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ARTÍCULO DE OPINIÓN: “¿POR QUÉ NO MIRAR DE FRENTE A LA MUERTE?

“¿POR QUÉ NO MIRAR DE FRENTE A LA MUERTE?” – HOMENAJE A MI ABUELO, RECIENTEMENTE FALLECIDO. Octubre 2011

Me resulta muy curioso y, cuando menos, digno de comentario, un hecho que observo a mi alrededor estos últimos días a raíz del doloroso fallecimiento de un familiar. De mi abuelo materno, en este caso. Máximo Rollán. Máximo “el pregonero”. Noventa y tres años de vida a sus espaldas. Capeándolos con coraje y con arte torero. Con la cabeza siempre alta. Un titán…

Hablo del hecho concreto de cómo el ser humano elude, a toda costa, hablar de la muerte. Y no hablemos ya de afrontarla. Palabras mayores.

¿Por qué todo ese velo oscuro y enrarecido con el que envolvemos el hecho de morir? ¿Por qué todo ese dramatismo exacerbado y ese sufrimiento desgarrador ante la muerte?

Entiéndanme. A lo que me refiero y lo que me llama poderosamente la atención es el hecho en sí mismo. ¿Por qué tanto miedo a mirar de frente y con aplomo a un hecho, el de la muerte, tan desgraciadamente cotidiano como natural y para el que habríamos de estar preparados y mentalizados desde el minuto uno de la vida? MORIR: Un hecho irrebatible e incontestable. El resto; TODO y absolutamente TODO lo demás en nuestras existencias es en gran parte relativo y voluble, arbitrario y ambiguo. Todo puede ser verdad o mentira. TODO. Excepto una única certeza indiscutible. Que nos espera la muerte…

¿Acaso no será entonces contraproducente para el alma la no asunción de que este camino incierto que es la existencia tiene fecha de caducidad? ¿Y para más inri que esa caducidad y ese final acechan a cada momento, sin saber muy bien ni cómo, ni cuándo, ni dónde…?

Quizás la respuesta sea el miedo o la incertidumbre angustiosa del no saber a dónde vamos, o que será de nosotros después del último aliento…

¿Pero acaso esa especie de anestesia dulcificadora que nos autoaplicamos para arrinconar en lo más hondo de nuestras conciencias el amargo final, no es sino un mecanismo que agrava ese drama que ya supone en sí mismo el saberse mortales? Pan para hoy y hambre para mañana. Uds. lo saben igual que yo.

Entiéndanme. Me meto en el saco. Yo solo soy otro más de aquellos que padecen el dolor y la angustia en el estómago y en el alma antes la muerte; cuando un ser querido se va. Yo también siento y padezco. Como el que más. A mí también, de hecho, se me acabará el chollo y me moriré igualmente algún día. Como ustedes que me leen. Toquen madera y llámenme ave de mal agüero si lo desean, pero es una realidad más grande que un templo. Lo saben igual que yo. Mientras ven el telediario, mientras conducen; paseando por la calle o en la cama de un hospital…Se nos parará el corazón, padeceremos un cáncer, tropezaremos fatalmente en la montaña o plegaremos de este mundo por un macabro y jodidamente original capricho del destino de esos que lucen en la página de sucesos del periódico del tipo: “Les cae un rayo mientras paseaban por el bosque de Oma”, “Ama de casa se resbala accidentalmente en la bañera y se desnuca” o “Joven va paseando por la Gran Vía de Bilbao una plácida tarde de verano y se le cae encima un pedazo viejo y con muy mala baba de marquesina de hormigón. En el minuto y segundo perfectos para dejarle seco”… Todos son casos reales.Jodidamente reales.

Estos días son de ese dolor y ese luto en mi familia. Por el ser que se nos fue.

Al sol de la tarde...

Al sol de la tarde...

Que dejó de compartir con nosotros esta vida de carne y hueso. Del que no podremos escuchar más anécdotas de la guerra civil o aprender más lecciones de vida; del que no podremos aprender solo con observarle, y sin que él nos lo haya dicho nunca con palabras, lo que son valores, hoy en desuso, como la honestidad, el sacrificio; la dignidad…Al que no podremos darle más besos ni más abrazos, ni colocarle bien la txapela torcida; ni chincharle para que sacara el genio…

Ese dolor lo entiendo y lo sufro igualmente. Claro que me da pena que no seamos todos inmortales, con vidas eternas felices y placenteras; pero también soy muy consciente de que eso sería vivir en los mundos de Yupi, además de, dicho sea de paso, soberanamente cansino y aburrido…Negar la mayor. Pan para hoy y hambre para los restos, como decía antes.

Yo también lo sufro; pero no soy gilipollas, señores. Sé que no puedo escapar a mi destino y que mi gaznate también tiene los días contados. Aunque me toque los cojones el hecho de marras…Pero ojo señores; y quédense si quieren con esta reflexión final: solo morirán mi carne y mis huesos. Nunca mi alma ni mis pensamientos. No. A eso me niego. Ni la mía ni la de mi abuelo. Que era, por cierto, tan enorme como su corazón inmenso… No. A eso me niego… Todo eso pervive en algún lugar desconocido.Lo sé…Lo siento…

Descansa pues en paz, abuelo, y disfruta de ese lugar que te has ganado y donde estarás descansando ahora con la abuela y con todos los tuyos. Ese lugar en el que volveremos a vernos algún día, más tarde que pronto, espero… Descansa en paz chiquillo viejo, posa tus alas cansadas en los pétalos del cielo…Te quiero…

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