poesía

¡¡QUE TE COMO A VERSOS!!

“Hasta los lunes y con legañas”

Ganas de comerte…

Hasta cuando apenas luces el sol

y llueve en tu pañuelo y en mi Bilbo.

Hasta cuando se acabe el calor placentero

y asedie inclemente el frío.

Quiero yo tu camino con el mío.

Sin aire entre los zapatos.

Bien juntitos.

De entre todas las opciones de esta vida:

tú me elijes.

Yo te elijo.

 

Cuando el espacio y el tiempo hicieron síncronos

tu vacío y mi vacío…

Y cruzaron tu camino…

Y mi camino…

Tu mejor versión,

con la menos mala del mío.

Tú eres mi “tú”, eres mi “me”, mi “conmigo”.

¡Rabio de ti, te, contigo!

¡Rabio de ti!

¡Qué ganas locas de tejernos!

¡Que te co!

¡Que te co!

¡Que te como a versos…!

 

 

LAS DROGAS, MIS SUEÑOS Y YO.

Mi madre, la persona a la que más admiro y valoro del mundo, por mujer y por madre,  no estaba muy de acuerdo en que hablara de esto de forma pública. Pero yo le dije que nadie debería vivir con miedo al juicio de nadie. De hecho, no existe juicio más tirano y ni del que seamos más esclavos que del que se realiza uno mismo. Yo lo hice. Yo ya me juzgué, me condené y me castigué muchas veces por esto que voy a contar. Pero hoy lo hago sin miedo. No hice daño a nadie. Salvo a mí mismo. Hoy me apetece contárselo al mundo. Y así lo elijo. Será la última vez que lo haga. Que hable de ello. Y después lo dejaré marchar. Para siempre.

 

Por eso hoy, por elección propia y por convicción quiero hablar de un tema tabú​ del que apenas hablamos públicamente​. ​Aunque esté a la orden del día y sea desgraciadamente más cotidiano, extendido y “anormalmente normalizado” de lo que debería. Estos días estoy muy revuelto. Para bien. Están pasando cosas preciosas y milagrosas en mi vida, relacionadas con el periodismo y con escribir. Pero cosas que debieran haber ocurrido hace 20 años. Y que no se dieron porque yo, mi peor enemigo, lo impedí. Pero hoy en día con 4o años ya estaba listo para hablar de ello. Siento además que es lo que tengo que hacer. Ante todos. Como si fuera un poema más en uno de uno mis libros. Eso es parte del proceso de liberación. Parte de quemar definitivamente este capítulo y despedirme de él. Taponar esta herida que tantas veces me sangró y me mermó. Invisible a ojos de todos pero real dentro de mí.

 

……………………………….

A veces los daños emocionales o psicológicos pueden ser tan profundos, (sobre todo los que acontecen en edades tan tempranas) que cuesta muchos años enfrentarlos y hablar de ellos.  Este se convirtió en MI DEMONIO. Y contarlo y compartirlo me sirve para seguir haciéndole pequeño.  Y quizás mi experiencia y mis errores puedan ayudar además a otros chavales y familias a escoger caminos distintos. ​Solo hay tres personas en la tierra que saben de esto de lo que voy a hablar con la crudeza con la que me voy a atrever a contarlo. Son mi psicóloga, mi madre y Elizabeth. ​Y todas los han sabido hace apenas escasos años. Después de haberlo trabajado yo. Hoy me apetece contárselo al mundo. Y así lo elijo. Será la última vez que lo haga. Que hable de ello. Y después lo dejaré marchar. Para siempre. Al final le debo las gracias. Mi DEMONIO me salvó. Me enseñó a luchar sólo. Y a sobrevivir.

 

De toda esta vivencia, además,​ es ​más duro habla​r​ porque causó dolor a mucha gente querida. A mi familia sobre todo. Me perdí muchas cosas. Algunas que ya no podré recuperar jamás. Como a mis difuntos abuelos de San Vicente, José y Josefa. Y a algunas que después me he esforzado en recuperar como a mi tío. (uno de los mayores regalos que tengo hoy en día) Causó sufrimiento y desconcierto a mucha gente. Además de a mí mismo.  LAS DROGA​S Y YO​.​

Hace poco conocí a un crack de Navarra, peregrino del Camino de Santiago  y que sin saberlo me dio una ​gran ​lección. Él fue valiente. Y cuando su vida se desmoronó, también muy joven, él sí supo pedir socorro y​ dejarse ayudar. Yo fui un cobarde. O un débil. O estaba demasiado asustado y desconcertado como para hacerlo. Y no supe o no pude pedir ayuda. Mal. Casi me lleva a la tumba. Literal. Tenía 18 años.  Y mi vida estaba en un punto de no retorno.

Existencialismo.

Lo que yo viví empezó con 14 años. Y fue un proceso que tuvo su triste culminación a los dieciocho. Fue la única vez en mi vida que quise que todo acabara. Que perdí las ganas de vivir. Padecí el resultado​ de cuatro años de ​puro y temerario ​descontrol. ​Al principio todo eran risas y diversión. Máximo. ​Subidones​ de vida. Pero artificiales. Felicidad química de postal. Plenitud de mentira.​ ​Lo peor es que a mí nunca me hizo falta. ​Con 14 años, cuando todo empezó, ​yo ya era química pura, energía y vitalidad ​sin necesidad de ayudarme con añadidos​. Hiperactivo dirían hoy. Sin duda. Lo soy. Desde siempre. Y mi caso no era el de ninguna familia desestructurada ni el de un chaval conflictivo ni nada de nada. Al revés. Jugaba ​en el equipo de ​fútbol, sacaba buenas notas, tenía éxito social y escribía y escribía y escribía. Ganaba algún concurso literario, tenía amigos de toda la vida, éxito con los amores, entusiasmo vital… Y además lo tenía muy claro. Tenía una ​clara ​meta y motivación en la vida: ser periodista. Y tenía optimismo.​ Desbordante. ¡Si yo ya era un redomado idealista cuando no sabía ni lo que era el idealismo! jajaja. Y ​tenía ​sueños​. ​14 preciosos años. ¡¡Cómo no tener sueños!!  ​​​ Siempre fui un ​chaval​ sensible​ al que no le gustaba serlo; ​un chaval que escribía poesías de amor ​pero siempre más cómodo tras ​su rol​ ​de​ ​trasto inquieto en clase y su apariencia ​de ​‘echao palante​’​. (Manuel Carrasco escribe en una de sus canciones “mis miedos me encontraron, mucho antes de encontrarme yo primero…”) Así que supongo (no lo sé) que estar​ tan seguro de mis capacidades ​hizo que me creciera. Y por ahí, y por ser tan vehemente y entusiasta (intenso diríamos hoy), empezaron mi querer probarlo todo y mi ansiar vivirlo todo​. ​Como si fuera a morirme mañana. Como si no existiera un mañana. Existencialismo elevado a la enésima potencia. Y me pasé de frenada. ​

​E​n pocos años fui perdiendo, sin darme cuenta, toda mi energía vital. La ilusión. La motivación. Las ganas. Las ganas de todo. ​Dejé de creer en todo lo que creía. En el futuro. En mis posibilidades. Dejé de creer en mí. ​Convirtiéndome en alguien lejano a ​César Fernández​. ​No fue de un día para otro. Las drogas fueron acentuando ese hastío vital con el tiempo. Lentamente. Como parte de un proceso. Los psiquiatras, los psicólogos y la gente que hemos vivido, reflexionado y disertado sobre este tipo de cuestiones, solemos estar de acuerdo en que las drogas tan sólo acentúan algo que tú ya tienes dentro. Que ya está ahí. En unos potenciará sus virtudes (aunque sea de forma puntual, artificial y un pan para hoy y hambre para mañana) y en otros las desgastará. En mi caso estaba claro lo que estaba ocurriendo. ​Merma. De un potencial precioso. De una mente creativa, pasional y sana.

Aquello comenzó a los 14 años. Cuando salí del colegio y llegué al instituto. Al mundo de los mayores. En el que yo siempre me había movido con comodidad. Y duró hasta los 18 años. Hasta que me di cuenta de que yo, ya no era yo. Progresivamente la droga me había ido cambiando y mermando. Mi hiperactividad; mi afán por vivirlo todo y experimentarlo todo; y mi ansia por vivir como si me fuera a morir al día siguiente me fueron acercando poco a poco a nuevos ambientes, nueva gente. Y a las DROGAS. Nadie me influyó. Fui yo sólo. No solo las consumía sino que las defendía como un derecho y una libertad de elección. Al principio con el hachís sin esconderme ante mis padres. Al revés. Yo lo contaba en casa y escribía cartas al director de El Correo defendiendo la legalización.  Para mí era un ejercicio de libre albedrío desde la responsabilidad y apelando a mi madurez y a mi inteligencia. “Yo sabía lo que hacía. Y era mi derecho”. ​¡Dios mío! Mis pobres padres… No me llegará toda una vida para compensarles el sufrimiento de aquellos años. Tiene que ser durísimo asistir impotentes a ​ver ​cómo un hijo​ se autoinmola y​ tira por la borda ​todas ​sus posibilidades. Su futuro. ​Ver que el niño​ a quien has criado en unos valores y a quien le has puesto a su disposición, con esfuerzo y sacrificio, todas las oportunidades del mundo, desperdicia todo eso.  Y ver cómo se transforma en un desconocido. En una persona que no es él. En otra persona. Tiene que ser muy duro. Asistir  a algo así.​​ Aunque ​mi madre ​ya no se acuerde o no se quiera acordar. Y aunque me diga que no​ fue para tanto. Yo lo sé. Y a mí no se le olvida.

​Porque yo además lo reivindicaba. ​ Mi derecho, mi derecho, mi derecho. Yo, yo, y yo. Y sino os gusta me echáis de casa. Chantaje. Puro chantaje emocional. Así de cabrón y de ciego pueden hacerte ese cóctel de soberbia, frustración y drogas. ​Hasta que llegó​. Llegó​ el batacazo final.​ El que a la postre me mató pero que me estaba a la vez salvando la vida. Salvándome de haber acabado (quién lo sabe) como un alma en pena marginal de esas que vemos por las calles, o en un psiquiátrico, o en un tanatorio…

El punto extremo fue llegando con el tiempo. El conflicto interior entre mis hábitos y mi conciencia se acentuaba. Y también con él la frustración, el sufrimiento, la ira…Un círculo vicioso del que ya no sabía cómo salir. Viéndolo con el tiempo y desde fuera puedo decir, con la mayor de las vergüenzas y el horror del mundo, que llegué ​en ocasiones a parecerme a ​uno de esos chavales que hoy veo en el programa “Hermano Mayor”. ​Un tirano indomable y soberbio. ​Con mis padres. Muy muy jóvenes entonces (rondarían los 37 años, ellos). Cruel. Descontrolado. No había forma de hacerme entrar en razón. La soberbia, que no deja de ser exceso de orgullo y falta de humildad, me cegaba. Y lo pagué.  En mi caso no me habría hecho falta ningún otro estímulo. Pero siempre quise jugar al límite. Y vivir como si fuera a morirme mañana.

​Y llegó. Llegó como un tsunami arrasa con todo. ​ ​Un hecho que supuso la​ destrucción ​total ​de mi mundo. A los 1​8​ años. Después de haber vivido todo y probado todo menos la heroína, el “listo” de la clase y del barrio, ​y ​que ya estaba ​mental, anímica y emocionalmente ​a la altura del betún y en pura decadencia, se quedó a ​UNA​ DÉCIMA, una puta y miserable décima de la nota de corte para entrar a periodismo. A​ lo que probablemente habría podido reengancharme  ​a ​mi verdadero yo​. Y recuperar al verdadero César. ​Un 6,66 saqué yo. Un 6,77 era la nota de corte. ​Dos veces. Dos selectividades. Misma nota. Como si el destino quisiera ​darme la mayor ​y más cruel lección de mi vida. Merecida. Ganada a pulso. Mi único y mayor enemigo había sido yo. Y lo peor es que yo lo sabía. Sólo tenía 19 años. El ​h​ostión fue tan brutal ​como caerse de un rascacielos. ​Y toda la ira y todo el odio y todo el miedo y toda la tristeza y toda la decepción y todo el dolor los proyecté contra el único culpable. YO. ​Y se me quitaron las ganas de vivir. Habría descansado si me hubiera muerto aquel año ​en que cumplí​ 19 años. Fue un infierno. Un infierno interior. Lleno de demonios. Y de sufrimiento. Y de culpa. En silencio. Callando​ todo​. Superado​​. ¡​​Cómo explicar todo aquello y a quién! Por dónde empezar​..​. Y no lo hice.​ Y me​ rayé. Con la culpa. La culpa. La culpa. ¡Cómo salir de ahí! Cómo romper con mis círculos de entonces sin sentirme mal por hacerlo. Sin sentir que “dejaba en la estacada” a personas a las que yo apreciaba y me sentía unido. Con las que había compartido mi adolescencia en las buenas y en las malas. Cómo volver atrás… Cómo arreglar aquello. El daño a mis padres. El daño a mí mismo. Mi sueño echado por la borda. Y un único culpable. Sufrimiento. Máximo. Sentí que ya nada merecía la pena. Mi cabeza entró en un bucle peligroso y en muchos momentos sentí que me estaba volviendo loco. Pero no como el loco que ya nací y que siempre seré. Bendita locura esa. Hablo de enfermedad. De enfermedad mental. ​Miedo. Terror. Mudo. Y en soledad. ​

 

Y por eso​ aquel DEMONIO​, mi demonio, se​ fijó tan a fuego. En lo más profundo de mi alma y de mi mente. En mi memoria emocional. Como cuando un niño estudia un idioma de muy pequeño. Éste se le fija de forma férrea. Y no se le olvida jamás. A mí me pasó lo mismo. M​i demonio. Nunca exteriorizado. Y volviendo de vez en cuando desde entonces. En cualquier palo de la vida, en cualquier ruptura de pareja, al quedarte en paro, al fallecer un familiar​… Siempre ahí. Reventándome a inseguridades y a miedos. Y tambaleando mi mundo interior. Sin poder controlarlo. Porque ese DEMONIO era más grande que yo. Porque aún era aquel el niño de 18 años el que luchaba contra él. Débil y perdido. Y no el César de cuarenta.

 

Las DROGAS Y YO nos rob​amos mi sueño de la niñez. Desde que hacía mini periódicos con 9 años y los llevaba al

Dictada sentencia

colegio para que los otros niños y niñas pudieran leerlos en la hora de lectura. Y les entrevistaba; y encuestaba gente por la calle…jajaja. ¡Madre mía! Si yo ya en aquel entonces era un loco de escribir, y de contar y de contar y de contar. Y me cargué todo aquello. Y lo que todo el mundo a mi alrededor, profesores y familia, veían y sabían que era mi destino. No escuché a nadie. Ni a mí mismo tampoco. Me cargué aquel sueño de ser periodista. Y probablemente el poder vivir de ello hoy en día. Por eso sigue siendo tan importante para mí.  Es cierto que no sería quien soy sin haber vivido aquella disrupción y haber vivido aquellas cosas, pero yo siempre digo que pagaría por volver a aquellos 14 años. Y elegir caminos distintos. Después de mucho trabajo y malos ratos recordando todo aquello con mi psicóloga y amiga; de sacarme la carrera universitaria; de publicar libros y de ejercer, he logrado, por fin, perdonarme. Dejar de castigarme por aquello. He logrado mi paz interior. Salir absuelto y libre por fin de mi propio juicio. Pero sobre todo he entendido que fue también aquel fracaso lo que me salvó. Mi demonio me salvó la vida.

 

La psic​ó​loga me preguntaba​ muchas veces que c​ómo​ logré salir de a​quel infierno interior​ sin ​contárselo a nadie, y sin ​ayuda familiar o pro​fesional​. Y yo le dije que ​sí que lo contaba. Que se lo contaba a las páginas en blanco de mi diario y a mis poemas. ​Quizás deseando que alguien los encontrara. Y que escuchara todos aquellos gritos de auxilio que yo no me atrevía a sacar de mi garganta. Las letras. Me sostuvieron.

 

​Ya han pasado más de 20 años desde aquello. Yo no juzgo ni juzgaré a nadie ni nada jamás. Yo lo hice y fue mi voluntad. Exclusiva. Y cada cual decide sobre su vida. Lo respeto. Pero este es un tema que a veces se banaliza o se normaliza. Demasiado. La vida es un bellísimo regalo que puede ser muy perra ya por sí misma. Estamos todas expuestas al fracaso, a la frustración, al desamor, a la enfermedad tuya o de los tuyos, al paro, a la muerte, al dolor… Pero no le eches más gasolina a un fuego. Ese es mi consejo. Y las drogas son precisamente gasolina de 98 octanos. Todas. Las químicas más todavía. Pan para hoy y hambre para mañana. Y precariedad. Precariedad mental. Aunque te ayude y te divierta o te alivie el peso de vivir en un momento puntual. Cuidado. Cuidado con eso.

Un abrazo enorme enorme y carpe diem, Oh Capitanas y Capitanes!!! Cuídense muchísimo. Hay que vivir 100 años. Se les quiere. 😉

 

PD- Todavía hoy tengo algún amigo que 22 años después aún es un adicto. Diamantes que no supieron cómo salir de ahí.  ​Aunque yo confío en ellos. Nunca es tarde. Todos los demonios se pueden vencer. Y estamos aquí. Nunca nos fuimos. Y nunca nos iremos. Yo no. Y lo sabes. Sólo tienes que querer. Tú eres un alma gemela. Desde muy pequeños. Tu otra versión. La que nos da mil vueltas a todos. Esta no. La de estos años no. La otra. La que llevas dentro. Yo la espero. Yo te espero. Amigo. ​​

POEMA INÉDITO: “PLANTO!!” – Gala Premios Angulas 2019 de “La Ría del Ocio”

Poema inédito. Se llama PLANTO!!

Tuve muchas dudas. Era un acto festivo. Pero creo que ya va siendo hora de aprovechar todos los espacios y altavoces para GRITARLO. Y para que los de mi género empecemos a posicionarnos en espacios públicos ALTO Y CLARO. Contra quienes, desde nuestro género, ejercen la lacra MACHISTA.

Escrito con rabia y con dolor. Una noche de insomnio del malo. Desde Atenas. La cuna de la democracia y de esta Europa con tanto por hacer y con la sombra del nuevo fascismo acechando… Escrito pensando en todo el horror y crueldad que a veces es capaz de inflingir un ser humano sobre otro ser humano. Y aborreciendo a vuestro enemigo y al que siento también el mío. EL MACHISMO. Y la violación infame y constante de los derechos y libertades de la MUJER por el mero hecho de serlo.

Escrito con dolor. Recitado con ídem. Son nuestras hermanas, hijas, madres, vecinas, nuestras compañeras de trabajo… Somos nosotras y nosotros. #todasbajoelmismosol #aprenderydesaprender #NiUnPasoAtrás
Gala Premios Angula 2019. Revista “La Ría del Ocio” . Sala BBK. Bilbao. Mayo 2019.

“PLANTO!!”

Contra este machista que escribe,
aun nacido en vientre de mujer.
Contra ese calaña cobarde,
escoria que un día será vencida.
Planto!!

Al que hace del hogar tu infierno
y al que si rechistas, te la ganas.
Al de en mi casa lo que diga yo
¡y te callas!
Y la cena puesta en la mesa
cuando yo lo ordeno y mando, ¡sólo faltaba!
Planto!!

Al de perdona cariño, esta hostia era la última.
Al de si es que yo no te las doy,
eres tú que te las ganas.
y al de enséñame ahora mismo
el teléfono y tus whatsapps.
Al de “ese escote tú no lo llevas”.
Y tú no sales sin mí. Y dónde vas con esa falda.
Planto!!

Al que en cuanto cruzas la puerta
te vuelve desconocida.
Al que no te asesina pero te deja vivir,
porque ya te tiene muerta en vida.
Al que del cariño hace pavor y de los besos saliva.
Planto!

Al que lo único que tiene en su cerebro
es pequeñez, complejo y desalma.
Al que te aplasta queriendo hacerte pequeña
porque se sabe minúsculo y te ve giganta.
Planto!

No estás sola, recuerda:
NO – ESTÁS – SOLA.

Hombre nací, más reniego del macho.
Ser humano antes que nada.
Si te matan a ti, yo también sangro.
Hermana…

ESCRIBIR: UNA EXTRAÑA FE A LA QUE AFERRARSE.

¡¡Madre mía!! Hoy haciendo limpieza en casa me he topado con una vieja carpeta que tengo desde pequeño. Guardada como un tesoro. Y en ella tengo guardadas cosas de hace 30 años. ¡¡Y el papel aguanta!! jajaja. La verdad es que me he reído. Y también me he emocionado. Y sorprendido. Como si todo lo que allí había fuera de alguien que no era yo. Tenía diez años cuando todo comenzó. Hoy tengo ya 40. ¡¡Buf, vuela la vida!! Así que hace tantos tantos años, y he escrito y escrito tantísimas cosas, que ya ni recordaba muchas de ellas… Y hoy me estoy dando cuenta de que jamás he dejado de producir. Escribir. Desde niño. Como una “extraña fe a la que aferrarse”. Como una enfermedad. Maníaca. E incurable. De las sanas.

Año 1989. Estaba en 5° de EGB. Aún no había cumplido yo 10 años. Y escribí aquellos primeros periódicos. Director, redactor, editor, ¡¡y hasta dibujante!! jajaja. Que yo no recordaba haber dibujado jamás. Me meo.  Me meo de risa leyéndome. Flipaba. Flipaba mucho.

Mis primeros periódicos

 

Después. Agosto de 1992. Último año del colegio antes del Insti. Con 14 años. Mi primera novela. 250 páginas escritas a pura mano. En hojas de cuaderno. Hasta que mis padres me regalaron aquella Olivetti electrónica. Aunque yo siempre preferí la agilidad de mi zurda y mis mil tachones. “Enganchados a la adolescencia” se llamó. Las aventuras apasionantes de todas aquellas primeras veces. Con mis Goonies laredanos. Amor, ilusión y ganas de vivir. Desbordantes. Y enganchados a todo eso. La más bella droga: vivir

Después. Con 16 años. Aquellos dos concursos de poesía. Y aquel, el primer premio de mi vida. En un mundo de adultos, un criajo idealista. Y acomplejado. Por sentir. Porque los hombres no sienten. Y aquel primer premio. Acompañado de mi madre Teresa Rollán . Hasta Arrigorriaga. Que no sabíamos ni cómo se llegaba. jajaja. “Ni se te ocurra contárselo a nadie, madre, por favor”. Complejos. Y miedo. La poesía es desnudar quién eres de verdad por dentro. Y yo no quería. Ni por asomos. 10.000 pesetas de las de entonces en metálico de manos del alcalde de Arrigorriaga. Un adolescente. Flipado. Como siempre.  Y seguido aquel otro premio. En mi pueblo. Barakaldo. Felicidad. Pero por dentro. “Lamentos de espantapájaro” se llamaba aquel poema ganador. No sé. Estaba contento pero jamás me lo creí. Mi mundo real de la calle era otro. Antagónico a las emociones y la sensibilidad. Así que hice pequeño a este yo. En lugar de alimentarlo.

Premios literarios.

 

Y después los años de frustración. De sentirme perdido. Decepcionado conmigo y con la vida. Y aquella segunda novela. 19 años. “Cruda y puta (vida)”,  se llamó. Era mi particular “Guardián entre el Centeno”. Mi historia. Mi tristeza. Mi dolor. Mi frustración. Mi insatisfacción y mi enfado. Con la existencia. Conmigo mismo. Mucho escrito. La primera y última página hablaba de un chaval que un día coge un tren y se va. Sin destino. Se va para no volver…Para sentirse libre. Y poder resetear. Vencer o morir. Y empezar de cero. Jamás la acabé. En el papel al menos. En mi cabeza y mis esquemas está completa. Y esa hoy tengo claro que algún día la escribiré. Creo que puede haber muchos chavales que podrán sentirse identificados con ella.

 

Y luego llegaron los dos libros de poesía publicados. Y salir del armario. Y los guiones de radio y documentales. Y las múltiples cartas de opinión a los periódicos…Y escribir me fue acompañando durante todos los años de mi vida. Trabajos, relaciones, momentos bonitos, momentos feos…”Como una extraña fe a la que aferrarse…”

Por eso hoy ya sé qué debo hacer. Que al final es lo que hice siempre. Desde que nací. Y ya he puesto rumbo fijo y decidido a darle a las letras lo que les debo. Que es casi hasta mi propia existencia. Y hasta que me den de comer o como si nunca jamás lo hacen, ya sé lo que he de hacer. Un trabajo con menos dinero que el de ahora. Pero más tiempo y más descanso mental. Ya no perderé jamás de vista lo IMPORTANTE. Mucho que decir. Mucho que escribir. Lo necesito. Como respirar. Ni un paso atrás!!

#7DIAS7POEMAS – Avance del libro que publicaré en 2019

Os presento este proyecto  #7dias7poemas  ya lanzado en redes sociales y que no pretende ser otra cosa que ser un avance de la nueva colección de poemas que publicaré en 2019. Será mi tercer trabajo. “De amor, vida e insurrección”.

DÍA 1. POEMA 1.  “GENTE QUE SE COME”. Con lo bello que es y lo poco que lo hacemos. Besarse. Besarte.

 

DÍA 2. POEMA 2. “GAUPASA”. Sobre exprimir cada segundo de una vida que pasa…Y que no regresa…

 

DÍA 3. POEMA 3. “ENMUDECIERON LAS CAMPANAS”. Homenaje al vecino de Azpeitia asesinado por ETA un mismo día como el de hoy, hace diez años. Se llamaba Inaxio Uria. Vergüenza.

 

DÍA 4. POEMA 4. “ARMISTICIO”. Porque el amor cuando llega viene a veces cargado con mil miedos…

 

DÍA 5. POEMA 5. “BANDERAS”. Sobre algo que en lugar de unirnos nos separa…Fuente de conflictos en lugar de serlo de fraternidad… Y tema sobre el que discrepar aun puede ser penalizado en este país nuestro…

 

 

DÍA 6. POEMA 6. “COMO DAVID FRENTE A GOLIAT” . En España 17.000 personas se quitaron la vida desde que comenzó una crisis que no fue una crisis. Sino una estafa. Es nuestra obligación NO olvidarlo. Jamás. Vergüenza.

 

 

DÍA 7. POEMA 7. “ODA DE AMOR A UN HUEVO FRITO”. Sobre enamorarse aunque te salte el aceite…

 

 

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