camino francés

DESCANSEN EN PAZ, PEREGRINOS…

Mañana se cumple una semana de aquel  trágico viernes que nos dejó a todos con el estómago encogido. Día 20 de septiembre. 14:50h aproximadamente.  Mientras unos cantábamos, bailábamos y reíamos en La Casa Verde, justo en el mismo instante…A escasos 3 km de distancia, este destino perro y traicionero quiso arrebatarles la vida de cuajo a dos compañeros peregrinos.  H.R. de 43 años de edad, y L.W.G., de 49, ambos de nacionalidad alemana.

Esa macabra fuerza del sino o lo que carallo sea que dicta el momento exacto

peregrinos

Peregrinos

en el que se nos elimina del juego, quiso que un camión se cruzara en su camino. Ni un segundo antes ni uno después. Justo en el momento exacto para golpearles a ambos provocándoles heridas mortales de necesidad. Amigos probablemente. Familia quizás. Caminantes al fin y al cabo queriendo llegar a Santiago. Peregrinos que como nosotros, habrían hecho sus mochilas y preparado sus viajes unos días antes. En sus casas. Con el mismo entusiasmo, la misma excitación y probablemente los mismos nervios de quien se dispone a emprender una nueva aventura. Con sus objetivos y sus porqués. Con sus ilusiones y sus anhelos. Peregrinos que a buen seguro habrían pasado por La Casa Verde y reído con nuestras payasadas o con quienes habríamos coincidido en algún albergue o cruzado un gentil “buen camino” mañanero.  Y con quienes también probablemente habríamos compartido litera esa misma noche. Quizás… Y solo quizás… Porque ya nunca lo sabremos.

Se nos suele olvidar. Que nos morimos. Desde que nacemos. O más bien solemos elegir obviarlo para poder seguir caminando por la vida con dignidad y sin volvernos demasiado locos con pesos existenciales sobre las espaldas ante los que poco o nada podemos hacer. Porque siquiera minimizar los riesgos supone garantía alguna de ir esquivando el fatídico momento y de poder disfrutar más tiempo de este paso por la existencia terrenal.

Morirse hay que morirse, nos ha jodido Mayo. De cajón. Pero qué putada.  Y más morir así. Porque nos quitan el caramelo de la boca. Cuando le da la gana a quienquiera que sea el que pone la fecha y el lugar.  Y aunque habrá que entenderlo como gajes del oficio, lo que decía…Que morirse es , entre otras cosas, una putada. Así que nunca me cansaré de pregonarlo a los cuatro vientos, incluso pecando de neurótico con el tema:

Carpe diem ¡oh, capitán, mi capitán!

Expriman el tiempo, aprovechen cada instante, no dejen nada por vivir, no abandonen ninguna lucha en curso. Llévense todo lo que puedan arrebatarle a este regalo que es la vida. Desde que nacemos hay un reloj puesto en cuenta atrás y que no nos va a avisar nunca de cuando se para…

A ellos les tocó aquel viernes 20 de septiembre a las tres menos diez de la tarde. A escasos minutos de llegar a Arca-Pedrouzo, el final de etapa. De soltar la mochila, quitarse las botas, pegarse una buena ducha, curarse las ampollas y disfrutar de la tarde previa a la llegada a Obradoiro tomando unas cañas. Quién sabe…Quizás a pesar de todo, lo estén haciendo…

Este escrito es mi homenaje para ellos y sus familias. Buen camino, peregrinos.

EL CAMINO DE SANTIAGO…O DE LA TRANSFORMACIÓN…

Una cosa es evidente: quien hace el Camino de Santiago una vez, casi siempre repite. Y además la huella que deja en él o ella, no suele ser para nada superficial ni flor de un día. Y ya saben ustedes lo que dicen…Algo tendrá el agua cuando la bendicen…

Pero, ¿qué es entonces “eso” que tiene el Camino que engancha a tanta gente? ¿Qué es lo que hace que tantas y tan diferentes personas de todo mundo que viven esa experiencia, vuelvan?

 

Pues yo se lo cuento. Se llama TRANSFORMACIÓN. Transformación, sí. O al menos esa es la convicción que uno tiene después de varias

Caminante…

experiencias y largas horas de conversaciones de albergue en albergue. Y no es nada fácil alcanzarla; no se confundan…Pero aquí, in The Way, en el Camino; un día antes o uno después; consciente o inconscientemente; desde muchos cientos de kilómetros antes de llegar a Santiago o poco antes de atravesar la Puerta de Obradoiro…Sucede…Simplemente sucede… Y no hablo del concepto “transformación” en ningún sentido místico o iluminado propio de quien se haya fumado medio Jamaica, sino de algo mucho más simple y más cercano. Más real. Les cuento:

 

La pasada Semana Santa tuve la oportunidad de llegar de nuevo a Compostela en calidad de peregrino mochila a la espalda y bastón en mano. Esta vez, además, con la mejor de las compañías del mundo: mi señora madre. Y todas mis teorías se corroboraron una vez más.

 

Pude comprobar, de hecho, que además es algo masivo. Y que el cambio se da incluso entre aquellas personas que comienzan su trayecto más a la defensiva blandiendo esas corazas y esas caretas que todos traemos impuestas por la ley de la selva imperante en nuestras vidas en la city. Constreñidos por este modelo de sociedad moderna primermundista erigida sobre valores deshumanizados y que nos sumerge en esa rueda del hamster de competitividad, desconfianza y miedo al prójimo.

 

Y es que todos esos prejuicios y esos estereotipos dañinos que todos traemos lastrando nuestras mochilas, van poco a poco desapareciendo. Y todos vamos despojándonos de ellos de una forma casi inconsciente. A cada paso. A cada ampolla. A cada madrugón. Aquí da igual que uno venga de Madrid, Bilbao, Lisboa, Barcelona, Vigo, Berlín, Venezuela, California o de la conchinchina. Nos la trae al pairo a quién vote cada cual, con quien se acueste o de qué equipo de fútbol sea hincha. Porque simplemente nos olvidamos de todas esas cosas que nos separan y nos dejamos llevar por las muchas que nos unen y nos acercan… Y que siempre son muchas más y mucho más valiosas que las que nos alejan. Pero que a veces no siempre sabemos ver. Fruto la ceguera que muchos traemos de nuestras Sodomas y Gomorras particulares.

 

Señal del Camino

Y después, la transformación, como todo lo demás en la vida, va llegando sola… Con cada paso al frente. Con cada nueva etapa. Con cada ampolla o cada sonrisa. Y entonces empezamos a ver al otro simplemente como lo que es. No como lo que parece. Si no como lo que es. Como un compañero de viaje. Como otro peregrino más. Como un semejante. Con sus por qués como los nuestros; con el peso de su particular mochila sobre las espaldas como la nuestra; con sus dudas y sus incertidumbres; con sus miedos y sus inquietudes; con su cansancio y sus ilusiones… Un ser humano sin más roles ni etiquetas que las que se nos suponen a los peregrinos. Simples caminantes en una misma dirección. Simples seres humanos con sus virtudes y sus defectos. Todos en el mismo Camino y todos expuestos al sol inclemente del verano o a los días de lluvia y frío del invierno. Todos compañeros de un viaje con sus momentos inolvidables y con sus momentos de penitencia. Como la existencia. Como la vida misma. No hay rosa sin espinas…

 

Y de repente si saber muy bien por qué, te ves compartiendo cazuela con un tipo barbudo al que no habías visto antes en tu vida, o poniéndole unas tiras de Compeed a la señora de la litera de al lado en sus ampollas, o prestándole tus chancletas para la ducha al americano que las perdió en su etapa de Astorga…Suma y sigue…

 

Todo a años luz de lo que suele ocurrir en nuestra “otra” realidad cotidiana. Donde muchos ni siquiera saludamos a nuestro vecino de toda la vida, y mucho menos le dejamos sal; o donde escondemos el reloj si nos piden la hora caminando por la calle, no vaya a ser que nos lo quieran guindar. Este es el mundo que hemos construido. Con mucha materia y poca verdad. Con muchos bienes y pocos valores. Con mucho bienestar material y poca humanidad. Con cuerpos muy sanos y almas muy enfermas…

 

Fuere como fuere uno ya habrá experimentado lo que es transformarse; lo que es acercarse a uno mismo; al de verdad. Y lo que es convertirse en otro peregrino más. De paso por una existencia efímera que a veces nos desconcierta y nos desorienta; que nos agota y nos maltrata; y que otras veces en cambio nos regala amaneceres de sol radiante y nuevas oportunidades para enmendarse y para luchar por todo aquello que soñamos…Para reencontrar el camino. Si uno sabe dar los pasos en la dirección correcta, Si uno sabe liberarse de esas corazas que lo alienan. Si uno simplemente camina…

 

 

La llegada a Santiago siempre es agridulce. Dulce por el objetivo cumplido. Por el reto alcanzado. Por haber vencido. Por habernos vencido.

Plaza Obradoiro

Por las plegarias y las esperanzas puestas en cada paso…Por la promesa cumplida… Amarga por las despedidas. Por el adiós. Por saberse de nuevo de vuelta a una realidad que no siempre cubre las necesidades de nuestras almas. Por deshacer la mochila por última vez y colgar las botas. Y dejar de ser para siempre peregrino…O no…Quizás no… Porque el Camino y las señales están ahí…Solo hay que saber verlas; y caminar, amigos, caminar… Porque siempre hay algún Santiago esperando…

 

 

PD- Aviso a navegantes. En mi próximo Camino, al desgraciado de peregrino (por llamarlo de alguna manera) al que pille tirando latas, botellas, o algún desperdicio basura o similar, y ensuciando este bien sagrado y maravilloso llamado naturaleza, le pienso romper mi bastón con sumo placer y con casi un orgasmo en las costillas. Siempre habrá tiempo de comprarse otro. La causa lo merece. ¡Putos cerdos sinvergüenzas!

Contador Visitas

Galeria personal

Get the Flash Player to see the slideshow.

Categorias