SÍ. SOY PREHISTÓRICO. NI TENGO NI QUIERO BIZUM.

Mis amigos de aventuras dicen que soy un arcaico. Un dinosaurio. Porque cuando salgo de ruta paso de Wikiloks, GPS y parafernalias digitales varias. Y es verdad. Lo soy.  Y a voluntad.  Porque servidor es un antiguo, sí.  Confeso. Y es más de ir parando a preguntar a las buenas gentes en caso de dudas en la ruta.  Porque sí. A veces la tecnología nos acerca. Pero otras muchas no.
Hoy, de hecho, en mi circular en BBT por las afueras de Madrid me habría perdido, por ejemplo, al taxista majo de Alcalá de Henares que justo (no hay casualidad si causalidad) también hacía bici y que, de hecho, casi se viene conmigo a hacer kilómetros a dos ruedas en lugar de seguir su jornada de tajo. O me habría perdido de igual manera la breve charla con el veterano caminante jubilado pasando la Complutense (la original) dirección Meco. Y que me indicó con mucho entusiasmo el atajo por la cárcel «que mucha gente no sabe» y que me advirtió del barro con una sonrisa de esas de pícaro y de «buena suerte, chaval, no sabes dónde te metes» . Influencer y de los buenos era el cabrón. Porque acertó de pleno.  (me acordé de él varias veces hoy).
También me habría perdido al grupito de agricultores de Alovera, que reunidos a modo de comité de sabios, interrumpí mientras hablaban de la evolución de sus huertas tras Filomena y que, piropeando mi mascarilla de La Casa de Papel, me dijeron  «ande vasssss que es pal otro laooooo». Y seguido un preocupante «y cuidao que te pasas a provincia de Guadalajara y te sale cara la vuelta en bici, majoooo». (qué marciana es la vida post Covid)   O al joven padre de Quer que con su hijo pequeño en bici de ruedines y mirando flipado mi fiesta del barro me dio la última clave para coger la senda buena de regreso a mi furgo.

Ayudar…

Y dejarse ayudar…

¿Veis? Quizás no haya llegado ni tan rápido ni tan certero. Ni haya podido obtener ni el desnivel acumulado, ni los kilómetros exactos ni las calorías consumidas. Pero a mí me mola más. Soy un «naif» de las cavernas, como dicen mis amigos de monte, pedal y korrikas, sí.  Pero pararse a preguntar sigue teniendo eso tan humano y tan bonito de dejarse ayudar y de ser ayudado. Esa satisfacción de comprobar la gentileza de esa gente de allá donde vas. De escuchar sus acentos y bromear con el mío. Esa interactuación, aunque sea breve, que hace que te sepa mejor el café de la tasca de tal o cual pueblo, o que guardes mejor recuerdo de la postal que compraste o de la foto que tomaste allí allí. Algo que, con un poco de suerte, el COVID nos haga volver a valorar más.  Y que por fortuna las máquinas no podrán suplir jamás. LO HUMANO. Y si ha de equivocarse mejor un paisano que un wikilok.  Que tenemos comprobado que el GPS también se pierde. jajaja.
  Larga vida y buenos vientos, capitanes y capitanas!! Y resistencia mental. Aunque a veces no lo parezca, ya queda un día menos!!!
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