TERESA RODRIGUEZ

DIARIO DEL CAMBIO HISTÓRICO (CAP. 5) – “25M. Un día para la Historia. Las voces de las plazas asaltando las instituciones”

 

“Recuerdo llamadas de varios compañeros. Desatadas. Jubilosas. Bullicio de fondo en aquella noche bilbaína que yo cambié por el sofá de casa. Todos llorando. Como locos y locas. De alegría. De descarga. De por fin. Ellos llorando a un lado de la línea y yo al otro. Aunque había poco que celebrar. Vivíamos y vivimos en un estado de emergencia. Pero lo necesitábamos. Lo necesitábamos…”

(Viene del capítulo 4)
De lo que pasó después ya sois casi todos y todas conocedores. Porque pasamos del ‘cuasi anonimato’ a la locura total. Aquel domingo 25 de mayo del 2014

La campaña de la ilusión

ya es un día para la Historia de este país nuestro de paradojas y contradicciones. A lo largo de toda la mañana nos iban llegando noticias de whatssap de compañeros desde los colegios electorales comentando que las papeletas (tan polémicas y controvertidas a cuenta del logotipo con el careto de Pablo Iglesias) estaban bajando misteriosamente y no sabíamos si era porque las estaban ‘robando’ o porque verdaderamente nuestro mensaje de indignación y de ansia de cambio se había escuchado y había calado en la población: “¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?” Preguntábamos al electorado pero nos lo decíamos a la vez a nosotros mismos. Como parte de esta sociedad harta y asqueada.

Nervios. Incertidumbre. Expectación. Toda la jornada. Esperando los datos. Fríos pero definitivos. El termómetro inclemente de las cifras. Solo ellas podían reafirmarnos y devolvernos la confianza en que la sociedad de este país iba por fin a decir basta en las urnas (no en el sofá de sus casas o en los bares) y solo ellas podían acabar con el sueño del “sí, se puede”. Apenas tres meses de tiempo para trabajar. Pero a mí me dio la sensación de que habían pasado tres años. De que el tiempo se aceleraba. De que el reloj de la Historia estaba ‘esprintando’. Como todas y todos nosotros. Conscientes del ahora o nunca. De la cita ineludible con el intento de los intentos. La madre de todas las batallas. La Revolución de nuestro tiempo.
Esa noche intensa de domingo electoral se iban a decidir muchas cosas. Catalizadas en un diagrama de barras y de colores. Se iba a conocer si este cuento fue bonito mientras duró o si habíamos logrado mover la bola de nieve y solo era el principio de una larga historia. Muchos compañeros de esfuerzos y de tajo de Podemos Ahal Dugu Bizkaia, se reunieron esa noche en un local de Bilbao para ver juntos los resultados. Nadie sabía si iba a ser una noche de tristeza o si íbamos a recoger de la siembra de nuestras esperanzas. Servidor no acudió. Después de unos meses en paro me tocaba trabajar es lunes y preferí quedarme en casa. Intentado mantener el sosiego. (intentándolo digo, porque fue imposible) Todo lo que se podía hacer ya estaba hecho…. Y sucedió… Sucedió…

El bombazo. La sorpresa. Otro capítulo del despertar. Cinco escaños y 1,2 millones de personas repartidas por todo el Estado creyendo en la misma causa

Los Cinco Eurocandidatos

en la que creíamos nosotros. Cada cual con sus motivos. Los que fueren. Todos dando una oportunidad al cambio. A otras formas de ver y de hacer las cosas. Es la hora de la gente. Por fin. Algo había cambiado. Y todos y todas nosotras los sabíamos. Gente normal logrando cosas extraordinarias. Haciendo la Revolución. Mucho por hacer. Pero misión cumplida. Bola de nieve rodando. Y que la pare quien tenga arrestos. Todo lo que estaba pasando era increíble. Recuerdo llamadas de varios compañeros. Seguidas. Desatadas. Jubilosas. Bullicio de fondo en aquella noche bilbaína que yo cambié por el sofá de casa y la compañía de mi pareja. Todos llorando. Como locos. De alegría. De descarga. De por fin. Ellos llorando a un lado de la línea y yo al otro. Con el corazón en un puño. A mil revoluciones. Compartiendo felicidad. Aunque había poco que celebrar. Vivíamos y vivimos en un estado de emergencia. Pero lo necesitábamos. Lo necesitábamos. (Sigue en CAPÍTULO 6)

DIARIO DE ÚLTIMOS MESES- Cap. 3 – “Nació Podemos. Ocurrió el milagro. De cuatro necios a 1,2 millones”

(VIENE DE CAPÍTULO 2)
Y el 2014 llegó. Las mareas se fueron uniendo en las calles pero seguían diluyéndose en un océano que era inmenso. Las plataformas proliferaban desde todos los ámbitos sociales defendiendo la justicia social y contra las tropelías y los recortes de un Gobierno mentiroso y traidor (otro más de tantos) que rescataba con dinero de todos y todas a los bancos, mientras dejaba desamparadas a las familias que no podían llenar la nevera ni pagar sus hipotecas. Que se estaban comenzando suicidar tirándose por las ventanas acuciadas por las deudas. Consumidas. Desesperadas. (la semana próxima tenemos el

No fueron suicidios; fueron homicidios

fatídico aniversario de la vecina barakaldesa Amaia Egaña) Demencial. Sangrante. Pero ninguno de los movimientos tenía intenciones claras de querer ocupar esos espacios políticos, que la ‘casta’ había tomado como de su propiedad.

Y llegó Febrero. Y un tipo con coleta y habitual de las tertulias televisivas, y que bien pudo haber estado por Segovia aquella noche estival en la que se gestó la Revolución, lanzó un guante al viento. Si en una plataforma de internet se alcanzaban las 50.000 firmas de apoyo, un movimiento llamado PODEMOS se plantearía conformar colectivo para arrebatar la política de manos manchadas y de conceptos democráticos pervertidos. Y rebasó las cifras con contundencia. Mucha gente repartida por todo el Estado tenía ya muy claro que había que dar pasos al frente. Nuevos. Valientes. Recuperar lo que era nuestro por derecho. Y que estaba secuestrado: la democracia.

Olía bien. Pero había que ponerse en acción. Y a disposición de la causa. El sentimiento de que íbamos años tarde seguía muy presente en muchos de nosotros y nosotras. Y así nos enteramos, preguntando en colectivos de por aquí y por allá, de una primera reunión ciudadana en Barakaldo. 27 de Febrero de 2014. Da fe la fecha apuntada en mi libreta de aque día. Y por coincidencias del destino o por esas ‘fuerzas’ que existen pero que no se ven, aquel primer ‘Círculo’ (que es como se denominan las asambleas abiertas a las que puede acudir cualquiera) se desarrolló en un lugar llamado ‘LA ESPERANZA’. En mi barrio de toda la vida, junto al colegio público en el que todos mis amigos y servidor habíamos crecido. Buenas ‘vibras’ se dice en México. ‘Señales’ se dice por estos lares. Fuere como fuere algo que empieza en un lugar llamado así por fuerza mayor tenía que estar llamado a acabar bien. Solo que nadie en ese momento podíamos intuir lo que llegaría después.

Ese primer día asistimos ya un nutrido grupo de gente y mi sensación fue la de haber asistido a ‘otra cosa’. A algo que apostaba definitivamente por hacer

Eurodiputada Teresa Rodriguez en Barakaldo

política. En su tablero. En su fango. Para ponerlo boca abajo. Para cambiar las reglas del juego. Y ese primer día recuerdo que ya me llevé ‘deberes’ a casa. En mi libreta. Logísticos. Conseguir contactos de imprentas o de sillas, no recuerdo lo que fue exactamente…Pero si una Revolución ha de empezar de alguna manera, es currando. O no será revolución. Y así fue. Gente desconocida unida por la ilusión de saberse por fin trabajando de forma efectiva para cambiar las cosas. De ayudar a solucionar problemas. De pelear por la justicia social. De echar a los corruptos de sus cortijos.

 

Gente poniendo dinero de sus bolsillos para fotocopias, para pegatinas, para llamadas. Gente tirando de amigos para transportar sillas (gracias Emilio por tu camión de mudanzas y Fortu, Neli… Willy Toledo y Teresa Rodriguez os deben una) , o para conseguir plástico para hacer pancartas (gracias, Baku) , o para lograr megafonías (Unai y Joxean , grandes). Gente repartiendo folletos por las calles, gente poniendo pegatinas, gente pegando carteles, gente grabando las cuñas de radio, gente traduciendo al euskera los spots de tv que llegaban de Madrid , etc, etc, etc. Gente, gente y más gente. Trabajando. Sacrificándose. Por toda España. Ilusionados. Creyendo. Contagiando unos a otros este virus que se expandió por todos los rincones. En cada tertulia de bar, en cada casa a la hora de comer, en cada cafetería de universidad, en cada hogar del jubilado… Transformando su indignación poco a poco en cambio…Hasta lo que llegaría después…

(Sigue en CAPÍTULO 4)

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