periodismo

LAS DROGAS, MIS SUEÑOS Y YO.

Mi madre, la persona a la que más admiro y valoro del mundo, por mujer y por madre,  no estaba muy de acuerdo en que hablara de esto de forma pública. Pero yo le dije que nadie debería vivir con miedo al juicio de nadie. De hecho, no existe juicio más tirano y ni del que seamos más esclavos que del que se realiza uno mismo. Yo lo hice. Yo ya me juzgué, me condené y me castigué muchas veces por esto que voy a contar. Pero hoy lo hago sin miedo. No hice daño a nadie. Salvo a mí mismo. Hoy me apetece contárselo al mundo. Y así lo elijo. Será la última vez que lo haga. Que hable de ello. Y después lo dejaré marchar. Para siempre.

 

Por eso hoy, por elección propia y por convicción quiero hablar de un tema tabú​ del que apenas hablamos públicamente​. ​Aunque esté a la orden del día y sea desgraciadamente más cotidiano, extendido y «anormalmente normalizado» de lo que debería. Estos días estoy muy revuelto. Para bien. Están pasando cosas preciosas y milagrosas en mi vida, relacionadas con el periodismo y con escribir. Pero cosas que debieran haber ocurrido hace 20 años. Y que no se dieron porque yo, mi peor enemigo, lo impedí. Pero hoy en día con 4o años ya estaba listo para hablar de ello. Siento además que es lo que tengo que hacer. Ante todos. Como si fuera un poema más en uno de uno mis libros. Eso es parte del proceso de liberación. Parte de quemar definitivamente este capítulo y despedirme de él. Taponar esta herida que tantas veces me sangró y me mermó. Invisible a ojos de todos pero real dentro de mí.

 

……………………………….

A veces los daños emocionales o psicológicos pueden ser tan profundos, (sobre todo los que acontecen en edades tan tempranas) que cuesta muchos años enfrentarlos y hablar de ellos.  Este se convirtió en MI DEMONIO. Y contarlo y compartirlo me sirve para seguir haciéndole pequeño.  Y quizás mi experiencia y mis errores puedan ayudar además a otros chavales y familias a escoger caminos distintos. ​Solo hay tres personas en la tierra que saben de esto de lo que voy a hablar con la crudeza con la que me voy a atrever a contarlo. Son mi psicóloga, mi madre y Elizabeth. ​Y todas los han sabido hace apenas escasos años. Después de haberlo trabajado yo. Hoy me apetece contárselo al mundo. Y así lo elijo. Será la última vez que lo haga. Que hable de ello. Y después lo dejaré marchar. Para siempre. Al final le debo las gracias. Mi DEMONIO me salvó. Me enseñó a luchar sólo. Y a sobrevivir.

 

De toda esta vivencia, además,​ es ​más duro habla​r​ porque causó dolor a mucha gente querida. A mi familia sobre todo. Me perdí muchas cosas. Algunas que ya no podré recuperar jamás. Como a mis difuntos abuelos de San Vicente, José y Josefa. Y a algunas que después me he esforzado en recuperar como a mi tío. (uno de los mayores regalos que tengo hoy en día) Causó sufrimiento y desconcierto a mucha gente. Además de a mí mismo.  LAS DROGA​S Y YO​.​

Hace poco conocí a un crack de Navarra, peregrino del Camino de Santiago  y que sin saberlo me dio una ​gran ​lección. Él fue valiente. Y cuando su vida se desmoronó, también muy joven, él sí supo pedir socorro y​ dejarse ayudar. Yo fui un cobarde. O un débil. O estaba demasiado asustado y desconcertado como para hacerlo. Y no supe o no pude pedir ayuda. Mal. Casi me lleva a la tumba. Literal. Tenía 18 años.  Y mi vida estaba en un punto de no retorno.

Existencialismo.

Lo que yo viví empezó con 14 años. Y fue un proceso que tuvo su triste culminación a los dieciocho. Fue la única vez en mi vida que quise que todo acabara. Que perdí las ganas de vivir. Padecí el resultado​ de cuatro años de ​puro y temerario ​descontrol. ​Al principio todo eran risas y diversión. Máximo. ​Subidones​ de vida. Pero artificiales. Felicidad química de postal. Plenitud de mentira.​ ​Lo peor es que a mí nunca me hizo falta. ​Con 14 años, cuando todo empezó, ​yo ya era química pura, energía y vitalidad ​sin necesidad de ayudarme con añadidos​. Hiperactivo dirían hoy. Sin duda. Lo soy. Desde siempre. Y mi caso no era el de ninguna familia desestructurada ni el de un chaval conflictivo ni nada de nada. Al revés. Jugaba ​en el equipo de ​fútbol, sacaba buenas notas, tenía éxito social y escribía y escribía y escribía. Ganaba algún concurso literario, tenía amigos de toda la vida, éxito con los amores, entusiasmo vital… Y además lo tenía muy claro. Tenía una ​clara ​meta y motivación en la vida: ser periodista. Y tenía optimismo.​ Desbordante. ¡Si yo ya era un redomado idealista cuando no sabía ni lo que era el idealismo! jajaja. Y ​tenía ​sueños​. ​14 preciosos años. ¡¡Cómo no tener sueños!!  ​​​ Siempre fui un ​chaval​ sensible​ al que no le gustaba serlo; ​un chaval que escribía poesías de amor ​pero siempre más cómodo tras ​su rol​ ​de​ ​trasto inquieto en clase y su apariencia ​de ​‘echao palante​’​. (Manuel Carrasco escribe en una de sus canciones «mis miedos me encontraron, mucho antes de encontrarme yo primero…») Así que supongo (no lo sé) que estar​ tan seguro de mis capacidades ​hizo que me creciera. Y por ahí, y por ser tan vehemente y entusiasta (intenso diríamos hoy), empezaron mi querer probarlo todo y mi ansiar vivirlo todo​. ​Como si fuera a morirme mañana. Como si no existiera un mañana. Existencialismo elevado a la enésima potencia. Y me pasé de frenada. ​

​E​n pocos años fui perdiendo, sin darme cuenta, toda mi energía vital. La ilusión. La motivación. Las ganas. Las ganas de todo. ​Dejé de creer en todo lo que creía. En el futuro. En mis posibilidades. Dejé de creer en mí. ​Convirtiéndome en alguien lejano a ​César Fernández​. ​No fue de un día para otro. Las drogas fueron acentuando ese hastío vital con el tiempo. Lentamente. Como parte de un proceso. Los psiquiatras, los psicólogos y la gente que hemos vivido, reflexionado y disertado sobre este tipo de cuestiones, solemos estar de acuerdo en que las drogas tan sólo acentúan algo que tú ya tienes dentro. Que ya está ahí. En unos potenciará sus virtudes (aunque sea de forma puntual, artificial y un pan para hoy y hambre para mañana) y en otros las desgastará. En mi caso estaba claro lo que estaba ocurriendo. ​Merma. De un potencial precioso. De una mente creativa, pasional y sana.

Aquello comenzó a los 14 años. Cuando salí del colegio y llegué al instituto. Al mundo de los mayores. En el que yo siempre me había movido con comodidad. Y duró hasta los 18 años. Hasta que me di cuenta de que yo, ya no era yo. Progresivamente la droga me había ido cambiando y mermando. Mi hiperactividad; mi afán por vivirlo todo y experimentarlo todo; y mi ansia por vivir como si me fuera a morir al día siguiente me fueron acercando poco a poco a nuevos ambientes, nueva gente. Y a las DROGAS. Nadie me influyó. Fui yo sólo. No solo las consumía sino que las defendía como un derecho y una libertad de elección. Al principio con el hachís sin esconderme ante mis padres. Al revés. Yo lo contaba en casa y escribía cartas al director de El Correo defendiendo la legalización.  Para mí era un ejercicio de libre albedrío desde la responsabilidad y apelando a mi madurez y a mi inteligencia. «Yo sabía lo que hacía. Y era mi derecho». ​¡Dios mío! Mis pobres padres… No me llegará toda una vida para compensarles el sufrimiento de aquellos años. Tiene que ser durísimo asistir impotentes a ​ver ​cómo un hijo​ se autoinmola y​ tira por la borda ​todas ​sus posibilidades. Su futuro. ​Ver que el niño​ a quien has criado en unos valores y a quien le has puesto a su disposición, con esfuerzo y sacrificio, todas las oportunidades del mundo, desperdicia todo eso.  Y ver cómo se transforma en un desconocido. En una persona que no es él. En otra persona. Tiene que ser muy duro. Asistir  a algo así.​​ Aunque ​mi madre ​ya no se acuerde o no se quiera acordar. Y aunque me diga que no​ fue para tanto. Yo lo sé. Y a mí no se le olvida.

​Porque yo además lo reivindicaba. ​ Mi derecho, mi derecho, mi derecho. Yo, yo, y yo. Y sino os gusta me echáis de casa. Chantaje. Puro chantaje emocional. Así de cabrón y de ciego pueden hacerte ese cóctel de soberbia, frustración y drogas. ​Hasta que llegó​. Llegó​ el batacazo final.​ El que a la postre me mató pero que me estaba a la vez salvando la vida. Salvándome de haber acabado (quién lo sabe) como un alma en pena marginal de esas que vemos por las calles, o en un psiquiátrico, o en un tanatorio…

El punto extremo fue llegando con el tiempo. El conflicto interior entre mis hábitos y mi conciencia se acentuaba. Y también con él la frustración, el sufrimiento, la ira…Un círculo vicioso del que ya no sabía cómo salir. Viéndolo con el tiempo y desde fuera puedo decir, con la mayor de las vergüenzas y el horror del mundo, que llegué ​en ocasiones a parecerme a ​uno de esos chavales que hoy veo en el programa “Hermano Mayor”. ​Un tirano indomable y soberbio. ​Con mis padres. Muy muy jóvenes entonces (rondarían los 37 años, ellos). Cruel. Descontrolado. No había forma de hacerme entrar en razón. La soberbia, que no deja de ser exceso de orgullo y falta de humildad, me cegaba. Y lo pagué.  En mi caso no me habría hecho falta ningún otro estímulo. Pero siempre quise jugar al límite. Y vivir como si fuera a morirme mañana.

​Y llegó. Llegó como un tsunami arrasa con todo. ​ ​Un hecho que supuso la​ destrucción ​total ​de mi mundo. A los 1​8​ años. Después de haber vivido todo y probado todo menos la heroína, el «listo» de la clase y del barrio, ​y ​que ya estaba ​mental, anímica y emocionalmente ​a la altura del betún y en pura decadencia, se quedó a ​UNA​ DÉCIMA, una puta y miserable décima de la nota de corte para entrar a periodismo. A​ lo que probablemente habría podido reengancharme  ​a ​mi verdadero yo​. Y recuperar al verdadero César. ​Un 6,66 saqué yo. Un 6,77 era la nota de corte. ​Dos veces. Dos selectividades. Misma nota. Como si el destino quisiera ​darme la mayor ​y más cruel lección de mi vida. Merecida. Ganada a pulso. Mi único y mayor enemigo había sido yo. Y lo peor es que yo lo sabía. Sólo tenía 19 años. El ​h​ostión fue tan brutal ​como caerse de un rascacielos. ​Y toda la ira y todo el odio y todo el miedo y toda la tristeza y toda la decepción y todo el dolor los proyecté contra el único culpable. YO. ​Y se me quitaron las ganas de vivir. Habría descansado si me hubiera muerto aquel año ​en que cumplí​ 19 años. Fue un infierno. Un infierno interior. Lleno de demonios. Y de sufrimiento. Y de culpa. En silencio. Callando​ todo​. Superado​​. ¡​​Cómo explicar todo aquello y a quién! Por dónde empezar​..​. Y no lo hice.​ Y me​ rayé. Con la culpa. La culpa. La culpa. ¡Cómo salir de ahí! Cómo romper con mis círculos de entonces sin sentirme mal por hacerlo. Sin sentir que «dejaba en la estacada» a personas a las que yo apreciaba y me sentía unido. Con las que había compartido mi adolescencia en las buenas y en las malas. Cómo volver atrás… Cómo arreglar aquello. El daño a mis padres. El daño a mí mismo. Mi sueño echado por la borda. Y un único culpable. Sufrimiento. Máximo. Sentí que ya nada merecía la pena. Mi cabeza entró en un bucle peligroso y en muchos momentos sentí que me estaba volviendo loco. Pero no como el loco que ya nací y que siempre seré. Bendita locura esa. Hablo de enfermedad. De enfermedad mental. ​Miedo. Terror. Mudo. Y en soledad. ​

 

Y por eso​ aquel DEMONIO​, mi demonio, se​ fijó tan a fuego. En lo más profundo de mi alma y de mi mente. En mi memoria emocional. Como cuando un niño estudia un idioma de muy pequeño. Éste se le fija de forma férrea. Y no se le olvida jamás. A mí me pasó lo mismo. M​i demonio. Nunca exteriorizado. Y volviendo de vez en cuando desde entonces. En cualquier palo de la vida, en cualquier ruptura de pareja, al quedarte en paro, al fallecer un familiar​… Siempre ahí. Reventándome a inseguridades y a miedos. Y tambaleando mi mundo interior. Sin poder controlarlo. Porque ese DEMONIO era más grande que yo. Porque aún era aquel el niño de 18 años el que luchaba contra él. Débil y perdido. Y no el César de cuarenta.

 

Las DROGAS Y YO nos rob​amos mi sueño de la niñez. Desde que hacía mini periódicos con 9 años y los llevaba al

Dictada sentencia

colegio para que los otros niños y niñas pudieran leerlos en la hora de lectura. Y les entrevistaba; y encuestaba gente por la calle…jajaja. ¡Madre mía! Si yo ya en aquel entonces era un loco de escribir, y de contar y de contar y de contar. Y me cargué todo aquello. Y lo que todo el mundo a mi alrededor, profesores y familia, veían y sabían que era mi destino. No escuché a nadie. Ni a mí mismo tampoco. Me cargué aquel sueño de ser periodista. Y probablemente el poder vivir de ello hoy en día. Por eso sigue siendo tan importante para mí.  Es cierto que no sería quien soy sin haber vivido aquella disrupción y haber vivido aquellas cosas, pero yo siempre digo que pagaría por volver a aquellos 14 años. Y elegir caminos distintos. Después de mucho trabajo y malos ratos recordando todo aquello con mi psicóloga y amiga; de sacarme la carrera universitaria; de publicar libros y de ejercer, he logrado, por fin, perdonarme. Dejar de castigarme por aquello. He logrado mi paz interior. Salir absuelto y libre por fin de mi propio juicio. Pero sobre todo he entendido que fue también aquel fracaso lo que me salvó. Mi demonio me salvó la vida.

 

La psic​ó​loga me preguntaba​ muchas veces que c​ómo​ logré salir de a​quel infierno interior​ sin ​contárselo a nadie, y sin ​ayuda familiar o pro​fesional​. Y yo le dije que ​sí que lo contaba. Que se lo contaba a las páginas en blanco de mi diario y a mis poemas. ​Quizás deseando que alguien los encontrara. Y que escuchara todos aquellos gritos de auxilio que yo no me atrevía a sacar de mi garganta. Las letras. Me sostuvieron.

 

​Ya han pasado más de 20 años desde aquello. Yo no juzgo ni juzgaré a nadie ni nada jamás. Yo lo hice y fue mi voluntad. Exclusiva. Y cada cual decide sobre su vida. Lo respeto. Pero este es un tema que a veces se banaliza o se normaliza. Demasiado. La vida es un bellísimo regalo que puede ser muy perra ya por sí misma. Estamos todas expuestas al fracaso, a la frustración, al desamor, a la enfermedad tuya o de los tuyos, al paro, a la muerte, al dolor… Pero no le eches más gasolina a un fuego. Ese es mi consejo. Y las drogas son precisamente gasolina de 98 octanos. Todas. Las químicas más todavía. Pan para hoy y hambre para mañana. Y precariedad. Precariedad mental. Aunque te ayude y te divierta o te alivie el peso de vivir en un momento puntual. Cuidado. Cuidado con eso.

Un abrazo enorme enorme y carpe diem, Oh Capitanas y Capitanes!!! Cuídense muchísimo. Hay que vivir 100 años. Se les quiere. 😉

 

PD- Todavía hoy tengo algún amigo que 22 años después aún es un adicto. Diamantes que no supieron cómo salir de ahí.  ​Aunque yo confío en ellos. Nunca es tarde. Todos los demonios se pueden vencer. Y estamos aquí. Nunca nos fuimos. Y nunca nos iremos. Yo no. Y lo sabes. Sólo tienes que querer. Tú eres un alma gemela. Desde muy pequeños. Tu otra versión. La que nos da mil vueltas a todos. Esta no. La de estos años no. La otra. La que llevas dentro. Yo la espero. Yo te espero. Amigo. ​​

DIARIO DE UN BECARIO TREINTAÑERO EN EL CORREO

Dicen que en la vida se aprende a base de hostias. Y  yo me llevé las primeras directas al mentón nada más empezar en EL CORREO. En el periódico referencia de Euskadi. El más vendido. 103 años de historia y una redacción con los cristales blindados y detector de meta-

Sin mordazas

les en la entrada. Simplemente porque eligió no renunciar a su legítimo derecho a la libertad de pensamiento y de expresión en tiempos en los que los atentados, los asesinatos y los secuestros eran nuestro podrido pan de cada día. Hablar de todo esto puede parecer ciencia ficción. O literatura. Ojalá. Desgraciadamente no es así. Todo esto no aconteció hace un siglo sino antes de ayer. De justicia es no olvidarlo. Ni ahora ni nunca. Una cabecera que yo personalmente, como lector, como ciudadano vasco y como periodista en ciernes, ya admiraba en aspectos como ese. Al diario y a quienes en él ejercían. Sin peloteos de postal. Ya no hacen falta. Pero le echaron un par de ovarios y de huevos cuando tocó. Al César lo que es del César. Dicho lo cual, e independientemente de todo esto, a lo que iba. Que EL CORREO es también el medio de comunicación donde yo he aprendido este verano a base de hostias. (que lo cortés no quita lo valiente).

Lo cierto es que uno no llegaba en el mejor momento personal a esta su primerísima incursión en la redacción de un periódico.  Así que, sobre todo los primeros días, tuve que tragarme el caos que reinaba en mi vida, mi mudanza, mi búsqueda de algún sitio en el que caerme muerto y el proceso (muy jodido) de ruptura con mi pareja y mi pasado, y tirar millas. Poniéndole al mal tiempo buena cara. O al menos la mejor posible.  Hoy, a toro pasado, puedo decir que hubo un momento en que no me vi lo suficientemente centrado como para a estar a la altura del reto.  De hecho, (y esto lo saben el cuello de mi camisa y yo) tuve redactado mi correo de renuncia al puesto. Con su asunto, sus destinatarios y con todos sus sacramentos. A un tris de cruzar ese punto de no retorno que habría supuesto pulsar la tecla “enviar”. A punto de firmar mi rendición. Total…  Un solo “click” y cada uno por su lado. Mi asignatura de cuarto estaba de sobra convalidada con mis meses en la radio. Sin necesidad de comerme todo este verano “becaril”. Pero no.  Incluso renunciando esos tres meses al ingreso del Inem con el que uno paga la hipoteca y las facturas. A nuestro querido Wert se le cruzó el cable y lo declaró incompatible con el contrato de estudiante en prácticas. Una soberana jodienda. Pero esto era lo que yo llevaba soñando desde que era un crío.  Así que cerré el portátil, allí en mi  hogar provisional de Laredo, lleno de cajas de cartón y de soledad reciente, y decidí no perder la oportunidad. Morir si hace falta, pero morir matando. Dando el callo. Porque no me habría perdonado esa espantada ni en veinte vidas.

Con humor…

En mi caso no fue fácil ponerse el buzo de becario, lo reconozco. Para bien o para mal yo no soy el prototipo de yogurín universitario de veinte años recién caído del guindo (o aún sin caer) y a mis treinta y cinco tacos hubo adaptaciones que no fueron fáciles. El mayor de los retos fue realizar un tipo de tareas diarias estáticas y muy alejadas de lo que podíamos presuponer antes de comenzar. Algo que yo no había vivido en mis quince años de vida laboral. Porque uno espera y desea que le saquen chispas al amigo becario mandándole a cubrir ruedas de prensa, eventos, sucesos y todo tipo de marrones callejeros. Aunque fueran de madrugada. Periodismo en la rue. Y escribir unas líneas.  Aunque fuera con cuentagotas y aunque luego no nos dejaran firmar ni el ticket de la Visa. Pero algo de acción, ya me entienden. Periodismo de realidad y de aceras.

Pero no. O al menos en mi caso. Porque yo caí, por suerte o por desgracia (nunca se sabe) y sin querer minusvalorarla en absoluto,  en la sección de OPINIÓN. La más antagónica a todo eso que yo (y supongo que mis compañeros becarios en general) había imaginado. El núcleo duro de un periódico, sí. Los artículos de las firmas más relevantes. Las viñetas de los humoristas gráficos con más solera. La voz soberana de los lectores en las cartas al director. Y los editoriales, sí. La voz en primera persona del periódico sobre los temas de mayor trascendencia social. La opinión de la cabecera más vendida en Euskadi.  Pero también, por otra parte, la sección en la que los redactores no escriben apenas una línea de producción propia. (excepto esos personajes del día en primer plano o “caretos” a los que tanto cariño cogí por permitirme el disfrute de escribir aunque fuera en versión haiku)

Entrañables ‘caretos’

Opinión. La sección en la que ni se hacen entrevistas, ni se acude a cubrir ninguna rueda de prensa. Periodismo de maquetación y de corrección de ortografía y estilo. Un trabajo necesario e importantísimo, pero jornada completa de puro periodismo de silla y pantalla. De culo pegado a la oficina. Una hostia directa al mentón de las que a gente como yo, (apoquine cada cual con sus defectos) le dejan noqueado. Acostumbrado en mi vida laboral y personal al cuerpo a cuerpo, al meollo, al aire y a las aceras. Con lo bueno y con lo malo. Pero calle. Acción.

Y aunque mi nervio ha sufrido por momento cual bellaco, al final la experiencia ha supuesto un máster express en las materias más jodidas y provechosas para mí. Paciencia y quietud. Paciencia y quietud. Paciencia y quietud.  Sólo cabía encajar con gallardía o tirar la toalla. Os juro que las primeras semanas me las pasé de verdad, pensando si aquello había sido un premio o un castigo.  Ahora lo agradezco. Ha sido una lección impagable. En muchos sentidos.

Quienes nos metemos en este  lío, somos plenamente conscientes de lo reventado que está el gremio. Aquí no abunda ni el trabajo ni la pasta.  Y aun así continuamos en esto. Ni porque nos vaya el rollo sado, ni porque seamos unos ilusos, ni porque se nos haya ido la pinza. O quizás sí. Y ese algo irracional que seguimos llamado vocación no sea sino una mezcla de todo lo anterior.

Así que apoquinando que es gerundio. Y como la montaña no iba a Mahoma, Mahoma fue a la montaña. Y como un servidor es un tipo

Periodismo con función social 😉

obediente, recordé cierta frase de las entrevistas de trabajo, y decidí echarle algo de jeta, (fundamental en este tinglado, como en la vida ) y a buscarme las habas intentado colar unas líneas en el digital para equilibrar mi balanza mental y para que las comas, las mayúsculas y las tildes no acabaran con mi nervio y mi autoestima. Al fin y al cabo eso es con lo que uno se siente más vivo. Mejor o peor. Pero escribiendo.

Y así fueron pasando los días: unos pocos artículos para ocio o para sociedad sobre temas variopintos, un reportaje de producción propia… Y mis tareas encomendadas en opinión.  Hasta que el 31 de Agosto del verano más diferente e intenso de mi vida, se presentó sin avisar. Justo cuando estaba empezando a saborearlo… Y casi hasta a acostumbrarme a los callos en las nalgas. Casi. He dicho casi…  😉  Con todo y con ello, benditas hostias periodísticas veraniegas. ¡Todo lo que me han enseñado!

 

PD1 – Me parece recordar a algún redactor veterano comentar en una comida que le daba la sensación de que las nuevas generaciones les

Daily Planet

mirábamos con pena o condescendencia. Como si fueran dinosaurios a punto de extinguirse. Yo debo ser un ingenuo. Porque yo os veía más bien como una especie de super héroes. (alguna fijación infantil). Todos esos Clark Kent o Lois Lane que uno siempre soñaba llegar a ser.  Idealizaba el periodismo y a los periodistas. Ahora, después de vista la cocina por dentro, ya no os idealizo. Ahora directamente os admiro. Por vuestra labor, vuestra dedicación y vuestros horarios,  soy consciente de lo mucho que sacrificáis de familia, amigos y de vida personal.  Se llama compromiso.  Me quito el sombrero.

PD 2- La mejor lección, la master class que ha supuesto escuchar y aprender de gente como la que he tenido alrededor.  Gente con el culo pelado en este gremio  y de quienes lo mejor que puedes hacer es tomar nota y aprender. Y que capearon con mucha mano izquierda las cagadas de principiante. Gracias por la acogida y la comprensión.

PD3 – Esta ya es otra historia…Y otro debate… Pero no sé lo qué diría el gran Kapuscinski  sobre la deriva del periodismo actual. Con tanta tecnología restando tiempo a los redactores del contacto con la calle; con las miradas; con los gestos; con la realidad…

Mi producción en estos tres meses en EL CORREO

Aún estoy sentado frente al ordenador de esta sección de OPINIÓN de EL CORREO en la que he estado estos tres últimos meses y en la que apuro mis últimos minutos, antes de volver a la realidad.

Una experiencia intensa de mucho aprendizaje en lo profesional y en lo personal y un despedida agridulce.  Duro. Pero productivo.

Comedor social

Además de redactar muchos textos de los personajes «EN PRIMER PLANO» dentro de la sección de opinión (los ‘caretos’ que llamamos aquí) y de mi labor diaria con el culo pegado a la silla y las arduas y tediosas correciones de los artículos y las cartas al director, esta ha sido mi producción periodística en estos meses.  Siempre intentando hacerlo lo mejor que uno sabe e invirtiendo el tiempo en intentar ‘sumar’ algo en este paso por aquí.

Además de dos o tres artículos que les he dejado preparados y que saldrán ‘a título póstumo’ publicados en Septiembre , estos son los que he redactado.

PD- Una lección que no por no sabida, ha dejado de sorprenderme. Puedes currarte el mejor y más interesante artículo del mundo, con horas de documentación, entrevistas en la calle, etc… Que te leen cuatro gatos… Y un día redactas en quince minutos un «Cómo ligar en fiestas» y más de 20.000 personas lo visitan en un sólo día.  No comment. Estamos fatal…jajaja (reir por no llorar)  Un colega dice que simplemente es «dar en la tecla». Yo opino

Ligar en fiestas

que semos así.  This is Spain.

 

– RUTA BICI BARDENAS REALES:  http://www.elcorreo.com/vizcaya/ocio/201307/05/ruta-bici-bardenas.html

– ¿COMPARTIRÍAS HOTEL CON UN DESCONOCIDO?: http://www.elcorreo.com/vizcaya/ocio/201307/03/compartir-habitacion-hotel.html

– LA SOLIDARIDAD QUE NO SE VE: http://www.elcorreo.com/vizcaya/20130812/local/cuando-focos-apagan-solidaridad-201308081741.html

– DIEZ BEBIDAS MÁS REFRESCANTES CONTRA EL CALOR:  http://www.elcorreo.com/vizcaya/ocio/201307/28/diez-bebidas-refrescantes-contra-calor.html

– SEIS TÉCNICAS PARA LIGAR EN FIESTAS:  http://www.elcorreo.com/vizcaya/20130823/mas-actualidad/sociedad/seis-tecnicas-para-ligar-201308221239.html

 

 

 

 

PREGUNTITA CON «MIGA» Y «TRAMPA» DE ESTAS QUE HACEN EN LA UNI…

¿Qué es la CULTURA? Buffff….Qué pereza ponerme a pensar…Con lo abstracto que es el término… Pero la verdad es que contesté…Porque cada día lo tengo MÁS CLARO… Es un medio; una herramienta; un ARMA para SER MÁS FUERTES.  Y por tanto para poder DEFENDERNOS y PARA RESISTIR… Casi ná…Me explico…

 

«Yo entiendo la cultura como todo aquello que te aporta CRITERIO. Como herramienta de CRECIMIENTO Y EVOLUCIÓN PERSONAL y ESPIRITUAL pero a la vez LEGÍTIMA DEFENSA ante el exterior. Como CIMIENTO. Como YELMO Y A LA VEZ ESPADA que nos proteja y nos permita defendernos de todos los intentos de manipulación y  de «agresión» a nuestra inteligencia que nos llegarán de este medio llamado sociedad moderna. Música, cine, pintura, danza, teatro, poesía y literatura, por supuesto; viajar (conocimiento de otras costumbres, sociedades, religiones) ….Todo lo que aporta conocimiento del propio ser humano al propio ser humano… Y aporta CONCIENCIA… Despierta CONCIENCIAS…

Por ejemplo… Hace poco he comenzado un programa de radio modesto y de novato, «NIDEBAJO DELAGUA- Radio Tular» pero que entiende y es muy consciente (como su «padre») de lo importantísimo de la cultura como formador de personas y de seres humanos con criterio y sensibilidad. Con humanidad… E incluyo por ello en él, música, entrevistas a viajeros (con mochila), poesía… CULTURA PARA DEFENDERNOS. CULTURA PARA GANAR LA GUERRA…Suelo decir… Ganar la guerra a la ignorancia y a este estado de «pasividad» o de «setismo» como sujetos parte de una sociedad y un mundo en el que no debemos mirar hacia otro lado… O así nos irá como sociedad, como mundo y como especie…A los hechos me remito…

SALUDOS A TOD@S Y MUY BUEN INICIO DE CUATRIMESTRE!!! gran sonrisa »

 

¿PERIODISMO ACTUAL? POR ESTOS DERROTEROS: BAZOFIA PURA

Si el MAESTRO de periodistas tal y como dijera de él Gabriel García Márquez levantara la cabeza… Y no hace tanto que falleció, pero es que esto va de mal en peor…El periodismo roza límites demenciales…Muy alejado de la noble y util profesión que él defendió. Os dejo un artículo que acabo de escribir para un trabajo para la carrera.

Si la profesión sigue por estos derroteros; bazofia pura…


AUTOR, VIDA Y OBRA

Ryszard Kapuscinski nació en Bielorrusia en 1932 y murió en Varsovia, en 2007.  Estudió historia pero después se dedicó al periodismo colaborando en Time, The New York Times

Fue designado por la Agencia de Prensa Polaca como su único corresponsal en el extranjero y fue maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez.  Es conocido por sus reportajes en África en las décadas de los 60 y 70, cuando presenció el fin de los imperios coloniales europeos en aquel continente.

Obtuvo galardones como el Premio Príncipe de Asturias, 2003 y fue  Doctor Honoris Causa por varias universidades.

Destaca su obra  Los cínicos no sirven para este oficio: sobre el buen periodismo. (2008). Editorial Anagrama

…………………

.

NOTICIAS DE MARCA BLANCA Y FAST FOOD PERIODÍSTICO


Ryszard Kapuscinski, promulgó y defendió en todas sus conferencias los

Kapuscinski

Kapuscinski

valores más profundos y más nobles de esta profesión. Valores hoy en desuso dado que, tal y como indica el texto analizado, priman en la actualidad por encima de todos ellos la velocidad, la primicia y la exclusiva. Prima la prisa; prima la competencia; prima la rentabilidad del grupo empresarial. Por encima de lo que él entendía como el verdadero sentido y función de la doctrina periodística y que yo comparto plenamente. No entendía poder ejercer el periodismo, sin una «intención»; para él, era fundamental el deseo de cambiar algo, de conseguir modificar el estado de cosas con la narración de los hechos. Y ponía como ejemplos a Gabriel García Márquez o Ernest Hemingway.

Los derroteros por los que discurre la profesión en estos tiempos, en cambio, y al igual que en el ejemplo que expone respecto al caso de Ruanda, son otros muy diferentes. La mentalidad reinante en el gremio está llevando a una superficialidad y una deshumanización de la profesión que se aleja de aquellos ideales y conceptos sobre los que el polifacético historiador y escritor polaco, entendió que debía fundamentarse el buen ejercicio periodístico. El buen periodista.

Hoy todos los medios están masivamente y al mismo tiempo en la Guerra de Libia, cuando estalla, o en el volcán de la isla de El Hierro cuando erupciona, o en el juicio de Marta del Castillo en Sevilla cuando los acusados acuden a

Uno de sus libros

Uno de sus libros

declarar. Se busca el suceso, lo inmediato, la noticia que sale a la superficie a ojos de todos, sin medida, sin perspectiva y sin otorgarle la mesura y proporcionalidad debidas. A ciegas. Corriendo. Sin apenas valoraciones y reflexión. Los medios son una especie de restaurantes fast food de la noticia. Un basto buffet libre con muchas opciones pero que sirve comida de baja calidad; noticias de baja calidad. Que emplata “fastnews” a velocidad de vértigo pero sin profundizar; sin ser elaborados a partir de materias primas e ingredientes escogidos y tratados adecuadamente; noticias de marca blanca.

Las enseñanzas que nos dejó y que blandió Ryszard Kapuscinski, en contra de este concepto hablaban de otra cosa. Hablaban de buscar la noticia que subyace, las sensaciones más escondidas, hablaban de la investigación y de la indagación, de la curiosidad para obtener contenidos más allá de lo que se ve, más allá de lo que flota en la superficie; hablaba del periodismo de buzo que saca a flote los tesoros escondidos en el fondo del mar. El de la “imponderabilia” (concepto acuñado por él mismo); el que “huele” y anticipa la noticia en el ambiente, en el contexto más subyacente. Y que luego la pone en conocimiento y comparte con el resto de seres humanos. Para cambiar la realidad, mejorarla o evitarla. O para que evolucionemos; o para que aprendamos; o para conmovernos…Con una intencionalidad, sea la que sea. Con un sentido.

Hablaba del periodista que adivina el futuro, en lugar de correr tras él…

Categorias