EUSKADI

NOSOTRAS TAMBIÉN FUIMOS SIRIA. MEMORIA DE PEZ.

Compartir es vivir. Estos días se hace 82 años que los aviones nazis, a las órdenes de Franco,  bombardearon Gernika. Y  hace también tres años que un cliente y amigo me encargó que le hiciera un libro de «Historia de vida» a su ama. Para preservar esos recuerdos y esa memoria. Y que jamás la muerte o alguna enfermedad como el alzheimer pudieran llevárselos consigo.

Miren. Octogenaria. Euskaldun. Nacida en un pueblo muy pequeño cerca de Markina. Y que recuerda, a pesar de ser solo una niña de 4 años, cómo caían las bombas a su alrededor. Arrasando todo. «Apuntaban a las personas, no a los edificios», me dijo.  Y acto seguido mientras miraba en la pantalla de su TV unas imágenes del telediario, prosiguió: «Yo también, César. Yo también fui una niña Siria«, me dijo. Al principio no lo entendí. Pero jamás me imaginé todo lo que se desencadenaría después de escuchar todo aquello.

Porque fui casi yo quien tenía que haber pagado por aquel trabajo en lugar de cobrar por él. Escuchar aquella historia provocó una revolución interior en mí. Y tuve claro que había que hacer algo más con aquello. Contarle al mundo aquella historia. Y cruzarla con la actualidad. Y aquello me llevó hasta el pintor sirio Abdul Khader. Otra persona mayor. Universitario (cursó varios años en la Universidad de Deusto) y viviendo desde muy joven en España. En Siria le llamaban «el español». Casado con una bilbaina y abuelo de dos niñas preciosas nacidas aquí. Y que por «accidente» se vio atrapado con todas ellas en el infierno de la guerra en Alepo. Tres años encerrado en su casa entre fuego cruzado y asediado sin poder apenas salir, comer…Siria. Un país de paz, cultura y respeto a todas las religiones hasta que la guerra lo devastó. Generando un éxodo de millones de personas. Familias enteras. Huyendo.

Cuadro Gernika de Pablo Picasso. Museo Reina Sofía. Madrid.

Y después el puzzle siguió. Y rascando me encontré a cuatro chavales socorristas de la playa de Zarautz que lo dejaron todo para irse a rescatar personas ahogándose en el mar de Grecia. Si algún día soy padre. Yo les hablaré de esos chavales. De esos chavales. Y de su ejemplo y referencia.  Todos ellos salen en estos 5 minutos de documental. Hace ya 3 años que les entrevisté y grabé. Y no me he olvidado. Ni me voy a olvidar jamás. Yo tan sólo me disponía a entrevistar a una amama (abuela) para hacerle un libro con su Historia De Vida y el destino quiso que tuviera el inmenso regalo y privilegio de encontrarme con una historia y una frase que me abrió otros mundos y otras realidades que yo solo veía, distorsionadas, en las noticias: «yo también fui una niña siria, César».  Una historia que jamás me cansaré de difundir. Y difundir. Y difundir. Por eso grabamos este proyecto. Es mi deber. Es nuestro deber. Por si algún día nos lo borra nuestra cómoda memoria de PEZ.

Pablo Picasso en su famoso cuadro, o Koldo Serra en su film «Gernika» con María Valverde y un alterego del periodista George Steer, tratan de hacer lo mismo. Os recomiendo la película. Localizaciones en Bilbao e imágenes brutales de San Juan de Gaztelugatxe (conocido más aún por Juego de Tronos) Dura. Pero estrictamente necesaria. Tratan de NO OLVIDAR. Y de dejar ese mismo sentimiento en jóvenes, niños, adultos y familias. Todos ellos, desconocidos entre sí, pero unidos sin saberlo, sólo me hablaron de la misma cosa: todas somos Siria. Todos #FuimosSiria 

Comparte este link si lo sientes también así. Y si lo sientes un deber. Abrazo infinito. Inch Alah.

GRACIAS INFINITAS A LA PRODUCTORA BITART DE BILBAO. Que cedió su tiempo, sus equipos y su personal de forma altruista para la elaboración de este documental. Calidad técnica y humana al servicio de cualquier cosa que necesitéis.

VOLVER…

Han sido diez años de «silencio literario». Centrado en acabar la carrera, oposiciones y en reconstruir mi vida laboral y personal. Y tenía claro que una vez pasado todo esto, mi prioridad y necesidad era VOLVER. Reunir los poemas escritos a lo largo de estos años y preparar un tercer libro. «De amor, desamor y revolución».

Y por supuesto rematar la novela ya avanzada. «El salón de los pasos perdidos». Mi reto pendiente. Como me han enseñado estos años. Sin prisa pero sin pausa. Ir despacio para ir lejos. Como correr una maratón.

Este viaje a Lisboa me ha regalado espacios para escribir. No sé qué tienen los aviones que siempre me abstraen del «ruido exterior». Y en ellos nació la sinopsis de esa novela. La comparto con vosotras y vosotros.  Gracias y un abrazo.

 

«Todos los y las protagonistas de esta novela están basados en personas reales. De carne y hueso. Que existen o que existieron. Todas las acciones, diálogos y emociones están basadas en hechos reales. Todos y cada uno de ellos suceden o sucedieron. En calles, bares y plazas de pueblos que existen y que conoces. Todas estas páginas están basadas en sufrimiento y dolor real. En heridas reales. Que existen o que existieron. O que existirán para siempre…

El amor y el odio son sentimientos libres, íntimos y personales. Como perdonar o no. Como intentar olvidar o no. Legítimos. Lo único intolerable es la violencia. En cualquiera de sus formas y procedencias. Bajo ningún pretexto o justificación. Jamás. Ninguna. Venga de donde venga. La ejerza quien la ejerza. Ese daño nunca tiene vuelta atrás. Y queda sembrado para generaciones enteras. Como una semilla maldita dentro de nuestros niños, jóvenes y mayores. De nuestros vecinos. De nuestros barrios. De pueblos enteros…

Esta historia habla de personas reales. De gente que tú y yo conocemos o hemos conocido. Que existen o que existieron. De su sufrimiento, de sus silencios y de sus pasos perdidos.

Estas páginas sólo pretenden contar lo que aquí… Un día… sucedió… Y no es una historia de ficción. Ojalá. Ojalá lo fuera…»

C.F.R

ELECCIONES 26J – SEGUNDA OPORTUNIDAD – REINICIAR SISTEMA- RESETEAR PAÍS

Creo que quizás sea por eso que lloro tanto en estos últimos tiempos, sí. Porque miro atrás y recuerdo de dónde vengo. De dónde venimos. Quizás también por todo lo que no lloraba antes. Guardando toda esa rabia. Era tristeza. Ese sufrimiento. Dentro. Al ver lo de fuera. Y al vivirlo. Y al sentirlo. Porque primero fueron otros. Pero después fui yo. No hay causas diferentes porque todos estamos en la misma causa. Solo hay una causa. Inherente a toda la humanidad. La injusticia de los que sufren. Mientras otros gozan de forma obscena por encima de sus posibilidades.  Y siempre son unos a costa de otros. Existe el tercer mundo porque existe un primer mundo. Ténganlo claro. Y nunca lo olviden. Y ahora extrapolen eso desde lo más global hasta su mismo municipio. Por eso lloro tanto. Porque me acuerdo. Me acuerdo de esa frustración terrible y perra del NO entender nada. Esa que se te aferra como una lapa tan adentro que, siquiera queriendo, ni sabes ni puedes sacarla. Durante años. Hoy miro atrás y recuerdo cuando vi la miseria de mi hermana saharaui en su cárcel de los campamentos de refugiados. Hace 20 años que estuve allí la primera vez. Ella tenía 12 años. Y allí sigue. Aplastada. Olvidada. Refugiada…

Campamentos de Tindouf. (Argelia). 2010

Campamentos de Tindouf. (Argelia). 2010

Secuestrada en esa cárcel de arena. Con barrotes que no se ven… Pero que están.  O de cuando mi país puso sus armas y sus soldados a disposición de la gran mentira de las armas de destrucción masiva en Irak. Y tomamos las calles todos a una. Y nadie nos escuchó. Porque nadie quería escucharnos. Asesinando a miles y miles de personas en mi nombre. Y en el del petróleo que les hizo ricos. También me acordaba de cuando había escoltas en los portales de los barrios de mi pueblo. Cada mañana. Esperando. Con miedo. Siempre con miedo. Y mi vecino se agachaba a mirar debajo del coche antes de arrancarlo hacia el trabajo. Y tendía la ropa dentro de casa. Por si alguien lo señalaba con el dedo. Por si lo mataban. Porque aquí te mataban. Y muchos miraban para otro lado. Y me acuerdo de mi otro vecina. La hermana de Josu Zabala. Torturado hasta la muerte y enterrado en cal viva para seguir matándolo hasta después de muerto. Víctima de otro terrorismo, este llamado de Estado. Y muerte. Y más miedo. Aquí. En Euskadi y en España. Una mañana y otra mañana. Y en la calle cuatro gatos diciendo basta. Y nadie nos escuchaba. En ninguno de los lados. Nadie nos escuchaba…

La lucha es el único camino

La lucha es el único camino

 

También me acordaba de aquel día en Galdakao. De Jose Luis Castaño y su familia saliendo por aquella puerta. Devastados. Arrebatado todo por un banco. Su vida, sus hijos, su hogar y el de Lara Paz Bermudez. Me acuerdo de la policía. De su indignidad. De su cobardía por no objetar. Y de la vergüenza. Me acuerdo de la vergüenza. Y me acuerdo del fiscal y del juicio. Y del banquillo de los acusados. Nosotros. Nosotros los malos. Y me acuerdo de la rabia. Y del miedo. Porque eso querían. Meternos miedo. Y casi lo consiguieron. Mentirosos. Desalmados. Eso nunca lo olvidaré. La verdad era nuestra y el poder era suyo. Ese es el sistema. No importa dónde quede la palabra justicia… Ni los suicidios, ni la miseria y el paro arrasando el país y llenándolo de tristeza y de familias pasando hambre.

El pueblo no olvida. No fueron suicidios, fueron homicidios.

El pueblo no olvida. No fueron suicidios, fueron homicidios.

Y me acuerdo de la primera vez que tomamos el Arriaga, y del bus la primera vez que rodeamos el Congreso cargados de razones y esperanza. Y de las otras veces en Celenque, en Sol, por Gran Vía y en Plaza España…Mareas humanas unidas y en pie y diciendo basta!! Más BASTA!! Y lloraba. Recuerdo que lloraba. Esa vez de emoción. De sabernos despiertos. De ‘no todo está perdido’… De recordar a mis pobres abuelos y de imaginar un día a mis hijos…De saber lo que les contaré, a unos cuando crezcan y a los otros cuando algún día vuelva a verles en ‘el cielo’…

El futuro es ahora. Se lo debemos.

El futuro es ahora. Se lo debemos.

 

Me acuerdo mucho estos días. Y lloro porque sé de dónde vengo. Me acuerdo de todo esto. Porque de TODO. Absolutamente de TODO. Me he sentido corresponsable, cientos y cientos de veces. Por omisión. Por saberme juez y parte. Por sentir que nunca se hace, ni hicimos mi generación, quizás lo suficiente. Que… quizás si todas y todos… Que… quizás si juntos… Que… quizás si luchando… Que quizás si… Y yo no quiero jamás otra vez un país así. Un país de «y si…» No quiero volver a sentirme jamás responsable de no haber hecho más. Algo más. No quiero seguir siendo parte de todo eso. Ni traicionar lo que sufrieron y lucharon mis abuelos, ni traicionar de igual manera el futuro que les deje a mis hijos.  He dicho mil veces BASTA. Y otras mil veces he tirado la toalla. Pero hoy hay una opción. Hoy tenemos una opción. De intentar cambiar el rumbo. Y el relato. Y la historia. Del país. Y la nuestra… De intentar construir algo mejor y más justo. Yo llevo esperando este momento toda mi vida. Quiero dejar de llorar de rabia. Y de vergüenza. Y quiero llorar de alegría. Y de orgullo. Volver a creer. Juntas y juntos. Se puede. Sé que se puede!! Y lo vamos a lograr!! Solo hay imposibles en tu cabeza!! La utopía está más cerca!! Nos dijeron que dejáramos las plazas y tomáramos la política y las urnas!! Y hoy estamos aquí!! EN PIE!! Frente a frente!!!  Ni un paso atrás!! Cuídense!! Larga vida y buenos vientos!! Se les quiere!!!

Robin-Williams

Solo la rebeldía hace avanzar al mundo. Oh, capitán!!

Dormíamos...despertamos...

Dormíamos…despertamos…

¡¡ES HORA DE EXIGIR!! ¡¡LA PAZ NO ES DE NADIE Y ES DE TODOS!!

Llevo unos días incendiado. Atento a los acontecimientos e intentando hacer lecturas sosegadas y comedidas de los mismos antes de opinar. Todo es muy delicado cuando se habla sobre la violencia y cuando hay tantas sensibilidades y sufrimientos alrededor de una cuestión que llevamos grabada a fuego en el ADN sobre todo quienes hemos nacido y vivido en Euskadi. Quienes nos hemos desayunado esto, día tras día, en la más cotidiana y cruel de las cercanías. He contando hasta mil. Incluso me había planteado dejarlo pasar. Pero creo que ya basta. Si este juego de la vida, tal y como yo lo entiendo, va de mojarse y de corresponsabilizarse de todo lo que ocurre a nuestro alrededor (nunca olviden que la sociedad y este mundo, es decir, la REALIDAD, no se construyen solos ni son como son por arte divino o por ciencia infusa sino que se van modelando por nuestras actitudes y comportamientos, bien por acción o bien, y muchas más de las veces, por omisión) creo que ya es suficiente. Basta ya de tropelías y de canalladas, vengan de un lado o vengan del otro.
A los terroristas y a quienes les aplaudían y jaleaban (ETA mátalos), o a quienes ejercían el juego macabro, ruin y cobarde de

Imperdonable…

dominancia-sumisión, drogados hasta las cejas por esa sensación de poder y de fortaleza que les daba el saberse, no solo libres de la espada de Damocles de la violencia, sino apadrinados y protegidos por ella y por las pistolas y las bombas lapa que ilustraban con sangre su discurso ideológico… A todos esos no les tenemos nada que agradecer. Nada. A los que en las plazas y en las calles de los pueblos; en las ciudades de Euskalherria, y en la vida pública (plenos de ayuntamientos, comisiones de fiestas, asambleas sindicales de empresas, etc…) se encargaron de envenenar y de pudrir esta sociedad con su semilla del odio al diferente y al discrepante (solo han pasado dos años desde que tuviéramos encima de la mesa los últimos asesinatos, secuestros, amenazas y extorsiones ,que a nadie se le olvide) o de amordazar y exterminar a todo aquel que no compartiera su ideal de nación vasca, (que por momentos y con la distancia cada día me recuerda más al ario)… A todos esos…No les tenemos nada que agradecer. Ni uno solo de los perdones de los que pudieran salir por su boca. Incluso, fíjense, ni aunque fueran plenamente sentidos en conciencia y corazón. No les tenemos ni un solo perdón que agradecer. Ni uno. Aunque piense yo, como pienso, que son todos bienvenidos, deseables y necesarios para reconstruir toda la convivencia que ellos mismos destruyeron. Nada que agradecer. En todo caso exigir. Exigir que se dejen de palabras. Los actos sí reparan. Las palabras son literatura. Las acciones, realidad. Exigimos actos. Muestras. Autocrítica. Humildad. Decencia. Humanidad. El perdón no está en la mano de quien lo expresa sino de quién lo concede. Exigimos acciones. Os exigimos acciones. Hay mucho que reparar.
Creo que ese es el sentir general de la mayoría. Y que lo sería en cualquier sociedad sana, civilizada, con algo de decencia y con un

Tufa de lejos…

mínimo de valores éticos y morales. En la sociedad vasca, en la española y en la de la China mandarina.
Dicho lo cual, creo que también ha llegado la hora, de exigir también en voz alta y contundente el escrupuloso respeto de los derechos humanos y el cumplimiento por vía de urgencia de la legalidad vigente al Estado. Al Gobierno de Rajoy (se hace surrealista tener que exigir a nuestra clase política lo que por defecto y en base a lo que dicta el marco legal actual no solo debiera ser una realidad sino que nunca debiera de haberse dado). No podemos ni debemos permitir, como ciudadanos comprometidos con los derechos humanos y con la construcción de una convivencia y de un futuro libres de toda violencia y de todo odio que dejar a nuestros hijos , que el poder político, sea del color que sea, ejerza a su antojo y en base a intereses visiblemente sibilinos la represión más feroz y alevosa. Y tenemos que denunciarlo. Alto y claro. Muchos ya lo hicimos en su día, públicamente y en la calle, cuando supimos que el Estado y las fuerzas de seguridad del mismo, asesinaban ocultos tras las siglas del GAL (que no solamente era igual de execrable que ETA, sino que además alargó lo que de otra forma tengo la profunda convicción de que se habría terminado antes, dando aliento a la idea delirante terrorista de que aquí había una guerra con dos bandos y pábulo a la obsesión enfermiza etarra de señalarnos, a quienes nunca fuimos tibios o permisivos con su ideario y con el terror, como soldados del bando contario); o cuando creímos injusto y fascistoide el cierre de periódicos vascos; o cuando supimos de casos cercanos y acreditados de torturas… A unos les exigimos sí. Pero a los otros de la misma forma. Y con más razón. Porque los casos empiezan a ser ya demasiado sangrantes y numerosos:
1. Que los presos etarras cumplan sus condenas en cárceles cercanas a sus domicilios no es beneficencia ni caridad. Es justicia. Es ley.

Prohibido prohibir

Es cumplir con la legalidad. Y así hemos de exigírselo con firmeza al Estado.
2. Que los presos que habían cumplido ya las penas que la Justicia y el propio Estado les impusiera en su día no es caridad. Es ley. Es cumplir con la legalidad. (pero tuvo que venir Estrasburgo con su ‘toñeja’ detrás de las orejas para obligar a su cumplimiento) Nos gustará más o menos, será más o menos doloroso para las víctimas y para parte de la ciudadanía, e incluso habrá quien quiera que nadie que asesine o viole tenga una segunda oportunidad ni que pise la calle en su vida. Es comprensible humanamente hablando. Pero algo impensable con la ley y el derecho en la mano.
3. Permitir que ciudadanos libres y con sus penas cumplidas, quieran reunirse y comer juntos ejerciendo su pleno derecho de reunión e incluso de asociación, no es caridad. Es libertad. Es ley. Es cumplir con la legalidad. Y así hemos de exigírselo al Estado.
4. No perseguir que ciudadanos libres y no cometiendo ninguna actividad delictiva (hasta que se demuestre lo contrario- in dubio pro reo) intermedien (presuntamente) entre los terroristas y las fuerzas políticas y sociales, e incluso sus presos, si así lo fuera, con el objetivo de finiquitar las cuestiones técnicas (desarticulación de comandos, fin de la dispersión de sus activistas encarcelados, entrega de armas, etc…) forzosamente inherentes al proceso de disolución, no es caridad. Es justicia. Es ley. (las detenciones de ayer son cuanto menos, sorprendentes en fondo y forma…)
5. Permitir la libertad de manifestación no es caridad. Es ley. Prohibirlas, como se intentó con la de ayer en Bilbao y tras quedar patente que al Gobierno le interesan más los votos y las medallas que la propia paz (un auténtico esperpento todo lo ocurrido con el anuncio de la operación policial por parte de Interior y que les dejó literalmente con el culo al aire por si alguien creía aún en los Reyes Magos…) huele a querer coartar derechos fundamentales de la ciudadanía con mala intención.
A quienes conocemos un poco los entresijos de todo esto (llámennos mal pensados si quieren), todo esto nos ‘tufa’ desde lejos. Y a

Innegociable

veces pareciera que, por parte de nuestro actual Gobierno, no estuvieran prevaleciendo los nobles objetivos de facilitar el fin definitivo del terror y de llevar a buen puerto el proceso de pacificación y normalización. Huele a como si el interés general estuviera siendo relegado a un segundo plano respecto de intereses partidistas y ciertamente oscuros. Y no lo podemos permitir. Ni en un sentido ni en el otro. Llevamos muchos años exigiendo a ETA y a su entorno el fin de la violencia y seguiremos exigiéndoles actos y hechos que reparen el daño causado, sí. Pero en paralelo y con la misma contundencia ha llegado la hora de exigir responsabilidades a quienes les ha tocado gestionar políticamente este nuevo tiempo. Al PP. Cumplir con la legalidad y respetar los derechos humanos es lo primero que han de poner en práctica. La paz, esa que muchos nunca creímos poder ver en vida, requiere aún de mucho trabajo y de mucho compromiso. De mucha voluntad. Y de unos gobernantes a la altura de las circunstancias. Los ciudadanos hemos de alzar la voz y exigírselo así. Con plena convicción. Con contundencia. Ha llegado el momento.

CÉSAR FERNÁNDEZ ROLLÁN – Barakaldo- Bizkaia –Periodista en ciernes , escritor y guionista.

CARTA AL DIRECTOR PUBLICADA EN «EL CORREO»- Viernes 10 Mayo

Por cuestiones de espacio y con el visto bueno de un servidor como autor de la carta EL CORREO,
como el resto de periódicos, estracta las cartas que remitimos. Cuelgo en este caso la carta 
completa y la publicada en la edición en papel. Vaya dedicada a todos quienes defienden la
razón y las ideas solo y exclusivamente desde la palabra. Única arma legítima para la lucha.


Carta en edición impresa

«Yo no he sido especialmente activista de ningún movimiento. Los jóvenes de mi generación fuimos criados en la comodidad y en una sociedad que nos formó en valores poco sólidos y de dudosa corrección moral. Vive rápido, muere deprisa y deja un bello cadáver. Individualismo y hedonismo a la enésima potencia.Todo lo social; el compromiso con una idea o proyecto que fuera más allá del cuello de nuestras camisas nos resbalaba. 

Solo que en nuestro caso eso fue más imperdonable aún. Nosotros no vivíamos en una sociedad cualquiera. Vivíamos en la vasca. Una sociedad afectada e infectada por el odio y la violencia. No hablo de la de los titulares de prensa o la contada a kilómetros de distancia. Hablo de la de verdad. De la que se siente según sales del portal de casa. De la que se respira. De la que marca a fuego y duele en lo más hondo. La de ir a comprar el pan y la de la discusión en la cuadrilla. La de las fiestas populares o la universidad. La del pleno del ayuntamiento del pueblo o la del poteo por el Casco. La de las familias destrozadas. La de una convivencia herida y envenenada. Y en el mejor de los casos, quienes teníamos inquietudes o preocupación vagábamos perdidos sin saber cómo canalizarlas. La política no era una opción. Eso también olía a chusco y a poco limpio (el tiempo en eso nos dio la razón).

 A pesar de todo, tan harto como sajado, un servidor salió a la calle cada vez que la violencia arreciaba. Sin mirar nunca si quien la ejercía era uno u otro. Qué más da ETA, que GAL, GRAPO, que violencia de Estado. Qué más da Euskadi, que Irak, Palestina, o calabozo…Cuando todo es destructivo, fruto del odio y del no respeto a los derechos humanos.  Por eso me acerqué a Gesto Por la Paz. Sentía que tenía que hacer algo más. Gritar. Decir que NO. Quería. Debía. Al principio con ese miedo irracional que toda esta telaraña de terror cotidiano me había incrustado en las entrañas. Con la boca pequeña. Luego cada vez más orgulloso y convencido. Por sentirme parte de un movimiento que venciendo a ese miedo supo posicionarse desde el minuto uno y jugándose el tipo a favor de la razón. De la paz en mayúsculas y sin siglas ni servidumbres.

Por eso quería DAROS LAS GRACIAS. Por estar ahí frente a toda violencia. Porque en esos valores que habéis defendido todos estos años serán en los que trataré de educar a mis hijos y espero que ellos a los suyos. Y esa será la semilla que habréis dejado. Y estará ahí, ad eternum. 

Siempre y para los restos mi sombrero quitado ante vosotros y vosotras. Mila esker bihotz bihotzez»

 

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