EL CAMINO DE SANTIAGO…O DE LA TRANSFORMACIÓN…

Una cosa es evidente: quien hace el Camino de Santiago una vez, casi siempre repite. Y además la huella que deja en él o ella, no suele ser para nada superficial ni flor de un día. Y ya saben ustedes lo que dicen…Algo tendrá el agua cuando la bendicen…

Pero, ¿qué es entonces “eso” que tiene el Camino que engancha a tanta gente? ¿Qué es lo que hace que tantas y tan diferentes personas de todo mundo que viven esa experiencia, vuelvan?

 

Pues yo se lo cuento. Se llama TRANSFORMACIÓN. Transformación, sí. O al menos esa es la convicción que uno tiene después de varias

Caminante…

experiencias y largas horas de conversaciones de albergue en albergue. Y no es nada fácil alcanzarla; no se confundan…Pero aquí, in The Way, en el Camino; un día antes o uno después; consciente o inconscientemente; desde muchos cientos de kilómetros antes de llegar a Santiago o poco antes de atravesar la Puerta de Obradoiro…Sucede…Simplemente sucede… Y no hablo del concepto “transformación” en ningún sentido místico o iluminado propio de quien se haya fumado medio Jamaica, sino de algo mucho más simple y más cercano. Más real. Les cuento:

 

La pasada Semana Santa tuve la oportunidad de llegar de nuevo a Compostela en calidad de peregrino mochila a la espalda y bastón en mano. Esta vez, además, con la mejor de las compañías del mundo: mi señora madre. Y todas mis teorías se corroboraron una vez más.

 

Pude comprobar, de hecho, que además es algo masivo. Y que el cambio se da incluso entre aquellas personas que comienzan su trayecto más a la defensiva blandiendo esas corazas y esas caretas que todos traemos impuestas por la ley de la selva imperante en nuestras vidas en la city. Constreñidos por este modelo de sociedad moderna primermundista erigida sobre valores deshumanizados y que nos sumerge en esa rueda del hamster de competitividad, desconfianza y miedo al prójimo.

 

Y es que todos esos prejuicios y esos estereotipos dañinos que todos traemos lastrando nuestras mochilas, van poco a poco desapareciendo. Y todos vamos despojándonos de ellos de una forma casi inconsciente. A cada paso. A cada ampolla. A cada madrugón. Aquí da igual que uno venga de Madrid, Bilbao, Lisboa, Barcelona, Vigo, Berlín, Venezuela, California o de la conchinchina. Nos la trae al pairo a quién vote cada cual, con quien se acueste o de qué equipo de fútbol sea hincha. Porque simplemente nos olvidamos de todas esas cosas que nos separan y nos dejamos llevar por las muchas que nos unen y nos acercan… Y que siempre son muchas más y mucho más valiosas que las que nos alejan. Pero que a veces no siempre sabemos ver. Fruto la ceguera que muchos traemos de nuestras Sodomas y Gomorras particulares.

 

Señal del Camino

Y después, la transformación, como todo lo demás en la vida, va llegando sola… Con cada paso al frente. Con cada nueva etapa. Con cada ampolla o cada sonrisa. Y entonces empezamos a ver al otro simplemente como lo que es. No como lo que parece. Si no como lo que es. Como un compañero de viaje. Como otro peregrino más. Como un semejante. Con sus por qués como los nuestros; con el peso de su particular mochila sobre las espaldas como la nuestra; con sus dudas y sus incertidumbres; con sus miedos y sus inquietudes; con su cansancio y sus ilusiones… Un ser humano sin más roles ni etiquetas que las que se nos suponen a los peregrinos. Simples caminantes en una misma dirección. Simples seres humanos con sus virtudes y sus defectos. Todos en el mismo Camino y todos expuestos al sol inclemente del verano o a los días de lluvia y frío del invierno. Todos compañeros de un viaje con sus momentos inolvidables y con sus momentos de penitencia. Como la existencia. Como la vida misma. No hay rosa sin espinas…

 

Y de repente si saber muy bien por qué, te ves compartiendo cazuela con un tipo barbudo al que no habías visto antes en tu vida, o poniéndole unas tiras de Compeed a la señora de la litera de al lado en sus ampollas, o prestándole tus chancletas para la ducha al americano que las perdió en su etapa de Astorga…Suma y sigue…

 

Todo a años luz de lo que suele ocurrir en nuestra “otra” realidad cotidiana. Donde muchos ni siquiera saludamos a nuestro vecino de toda la vida, y mucho menos le dejamos sal; o donde escondemos el reloj si nos piden la hora caminando por la calle, no vaya a ser que nos lo quieran guindar. Este es el mundo que hemos construido. Con mucha materia y poca verdad. Con muchos bienes y pocos valores. Con mucho bienestar material y poca humanidad. Con cuerpos muy sanos y almas muy enfermas…

 

Fuere como fuere uno ya habrá experimentado lo que es transformarse; lo que es acercarse a uno mismo; al de verdad. Y lo que es convertirse en otro peregrino más. De paso por una existencia efímera que a veces nos desconcierta y nos desorienta; que nos agota y nos maltrata; y que otras veces en cambio nos regala amaneceres de sol radiante y nuevas oportunidades para enmendarse y para luchar por todo aquello que soñamos…Para reencontrar el camino. Si uno sabe dar los pasos en la dirección correcta, Si uno sabe liberarse de esas corazas que lo alienan. Si uno simplemente camina…

 

 

La llegada a Santiago siempre es agridulce. Dulce por el objetivo cumplido. Por el reto alcanzado. Por haber vencido. Por habernos vencido.

Plaza Obradoiro

Por las plegarias y las esperanzas puestas en cada paso…Por la promesa cumplida… Amarga por las despedidas. Por el adiós. Por saberse de nuevo de vuelta a una realidad que no siempre cubre las necesidades de nuestras almas. Por deshacer la mochila por última vez y colgar las botas. Y dejar de ser para siempre peregrino…O no…Quizás no… Porque el Camino y las señales están ahí…Solo hay que saber verlas; y caminar, amigos, caminar… Porque siempre hay algún Santiago esperando…

 

 

PD- Aviso a navegantes. En mi próximo Camino, al desgraciado de peregrino (por llamarlo de alguna manera) al que pille tirando latas, botellas, o algún desperdicio basura o similar, y ensuciando este bien sagrado y maravilloso llamado naturaleza, le pienso romper mi bastón con sumo placer y con casi un orgasmo en las costillas. Siempre habrá tiempo de comprarse otro. La causa lo merece. ¡Putos cerdos sinvergüenzas!

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10 Respuestas a EL CAMINO DE SANTIAGO…O DE LA TRANSFORMACIÓN…

  • leci dijo:

    Que bien te expresas y que profundo todo lo que dices…gracias por contar tu experiencia! Yo hare el camino en agosto y espero que sepa valorar cada momento y principalmente que me ayude a curar algunas heridas del alma…ahh y si quieres cuando rompas tu baston te regalo yo uno gustosamente!

  • Cesar dijo:

    gRACIAS LECI. UN ABRAZO Y BUEN CAMINO!! dónde viste el artículo?

  • Ruben H.h. dijo:

    pues si a todos esos cerdos-domingueros que tiran latas bolas de albal y demas mierda en la naturaleza habria que ponerles a limpiar de mierda las cunetas de las carreteras secundarias , ah tambien me apunto a partirles mi baston de titanio en el costillar o donde sea / putos asquerosos !!!!

  • Mónica López dijo:

    Yo también hice el Camino, dos tramos en dos veces distintas y, aunque es cierto que engancha, como la primera vez no hay ninguna. Me gusta lo que nos cuenta César del Camino (y más cómo lo cuenta) pero no todo es tan idílico; también hay alguna gente maleducada que se levanta a las 5 de la mañana para preparar su etapa, enciende las luces, hace mucho ruido, se enfada si le dices algo…, otros que roncan y te impiden dormir (no adrede, claro), los que cuentan como una valentía no haber pagado nada en los albergues en los que piden la voluntad, los que dejan todo mucho más sucio de lo necesario… Yo quiero recordarlo como César pero no puedo del todo…

  • Cesar dijo:

    Esos “lados oscuros” los hay Mónica. jajajaja. Está claro. Yo tuve bastante suerte y no me topé con demasiados de ellos…O será esa parte positiva que me hace o no verlos..O olvidarlos pronto… Muchas gracias por tu comment…Y buen camino!! 😉

  • Magdalena dijo:

    Hola a todos, yo también hice el Camino este agosto pasado y fue una maravillosa experiencia, es verdad, el Camino tiene algo y ese algo es único, César lo ha explicado muy bien. Por cierto yo también te presto mi bastón.
    Buen camino a todos.

  • Marta dijo:

    Recién aterrizada del Camino, leo esto y me emociono. Qué bien lo has puesto en palabras. Yo fui de Irún a Santiago, por acantilados, playas y bosques, un mes largo para solamente caminar. Y te fundes con la Naturaleza, y escuchas tu alma, y en los momentos menos esperados, encuentras magia y te sientes parte de la creación, tú tan grande, tan inmensa, y tan vulnerable a la vez. Y cae la máscara, la tuya y la de los que te rodean. Y te ves así, simplemente como un ser humano. Y aprendes que no hay ninguna meta; que el Camino se hace cada día, Y Santiago aparece en los momentos en que no lo buscas. Qué hermoso regalo. Gracias Camino. Ultreia!

  • Cesar dijo:

    Gracias por tu comentario, compañera peregrina. Es evidente que cuando se viaja o se camina o se vive con el espíritu abierto y de forma proactiva y positiva, todos nos acercamos más unas a otros. Y a nosotros mismos. Buen camino y abrazo grande!!!

  • fede dijo:

    Buenos días,

    he encontrado esta noticia por casualidad, y despues de leerlo, puedo afirmarlo. No por mi porque nunca lo he hecho, pero ahora estoy buscando información para empezar a hacerlo por etapas el año que viene (desgraciadamente no tengo tantas vacaciones ni una forma física que me permita aguantarlo ahora mismo). Mi intención es hacerlo en honor a mi padre, que falleció hace justo un mes, con 91 años, pero que estuvo hasta los 83 haciendo el Camino de Santiago año tras año desde 13 años antes. Una máquina de andar que andaba sus 25-30-35 kms diarios y se tiraba todo el año entero hablando de su Camino y de su Camino y de su Camino. Su felicidad se veía reflejada hasta en los preparativos del viaje, organizando su mochila al milímetro o controlando su peso al miligramo. Espero hacer como vosotros y otros muchos, unirme a ese Camino y averiguar el “por qué”.

    Gracias y espero que hasta algún Camino 🙂

  • Cesar dijo:

    Muchas gracias por tu comentario y por compartir aquí tu historia. Tan solo desearte buen Camino, peregrino. Abrazo. Carpe diem.

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