con plena convicción. Con contundencia. Ha llegado el momento.

CÉSAR FERNÁNDEZ ROLLÁN – Barakaldo- Bizkaia –Periodista en ciernes , escritor y guionista.

CARTA AL DIRECTOR PUBLICADA EN “EL CORREO”- Viernes 10 Mayo

Por cuestiones de espacio y con el visto bueno de un servidor como autor de la carta EL CORREO,
como el resto de periódicos, estracta las cartas que remitimos. Cuelgo en este caso la carta 
completa y la publicada en la edición en papel. Vaya dedicada a todos quienes defienden la
razón y las ideas solo y exclusivamente desde la palabra. Única arma legítima para la lucha.


Carta en edición impresa

“Yo no he sido especialmente activista de ningún movimiento. Los jóvenes de mi generación fuimos criados en la comodidad y en una sociedad que nos formó en valores poco sólidos y de dudosa corrección moral. Vive rápido, muere deprisa y deja un bello cadáver. Individualismo y hedonismo a la enésima potencia.Todo lo social; el compromiso con una idea o proyecto que fuera más allá del cuello de nuestras camisas nos resbalaba. 

Solo que en nuestro caso eso fue más imperdonable aún. Nosotros no vivíamos en una sociedad cualquiera. Vivíamos en la vasca. Una sociedad afectada e infectada por el odio y la violencia. No hablo de la de los titulares de prensa o la contada a kilómetros de distancia. Hablo de la de verdad. De la que se siente según sales del portal de casa. De la que se respira. De la que marca a fuego y duele en lo más hondo. La de ir a comprar el pan y la de la discusión en la cuadrilla. La de las fiestas populares o la universidad. La del pleno del ayuntamiento del pueblo o la del poteo por el Casco. La de las familias destrozadas. La de una convivencia herida y envenenada. Y en el mejor de los casos, quienes teníamos inquietudes o preocupación vagábamos perdidos sin saber cómo canalizarlas. La política no era una opción. Eso también olía a chusco y a poco limpio (el tiempo en eso nos dio la razón).

 A pesar de todo, tan harto como sajado, un servidor salió a la calle cada vez que la violencia arreciaba. Sin mirar nunca si quien la ejercía era uno u otro. Qué más da ETA, que GAL, GRAPO, que violencia de Estado. Qué más da Euskadi, que Irak, Palestina, o calabozo…Cuando todo es destructivo, fruto del odio y del no respeto a los derechos humanos.  Por eso me acerqué a Gesto Por la Paz. Sentía que tenía que hacer algo más. Gritar. Decir que NO. Quería. Debía. Al principio con ese miedo irracional que toda esta telaraña de terror cotidiano me había incrustado en las entrañas. Con la boca pequeña. Luego cada vez más orgulloso y convencido. Por sentirme parte de un movimiento que venciendo a ese miedo supo posicionarse desde el minuto uno y jugándose el tipo a favor de la razón. De la paz en mayúsculas y sin siglas ni servidumbres.

Por eso quería DAROS LAS GRACIAS. Por estar ahí frente a toda violencia. Porque en esos valores que habéis defendido todos estos años serán en los que trataré de educar a mis hijos y espero que ellos a los suyos. Y esa será la semilla que habréis dejado. Y estará ahí, ad eternum. 

Siempre y para los restos mi sombrero quitado ante vosotros y vosotras. Mila esker bihotz bihotzez”

 

NO HAY FUTURO SIN MEMORIA…N,EST PAS POSSIBLE…

Lo siento. Parece que tengo querencia a meterme en barros fangosos. Pero es que hay cosas ante las que no me puedo callar. Siento además que no debo. Uno tiene sus defectos. Y comete sus delitos. Y el mío es opinar en voz alta.

Altos Hornos Vizcaya

Altos Hornos Vizcaya

Libre, respetuosa (creo) y expresamente. Cuando creo que algo lo merece y es de fuerza mayor. Aunque a veces me salga pelín caro. Porque, dicho sea de paso, les confesaré que por cada muestra de calor que recibo (innecesaria por otra parte cuando lo que se hace o dice es de mínimos y de sentido común)  me llevo cuatro ostias en forma de mail o de mala mirada de algún paisano. Así que, sin mayor militancia que la de la vida y sin afiliación política alguna más que a la palabra y la razón,  me acabo siempre llevando algún mal rato por gilipollas, a pesar de lo cual siento que no debo cejar por ello. Creo que sería de mal ciudadano y de mala persona. Y de cobarde. (el valor no es sino miedo bien disimulado…)

Por otro lado estas cosas, además, le vienen al pelo a uno para saber quién es quién y dónde está posicionado cada cual. Y dónde hay un fanático y dónde un ser humano con discrepancias sanas. Y porque espaldas anchas tenemos los de Barakaldo, ¡qué coño!;  y no les digo nada de los del barrio de Altos Hornos de Bizkaia…

Y porque uno siempre ha sido y será activista de uno solo de los lados de la orilla-playa-arena-mojadaorilla. Del de la palabra sobre la violencia; del de la razón sobre la imposición; del de los derechos humanos sobre el odio. Porque además,           ( y vaya esto para las señoritas y señores de discurso cansino y caducado), yo hablo de los derechos de TODOS.  No vale eso de sufrir solo el dolor de uno y no el del vecino. Eso no vale. Esa falacia y esa doble moral nunca fueron válidas ni aceptables. Da igual de qué lado de la valla venga el abuso, o la tortura o el secuestro, o la extorsión, o la amenaza, o el asesinato. Da igual la sigla sea ETA que el GAL, que el GRAPO, que un Estado…Todo es la misma mierda… (decía un buen amigo mío, portugués…)

El caso es que llevo unos días, tras mi intervención en el programa de ETB, “Euskadi pregunta”, donde yo le cuestionaba a la candidata de EH BILDU, Laura Mintegi, por su proyecto futuro en relación a las víctimas de ETA si fuera elegida lehendakari, escuchando en alguna conversación al respecto con la cuadrilla, compañeros de universidad y colegas, una frase que me ha movido a escribir estas líneas: “No podemos estar con lo mismo siempre. Hay que pasar página y pensar en el futuro”.

Dicho así puede parecer sano y saludable tal enunciado; incluso deseable. Y en cierta forma lo comparto. Pero ojo otra vez, señoritas y señores. Porque a mí de da mucho miedo y me hace hervir mucho la sangre lo que esa frase bien podría encerrar. Porque si pasar página significa olvidar el drama y el terror que se han dado aquí y lo visto y vivido durante los 34 años de vida que yo tengo, entonces no sirve. ( y no olvidemos un cruel detalle que dicho ahora suena increíble pero es así: mi generación entera, la nacida ya en “democracia”, no ha conocido la vida sin terrorismo; hemos nacido y nos hemos criado rodeados de tensión, de miedo y de espirales de odio que solo generaban sufrimiento)

Es más. Si pretendemos construir un futuro, olvidando lo ocurrido, ese

Memoria histórica

Memoria histórica

futuro será entonces una casa construida sobre unos cimientos podridos que se derrumbará tarde o temprano. No lo duden. Un edificio levantado sobre heridas abiertas lo tumbará cualquier leve brisa de desencuentros (lógicos y legítimos) que pudieran darse en adelante. Ese futuro no servirá para convivir en una sociedad sana y nueva. Ya cometimos ese error tremendo e intolerable en la transición de no cerrar las heridas, y de obviar a los muertos y a las fosas comunes; de querer olvidar; de barrer la memoria, como la mierda, debajo de la alfombra. Y de aquellos polvos estos lodos…

No hay futuro ni convivencia sana posible sin RECONOCIMIENTO y sin MEMORIA. Sin dejar una constancia tangible, veraz y completa del horror, no podremos nunca aprender nosotros ni enseñar a nuestros hijos y futuras generaciones, lo que NUNCA debe repetirse. Lo que NUNCA debió ocurrir. Lo que supuso el terror. La demencia que supuso usar la lucha armada para defender una idea. La espada de Damocles que durante muchos años pendió sobre todas las cabezas discrepantes o públicamente en contra de los asesinatos y la extorsión. Y sobre otras muchas inocentes que siquiera nunca alzaron la voz…Y sobre todos y todas. Como en una especie de macabra lotería…

Quien no sepa de qué hablo o se pregunte cómo poder materializar en la

Olvidar es errar...

Olvidar es errar...

práctica ese concepto de memoria, que viaje a Berlín y se de un paseo por los múltiples museos que hablan de dolor…De TODO el dolor. De TODOS los sufrimientos. Con material audiovisual explícito y real. Para que todo el mundo recuerde lo que allí un día aconteció. Y para que podamos aprender todos de los errores cometidos para no repetirlos jamás. Esos museos donde ahora, cuando nosotros los visitamos después de los años, nos horrorizamos y se nos revuelven las tripas de rabia y de amargura…De daño…De tristeza… Y nos preguntamos ¿pero cómo pudo pasar todo aquello? , ¿pero cómo pudo pasar…?

PD- Otra cuestión a abordar, (pero ese ya será otro debate y otro artículo) es el increíble e inaceptable inmovilismo de este gobierno y anteriores al respecto de las cuestiones técnicas del desarme, la cuestión sobre qué se hace con los activistas etarras sin delitos de sangre, (debate que habría que abrir) , sobre la excarcelación de los presos de motivación política que nunca pertenecieron a la banda terrorista de facto (véase Segi, etc…) y sobre la total violación de los derechos constitucionales de los presos por la que se les tiene alejados de cárceles vascas o por la que se les arrebatan todos los derechos que la ley aplica a cualquier preso común en caso de enfermedad, etc… Todas ellas cuestiones muy graves y más viniendo de un estado democrático como estey anteriores se pretenden.

UNA PELÍCULA QUE OS DEJARÁ PEGADOS A LA BUTACA…

“INCENDIES” o “LA HISTORIA DE LA MUJER QUE CANTA”. Premio Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Año 2011.

Hacía muchos años que no me quedaba más de diez minutos sentado frente a la pantalla  después de acabada la película…Impactado. Perdido…En silencio absoluto…Sin saber muy bien como reconectarme a la vida cotidiana ni qué hacer una vez abandonada la butaca…Una película dura. Muy dura…De hecho no recuerdo ahora mismo una película que me haya dejado tan conmovido… Tan indefenso ante el saberme ser humano con todas las paradojas y contradicciones que ello conlleva. Tan revuelto por dentro…

Porque esta película habla de esos dos extremos desgraciadamente indisociables; de nuestra capacidad antagónica de lo mejor y de lo peor…Somos todo lo hermoso y maravilloso y todo lo horrible y brutal a la vez… Podemos ser bellísimos y podemos convertirnos en algo monstruoso e inimaginable…Todo a la vez. Por el mismo precio… Da miedo…Da muchísimo miedo…

Carátula film

Carátula film

INCENDIES profundiza, a través del conflicto PALESTINO-ISRAELÍ, en esa dicotomía trágica del ser humano de la que parece que estamos condenados a no poder escapar jamás por muchos milenios de evolución de la especie que transcurran…De la que estamos condenados a no poder escapar jamás, tal y como estamos condenados a no poder escapar de nosotros mismos…

Recurrir al ya tan manoseado, manipulado y desgastado conflicto entre palestinos e israelíes podría dar lugar a pensar, a priori, en otra película más, que depende por quién esté dirigida, o más aún ,por quien sea producida y pagada, hace defensa y propaganda de una visión o de otra, de un interés o de otro; de una bandera o de otra…

Sin embargo INCENDIES es otra cosa. Trasciende mucho más allá de todo ello. Es mucho más. Supera con creces toda esa simpleza de la ideología fácil y ahonda mucho más allá…Ahonda en el drama del odio y de la ira, y de sus consecuencias, pero lo hace con tanta inteligencia, tanta sensibilidad y tanta sana intención, que logra, a pesar de la dificultad que conllevaría el tratar de ser objetivo en ciertas cuestiones,  no entrar en absolutamente ningún momento en  matices políticos o propagandísticos de ninguno de ambos bandos.

Un esfuerzo titánico para lograr dotar al film de cierta universalidad a la hora de abordar la temática de las consecuencias de la violencia sin asociarla a ninguna bandera o ninguna causa concreta. INCENDIES no habla de ISRAEL y PALESTINA. Habla de mucho más que todo eso…Habla del ser humano. Habla de la crueldad. Habla del horror y de sus consecuencias…Mucho más allá de un lugar, de un conflicto o de una idea política o religiosa concreta…

Escena del film

Escena del film

Y lo hace sin escatimar en crudeza. Porque la realidad y la historia de la humanidad es cruda igualmente. Lo ha sido, lo es y lo será para nuestra desgracia. Y porque aunque sea duro enfrentarse a ella y mirarnos en un espejo donde no nos va a gustar lo que vamos a ver, este es un acto totalmente necesario para que nuestra conciencia se despierte y para aprender. Sí… Quizás con un poco de suerte,  para aprender…Aprender del horror…

La historia es trágica y muy dura. Dos hermanos gemelos, criados en Europa (concretamente en Francia) Ella, Jan, una profesora adjunta de matemáticas en la universidad y él, Simon, funcionario. Buscan años después y tras el fallecimiento de su madre, a su padre y un hermano, desconocidos ambos, en tierras árabe-israelíes.

Los hermanos gemelos

Los hermanos gemelos

Allí habrán de investigar y de enfrentarse a su pasado familiar. Al pasado de su madre. Un pasado lleno de amor, pero también lleno de odio y de sinrazón… Con un final estremecedor… La violencia mostrada desde el componente humano más básico y la unidad social más simple. La familia…

Si se quiere, y depende del día que se tenga, uno se puede ir a la cama hecho polvo y con la mirada perdida, pensativo…Con el alma por lo pies…

O podéis quedaros con lo que yo me quedo. Con eso a lo que yo me aferro con uñas y dientes a sabiendas de lo pueril que pueda llegar a ser… Llamadme ingenuo… Llamadme iluso… Pero dentro del drama yo me quedo con la ESPERANZA…

Con esa convicción profunda de la que no me quiero desprender jamás por muy ilusa que pueda ser… Con ese valor infinito y poderoso de la ESPERANZA…

Con esa visión de que incluso en medio del horror, de la crueldad y de la brutalidad, puede prevalecer indestructible ese concepto universal e inherente al ser humano (tan universal e inherente como el odio, para nuestra desgracia), llamado AMOR…

Aunque nos empeñemos en mancillarlo y corromperlo…

Con la ESPERANZA y con el AMOR…

No dejen de verla… Y no dejen que el monstruo les venza. Háganme el favor…Luchen contra él con todas sus fuerzas.

Dedicado a la mujer. A la mujer que canta…

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