santiago de compostela

IMPOSIBLE OLVIDAR ANGROIS Y AQUEL ALVIA MALDITO…

Se cumple hoy un año del accidente del tren Alvia en aquella curva para

Curva de Angrois

siempre maldita de Angrois.  Dencansen en paz todas las víctimas.  Toño, Laura, Puga, y toda mi gente querida de Santiago de Compostela, que vivisteis la tragedia cerca de vuestras casas, de vuestros amigos, da vosa terra…Un abrazo grandísimo para estos días duros en que toca recordar algo que ha marcado a fuego y dejado secuelas incurables en mucha de la gente que aquellos días se jugó la vida y la salud mental del resto de sus vidas y que dio pasos al frente en lugar de para atrás ante aquel golpe brutal a las conciencias de todos… Pasos al frente en lugar de para atrás. Retengan esta frase. Porque va mucho más allá de la literatura. Sucedió así. Nadie se quedó mirando. Ni se dejó someter por el miedo. Ni se lo pensó dos veces. Nadie.

 

Me eriza el vello de todo el cuerpo. Y me encoge el estómago y el alma. Como en un nudo. Pensarlo. Recordarlo. Gracias por aquel orujo de café contigo, amigo Toño. En el vetusto bar de esa pequeña aldea que es Angrois , junto a la curva maldita.  Gracias porque me sirvió para no olvidar nunca el ejemplo de que el ser humano, a veces, llega, y desarbola todas las teorías de Hobbes y de su ‘lobo’,  y toda esa desesperanza interior que llega y te arrasa dependiendo del día…  Porque mirando a los ojos de toda aquella gente sencilla que alternaba esa tarde en el bar y que para mí ya son y serán para siempre héroes y heroínas y ejemplo que contar algún día a mis hijos;  mirando aquella curva;  mirando aquel ejemplo de humanidad; mirando aquellas notas y objetos de homenaje y condolencia colocados en el lugar; mirando todo aquello… Os juro por Dios que me reconcilié por un momento con esto que soy y que somos todos. Con esta especie que somos y que unos días me parece una plaga nociva digna de su total extinción y otros en cambio me arroja un rayo de luz a esta oscuridad de la rabia y la incomprensión…

 

No hay estatuas, premios, monumentos o reconocimientos que puedan poner

Conmoción y solidaridad

en valor aquellos gestos…Y ojalá que en la vida todo vuelva como afirman quienes creen la existencia de eso llamado ‘karma’… Yo solo les deseo de corazón y con todo el alma toda la paz espiritual que puedan encontrar después de aquello (dudo que exista ya en las vidas de todos ellos y ellas ni una sola noche en que no cierren los ojos y vuelvan a encontrarse con el horror…) Les deseo lo mejor del mundo a quienes salvaron vidas venciendo aquella tragedia. Viendo todo aquel panorama dantesco y aquel drama…Trepando los muros y bajando a las vías a atender los heridos, sacando las mantas de sus casas para arroparles, y agua, y comida, y jugándose sus propias vidas cuando aún se oían pequeñas explosiones y había tramos ardiendo. O colapsando los hospitales para donar sangre. Sin pensar. Con todo el arresto, todas las agallas y todo el coraje. No sé qué hubiera hecho yo…Pero ellas y ellos…Nos dejaron a todo el país y al mundo entero orgullosos con mayúsculas de sabernos humanos ese día… Curioso que nos matemos en unos sitios y nos salvemos en otros…Pero la dualidad del ser humano nos dejó la mejor de sus versiones y semillas aquel día…Y eso no ocurre muchas veces…

 

POR ELLO GRACIAS, ANGROIS. EN LAS MAYÚSCULAS MÁS ENORMES QUE EXISTAN EN UN TECLADO Y EN UNA BOCA. GRACIAS AL PUEBLO GALLEGO. DE CORAZÓN. POR DEVOLVERME ESE DÍA LA ESPERANZA…DE QUE SÍ, SE PUEDE…CAMBIAR… DE QUE SÍ SE PUEDE, QUIZÁS…CAMBIAR. CAMBIAR EL RUMBO…

 

ABRAZOS Y BIKOS HOY MÁS GRANDES QUE NUNCA.

EL CAMINO DE SANTIAGO…O DE LA TRANSFORMACIÓN…

Una cosa es evidente: quien hace el Camino de Santiago una vez, casi siempre repite. Y además la huella que deja en él o ella, no suele ser para nada superficial ni flor de un día. Y ya saben ustedes lo que dicen…Algo tendrá el agua cuando la bendicen…

Pero, ¿qué es entonces “eso” que tiene el Camino que engancha a tanta gente? ¿Qué es lo que hace que tantas y tan diferentes personas de todo mundo que viven esa experiencia, vuelvan?

 

Pues yo se lo cuento. Se llama TRANSFORMACIÓN. Transformación, sí. O al menos esa es la convicción que uno tiene después de varias

Caminante…

experiencias y largas horas de conversaciones de albergue en albergue. Y no es nada fácil alcanzarla; no se confundan…Pero aquí, in The Way, en el Camino; un día antes o uno después; consciente o inconscientemente; desde muchos cientos de kilómetros antes de llegar a Santiago o poco antes de atravesar la Puerta de Obradoiro…Sucede…Simplemente sucede… Y no hablo del concepto “transformación” en ningún sentido místico o iluminado propio de quien se haya fumado medio Jamaica, sino de algo mucho más simple y más cercano. Más real. Les cuento:

 

La pasada Semana Santa tuve la oportunidad de llegar de nuevo a Compostela en calidad de peregrino mochila a la espalda y bastón en mano. Esta vez, además, con la mejor de las compañías del mundo: mi señora madre. Y todas mis teorías se corroboraron una vez más.

 

Pude comprobar, de hecho, que además es algo masivo. Y que el cambio se da incluso entre aquellas personas que comienzan su trayecto más a la defensiva blandiendo esas corazas y esas caretas que todos traemos impuestas por la ley de la selva imperante en nuestras vidas en la city. Constreñidos por este modelo de sociedad moderna primermundista erigida sobre valores deshumanizados y que nos sumerge en esa rueda del hamster de competitividad, desconfianza y miedo al prójimo.

 

Y es que todos esos prejuicios y esos estereotipos dañinos que todos traemos lastrando nuestras mochilas, van poco a poco desapareciendo. Y todos vamos despojándonos de ellos de una forma casi inconsciente. A cada paso. A cada ampolla. A cada madrugón. Aquí da igual que uno venga de Madrid, Bilbao, Lisboa, Barcelona, Vigo, Berlín, Venezuela, California o de la conchinchina. Nos la trae al pairo a quién vote cada cual, con quien se acueste o de qué equipo de fútbol sea hincha. Porque simplemente nos olvidamos de todas esas cosas que nos separan y nos dejamos llevar por las muchas que nos unen y nos acercan… Y que siempre son muchas más y mucho más valiosas que las que nos alejan. Pero que a veces no siempre sabemos ver. Fruto la ceguera que muchos traemos de nuestras Sodomas y Gomorras particulares.

 

Señal del Camino

Y después, la transformación, como todo lo demás en la vida, va llegando sola… Con cada paso al frente. Con cada nueva etapa. Con cada ampolla o cada sonrisa. Y entonces empezamos a ver al otro simplemente como lo que es. No como lo que parece. Si no como lo que es. Como un compañero de viaje. Como otro peregrino más. Como un semejante. Con sus por qués como los nuestros; con el peso de su particular mochila sobre las espaldas como la nuestra; con sus dudas y sus incertidumbres; con sus miedos y sus inquietudes; con su cansancio y sus ilusiones… Un ser humano sin más roles ni etiquetas que las que se nos suponen a los peregrinos. Simples caminantes en una misma dirección. Simples seres humanos con sus virtudes y sus defectos. Todos en el mismo Camino y todos expuestos al sol inclemente del verano o a los días de lluvia y frío del invierno. Todos compañeros de un viaje con sus momentos inolvidables y con sus momentos de penitencia. Como la existencia. Como la vida misma. No hay rosa sin espinas…

 

Y de repente si saber muy bien por qué, te ves compartiendo cazuela con un tipo barbudo al que no habías visto antes en tu vida, o poniéndole unas tiras de Compeed a la señora de la litera de al lado en sus ampollas, o prestándole tus chancletas para la ducha al americano que las perdió en su etapa de Astorga…Suma y sigue…

 

Todo a años luz de lo que suele ocurrir en nuestra “otra” realidad cotidiana. Donde muchos ni siquiera saludamos a nuestro vecino de toda la vida, y mucho menos le dejamos sal; o donde escondemos el reloj si nos piden la hora caminando por la calle, no vaya a ser que nos lo quieran guindar. Este es el mundo que hemos construido. Con mucha materia y poca verdad. Con muchos bienes y pocos valores. Con mucho bienestar material y poca humanidad. Con cuerpos muy sanos y almas muy enfermas…

 

Fuere como fuere uno ya habrá experimentado lo que es transformarse; lo que es acercarse a uno mismo; al de verdad. Y lo que es convertirse en otro peregrino más. De paso por una existencia efímera que a veces nos desconcierta y nos desorienta; que nos agota y nos maltrata; y que otras veces en cambio nos regala amaneceres de sol radiante y nuevas oportunidades para enmendarse y para luchar por todo aquello que soñamos…Para reencontrar el camino. Si uno sabe dar los pasos en la dirección correcta, Si uno sabe liberarse de esas corazas que lo alienan. Si uno simplemente camina…

 

 

La llegada a Santiago siempre es agridulce. Dulce por el objetivo cumplido. Por el reto alcanzado. Por haber vencido. Por habernos vencido.

Plaza Obradoiro

Por las plegarias y las esperanzas puestas en cada paso…Por la promesa cumplida… Amarga por las despedidas. Por el adiós. Por saberse de nuevo de vuelta a una realidad que no siempre cubre las necesidades de nuestras almas. Por deshacer la mochila por última vez y colgar las botas. Y dejar de ser para siempre peregrino…O no…Quizás no… Porque el Camino y las señales están ahí…Solo hay que saber verlas; y caminar, amigos, caminar… Porque siempre hay algún Santiago esperando…

 

 

PD- Aviso a navegantes. En mi próximo Camino, al desgraciado de peregrino (por llamarlo de alguna manera) al que pille tirando latas, botellas, o algún desperdicio basura o similar, y ensuciando este bien sagrado y maravilloso llamado naturaleza, le pienso romper mi bastón con sumo placer y con casi un orgasmo en las costillas. Siempre habrá tiempo de comprarse otro. La causa lo merece. ¡Putos cerdos sinvergüenzas!

PEREGRINOS

“La meta no está nunca en el final,
sino en el camino…”

“PEREGRINOS”

Y qué es vivir, al fin y al cabo,
sino un transitar incierto
hacia algún lugar desconocido…
Y qué es sino hacer de los pasos, siempre camino…
A veces diestros
y a veces perdidos…
Dejando atrás otros muchos, ya caminados,
en el olvido…

Andar y andar por una senda
cada mañana distinta.
Grata unas veces, de sol piadoso,
gris de tormenta y barro algunos días…

Buen camino...

Buen camino...

Hoy un paseo mágico y placentero,
mañana quizás pies sajados y heridas…
Hoy quizás algún anhelo; algún sueño; alguna rosa…
Mañana quizás alguna cruz; alguna pena; alguna espina…

Y andamos quizás para no rendirnos…
Tropa de ilusos crédulos luchando contra el destino…
Obstinados en la idea de otra senda
más allá, donde hacer camino…
Donde esperen descansados,
aquellos que entre la niebla, de la vereda, perdimos…

Y qué es vivir, al fin y al cabo,
sino un transitar incierto
hacia algún lugar desconocido…
Y qué es sino hacer de los pasos, siempre camino…
A veces diestros
y a veces perdidos…

Nacemos y morimos,
peregrinos…

30-Julio-2012.
Etapa O Cebreiro-Samos

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