ediciones acantilado

CRÍTICA LITERARIA – Érase una vez…Un anarquista de Barakaldo condenado a garrote vil.

Pablo Martín Sánchez: El anarquista que se llamaba como yo, Ed. Acantilado, Barcelona,
2012, 614 páginas, 26 euros.
NARRATIVA.

Pablo Martín Sánchez, con el desparpajo propio de quien se estrena como novelista y con
la maestría y el mimo de quien, fruto de sus licenciaturas en Teoría de la Literatura y
Literatura comparada, conoce bien los entresijos y vericuetos del lenguaje y su sintaxis,
nos adentra en una historia que tiene mucho ‘punch’. Que engancha.
En parte por el curioso desencadenante que origina la escritura de la misma, que ha
servido para promocionar el libro y que ya se nos adelanta en el prólogo. El autor teclea
cierto día su nombre en Google y se da de bruces con otra persona con idéntico nombre y
apellidos y con una historia tan novelesca en sí misma que dio finalmente lugar a
precisamente, eso. Una novela. Una buena novela. Así que cuidado con buscarse en
Google. Uno nunca sabe cómo puede acabar la cosa.
De tal manera, con una mezcla de buen hacer como escritor y unos capítulos tejidos
entre sí con fino hilo de seda, consigue Pablo Martín envolvernos con sutileza en la trama.
Una historia que nace y evoluciona pegada como una lapa a los hechos históricos
acontecidos en la realidad pero diluyéndola por momentos en una ficción cosecha del
autor. Según palabras propias del autor: “todos los espacios en blanco que mi labor de
investigación y documentación sobre la vida del personaje no me permitieron completar,
los fui rellenando de imaginación”. Directo y al mentón. Sin adornarse demasiado ni caer
en excesos fáciles. Más de seiscientas páginas con un estilo fresco, ágil y una prosa
certera impropia a priori de quien se adentra en el terreno de las lides novelescas por
primera vez. Todo ello logrando no decaer en el ritmo ni en la intriga a pesar de la
extensión de la novela. Detalle importante para que uno no deje la lectura de la misma a
medio camino, como tantas veces ocurre (confiesen sin complejo de culpa y ahora que no
nos escucha nadie).
Así nos va introduciendo el autor en la vida de su homólogo el anarquista bizkaino, más
concretamente de Barakaldo, en un recorrido por la vida del personaje desde su infancia,
sus amores de adolescente y su estancia en Salamanca, pasando por su militancia
defendiendo los ideales anarcosindicalistas de los Bakunin y compañía hasta su exilio
francés y su captura final tras los enfrentamientos de Vera de Bidasoa.
De tal forma, juega Pablo Martín, a situarnos en dos tiempos narrativos paralelos. Por
una parte en un presente que se correspondería con los años de exilio en Francia como
trabajador de una imprenta del protagonista durante la dictadura de Primo de Rivera
(capítulos introducidos por números latinos) y por otra intercalando entre tales, otros con
pasajes de la vida pasada del activista barakaldés, (introducidos estos por números
romanos). Una especie de juego; de saltos espacio-temporales que contribuyen a
generar esa cadencia amena que caracteriza la novela. La España de Alfonso XIII, París,
San Juan de Luz, Bayona, Salamanca…Lugares en los que el protagonista, convive con
intelectuales contemporáneos de todo tipo a los que se hace referencia en la novela.
Blasco Ibañez, Ortega y Gasset, Pestaña, Miguel de Unamuno… Todos ellos críticos en
su momento con el régimen y condenados también como el anarquista bizkaino al exilio
de las ideas. Otro exilio más de la vergüenza de los que desgraciadamente tanto
sabemos en este país.
La culminación de la novela es fiel a la de la trayectoria vital real de nuestro personaje.
Con sus luces y sus sombras. O al menos fiel a la versión oficial. La que cuenta que tras
los sucesos de Bera de Bidasoa en los que junto con otros anarquistas cruzaron la
frontera en ese punto exacto de Navarra con idea de sumarse a un supuesto alzamiento
en contra de la dictadura en la que en teoría estaban también inmersos y secundándola
miembros del propio ejército español pero que finalmente nunca sucedió y que solo sirvió
para que tras un tiroteo en el que murieron varios guardias civiles, fueran apresados,
encarcelados y condenados a la pena capital.
Por lo que esta historia, como la película Titanic de James Cameron, solo tiene un
pequeño pero. Que ya nos sabemos el final. Que ya nos lo han contado la propia Historia
y el autor. Por poco que hayamos indagado sobre el personaje o simplemente al leernos
la sinopsis o el prólogo, ya conoceremos por anticipado que el protagonista de la trama
fue condenado junto con otros compañeros, tras un juicio sumarísimo, a morir mediante
garrote vil, un método al que no se hacen demasiadas referencias en el libro pero que les
recomiendo busquen para hacerse una composición de lugar de lo que era este país hace
tan solo cuatro telediarios.
Y hasta ahí todo correcto y pescado vendido. Matarile al anarquista y a otra cosa
mariposa. ¿O no? Porque (tendrán que leerlo y no seré yo quien se lo desvele) hay
múltiples teorías al respecto de cómo acabó nuestro barakaldés insurrecto. Todas
basadas en sesudos estudios y en contradicciones varias que aún a día de hoy se siguen
investigando. Caso no cerrado. ¿Qué pasó finalmente con Pablo Martín Sánchez?
Pasen y lean. La ópera prima de este prometedor autor de Réus, lo merece. Savia nueva
que dará que hablar. No es casualidad que en solo seis meses se esté imprimiendo ya la
cuarta edición.

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