Cesar

No hay lágrimas en Instagram

La verdad es que sí. Que el Camino de Santiago como la Vida, siempre es igual. Y que sin embargo, qué preciosa contradicción, siempre es diferente. Porque sí, ¡¡claro que sí!! Que siempre se trata de levantarse cada mañana, calzarse las botas y caminar. Aunque se sufra a veces. Y aunque llueva, haga frío o nieve. Aunque salgan ampollas. Pero que sin embargo te va enseñando a cada paso algo nuevo aprendido. Y alguien nuevo conocido en el camino. Con sus otras vivencias e historias de vida. Con sus otros mundos. Con sus otras alegrías y sonrisas y sus otros miedos y fantasmas. Pero puestas encima de la mesa y abiertas en canal para compartirlas y aprender unas y unos de otros. Y seguir caminando…
Por eso, sí. Por eso el Camino siempre será lo mismo. Mismas etapas y mismas rutinas, sí. Pero por el contrario JAMÁS será igual.

Yo me siento un privilegiado. Y doy gracias porque creo que siempre he tenido mucha suerte. De encontrarme gente como la que me he encontrado caminando. De coincidir con personas así. (coincidencias, de esas que coinciden, ya sabéis…jajaja: el eterno debate entre destino o casualidad… 😉 Un@s que están y otros que ya no. Un@s más cerca y otros más lejos. Pero siempre gente dispuesta a compartir lo más valioso e importante que tenemos: nuestra verdad. Sin maquillajes. Sin postureos. Sin storylines en las que nunca se ve llorar a nadie. O sufrir y sentirse perdido…O tener miedo…Con las historias de plenitud pero también con las de sufrimiento. Y que nos ayudan. Y nos hacen crecer. Y aprender. Y nos hacen estimarmos. Y querernos. De verdad.

Todo auténtico. Algo cada vez más escaso en esta mundo de hoy en día muy conectado pero muy alejado y superficial…Y muy de mentira. Muy Instagram… Hasta entre personas de las que se suponen muy cercanas… Por eso intento buscar esto en los caminos que transito… Cuando viajo y en mi entorno. En mi vida. Cada día más. Un poquito de VERDAD.

Aunque salgan ampollas en las plantas de los pies. Así que GRACIAS. A los que os abrís en canal y os mostráis de verdad. Por vuestra valentía, vuestro no esconderos y vuestro enseñarnos a los demás a hacerlo. Porque cuando lo pienso, creo que en general, he tenido enorme SUERTE. De encontrarme gente como much@s de vosotr@s. En el Camino y en la vida. Sois una preciosa casualidad…

Abrazo gigante!! Y disfrutad de la vida cuando os ponga en el Camino paisajes bellos… Pero sobre todo mucho ánimo, fortaleza y todo el calor del mundo para cuando os ponga etapas jodidas de esas que parece que no acaban nunca… Porqie siempre aparecerá un albergue o alguien en el camino para echar una mano. Keep faith. Buen Camino y besos grandes. Se os quiere un montónnn. Y esto no es casualidad!! 😉

MI DOCUMENTAL-DENUNCIA SOBRE LOS REFUGIADOS: #FuimosSiria

Este es mi último proyecto audiovisual. Un documental-denuncia.  Tan duro y conmovedor como real. Se realizó para llevar a EITB y otras televisiones y buscar la financiación que nos permitiera acabarlo y llevarlo a pantalla pero no contó con apoyos. Difundirlo en redes es su única opción de llegar a la gente. Ojalá este mensaje de paz, de superación y de esperanza llegue al máximo de gente.  Gracias a BITART por su apoyo y ayuda altruista.

Se llama #FuimosSiria (2016). Con testimonios de refugiados y supervivientes  de  los bombardeos de Gernika y Siria. Y de surferos voluntarios que viajaron a Lesbos (Grecia) para rescatarles del agua, y del presidente de CEAR. Miren, la amama de Markina que con 4 años huía de las bombas hacia Lekeitio. Abdul, un sirio afincado en Bilbao a quien el estallido de la guerra en Siria le pilló allí de vacaciones y que hubo de sobrevivir 3 años encerrado en casa bajo fuego cruzado y con sus nietas pequeñas, mujer deustuarra e hija. Y que llegó a ser secuestrado por el Estado Islámico-Daesh. Dos historias de vida para jamás olvidar. Y para denunciar el obsceno e infame cierre de puertas de ‘nuestra Europa’ a los refugiados. Y porque un día los vascos también fuimos Siria. Vergüenza.

AMORES DE VERANO; DESPEDIDAS DE ESTACIÓN…

Buenos lunes y a por la semana!!!

Me gusta observar. Y ayer vi algo que me rompió los esquemas. Yo sentado en un banco junto al bar de la estación de autobuses de Estella. Esperando al mío. 19,45h. Ellos en una esquina. Pareja joven. Chico y chica. Unos 16 años. Se abrazaban y besaban con fuerza. Con pasión. Apoyados contra una pared. Frente a un autobús con el motor arrancado. Puerta de pasajeros abierta. Esperando a uno de los dos. Presto a partir. Y hasta desde la distancia se veían esas cadenas indestructibles que unen a quienes se aman y se desean…

Sus gestos, su forma de mirarse, su forma de apretarse el uno contra el otro como si no quisieran separarse jamás…

El final del verano...

El final del verano…

Pero en cambio, algo me tenía descolocado…Porque ambos se besaban, sí…Pero se besaban y lloraban… Y sus caras se veía sufrimiento. No amor. No, un: “cariño, nos vemos pronto”. No un: “amor, llámame cuando llegues a casa para saber que has llegado bien”. No un: “qué días más bonitos juntos, mi vida, te llamo mañana…”. NO. Sus expresiones no eran de nada de eso. Sino de sufrimiento. De pena. Pena inmensa…

Como si ese autobús no tuviera retorno. Como de miedo a decirse adiós…Como si todo lo que ocurriera en esos instantes en que se separan, como si todo lo que ocurriera en ese paréntesis que se da entre un encuentro de amor y el otro, entre un fin de semana y el siguiente…fuera sufrimiento…Me llamó la atención…Se veía todo tan contradictorio a la vista…’Chirriaba’… Un amor así de bonito y, en cambio… Se les veía sufrir…A los dos…A él y a ella… Sufrir…De amor…

Y me volví de mi viaje, pensando en ellos dos…Y en la escena… ¿Y no sería el miedo? ¿Y no sería el miedo a todo eso que transcurre en las vidas de uno y del otro mientras no están juntos? ¿A ese tiempo vacío que no se cubre? ¿Y no sería la angustia de quien no sabe si uno mismo y el otro serán capaces de vencer las distancias? No hablo de kilómetros…Hablo de silencios…De lejanías emocionales…O de dudas…O de miedos…De nuevo los miedos…

¿Y no sería ese temor a no poder ganarle la batalla al día a día? ¿A distraerse en este camino tan largo y vertiginoso

Never say goodbye...

Never say goodbye…

donde todo lo sólido se vuelve a veces voluble? ¿Y no sería miedo a sí mismos? ¿Desconfianza en poder mantenerse fuertes en este Camino? No sé…Era todo tan bonito y a la vez tan contradictorio…Que de ese amor y de esa pasión inmensas manara un sentimiento tal, que les hiciera sufrir de aquella manera…Se besaban…Y se abrazaban hasta hacerse daño… Y lloraban…Y se miraban muertos de pena….Y se besaban más fuerte…Y lloraban de nuevo…

Y la chica tomó ese autobús. Y él se fue en dirección opuesta. Y ambos se buscaron con la mirada desde lejos…Y ojalá ese amor venza a esos miedos. De verdad. Ojalá. Y ese autobús vuelva a Estella. Y ambos sonrían de nievo. Y triunfe ese amor que se veía en sus miradas y que lo llenaba todo…Y que venzan a la vida y a las dudas. Y mantengan la fe. Y se esfuercen. Porque el amor en estos tiempos, y que nade se engañe, también requiere de trabajo y de esfuerzo. Y de compromiso…Siempre fue así…Siempre lo fue…Quizás hoy en día tanto hedonismo y tanto existencialismo nos haya difuminado esos valores que nuestros padres y abuelos sí que tuvieron…Esos principios morales sólidos y admirables que se han ido diluyendo en nuestras generaciones… MUJERES HOMBRES Y VICEVERSA. / VIVE RAPIDO, MUERE DEPRISA Y DEJA UN BELLO CADAVER / SALSA ROSA… Si ese es el espejo del mundo actual, yo cada día tengo más claro que quiero bajarme…Salir de esa gargantúa que trata de engullirnos y de arrastrarnos a esos perfiles de vida vacíos. Cortoplacistas. Frívolos. Superficiales… Sé de lo que hablo… Lo sé muy bien…

Pero ojalá NO… Ojalá en este caso ellos venzan…Ellos ganen la batalla. Y su amor. Y que esos besos arrebatados sean más y mejores…Y todos de plenitud y felicidad… Fuere como fuere ellos los estaban viviendo. INTENSAMENTE!! Y eso es la vida…Acierto-error…Y seguir…Pero jugarla…Pase lo que pase jugarla… Mi viaje de regreso a Bilbao, volví a comerme las uñas…De ganas de llegar y ponerme a escribir…Sobre aquella pareja…Y aquel amor…De una tarde de domingo cualquiera de verano…Atardeciendo en Tierra Estella…

pareja-en-abrazo-despedida-calle-158863

“CARTA ABIERTA A LA SERENDIPIA, AL KARMA, A LLÁMALO X”

“CARTA ABIERTA A QUIEN QUIERA CREER. A QUIEN ELIJA LO QUE NO PUEDE VER. A QUIEN MUEVA LOS HILOS AL OTRO LADO. CARTA ABIERTA TAMBIÉN PARA TI, ¡OH, SERENDIPIA!”

 

No es que yo crea en las ENERGÍAS. Es que EXISTEN. Aunque ninguno podamos verlas. Ni tocarlas. Ni demostrarlas. Ni explicarlas. Pero EXISTEN.  Y lo sabéis.  Todas y todos lo sabemos. Están ahí. Rodeándonos. Y ellas operan. Obran. Conspiran.  A veces te zarandean. Otras siquiera las ves…A veces ‘aparecen’ como un soplo viento fuerte que te grita: “¡Eh, tú! ¡Eh, tú, estoy aquí! ¿Es que no me ves?”… Otras como una brisa leve que te acaricia… Pero siempre están. Solo que a veces estamos tan ciegos, tan sordos y tan alejados de nosotros mismos (alienación, decía mi profe de ‘filo’) que siquiera las veríamos aunque fueran gigantes…Y entonces se pierden…

 

En estos últimos tiempos yo estoy volviendo a vivir esas energías con enorme intensidad. Cosas que difícilmente

¿Acaso la ciencia...?

¿Acaso la ciencia…?

podría explicaros. Pero reales. Que suceden. En coincidencias, señales, serendipias o llamadlo como queráis. Algunas vividas solo. Otras junto a otra persona. Pero poderosas. Muy poderosas.  De esas que te dejan congelado. Flipando. Mirando al vacío como si algo o alguien fuera a aparecer de la nada y a guiñarte un ojo cómplice. Y a decirte: “Sí… Sí. Por aquí vas bien. Por aquí vas bien. Sigue. Camina. Cree. Lucha. Avanza. Sin miedo. Yo solo te voy a indicar el camino.  Por si te desorientas en algún tramo… Pero tú tendrás que recorrerlo. Yo solo soplaré un poquito tu vela de vez en cuando… Para cuando dudes. Para cuando se te meta la niebla. Para cuando el cansancio de venza. Para cuando aparezcan las ampollas y te llueva. Para cuando ya ‘no lo veas’… Sigue. Camina. Es por ahí… Es por ahí… Por aquí. Por si te desorientas en algún tramo. Y dudas. O se mete la niebla. O te cansas. O el cansancio te vence y te puede. O ya ‘no lo ves’.Sigue. Sigue. Es por ahí…Es por ahí…”

 

Buffff. Piel de gallina… Porque todas esas señales, casualidades, serendipias… me indican últimamente con mucha pasión e insistencia un lugar en el que quedarme…Un proyecto por el que luchar…Aunque haya cuestiones difíciles que vencer dentro y fuera…Todo lo que me dicen, todo lo que escucho, todo lo que veo, siento y percibo de esas energías, tuvo AYER el nombre de un sueño…Un sueño que era recuperarme a mí mismo y a mi vocación desde

¿Casualidad o causalidad?

¿Casualidad o causalidad?

niño…Poder perdonarme y sanarme…Vencer mis fantasmas…Coger del suelo aquella toalla que tiré una vez y retomar la senda en el mismo punto por donde intenté el atajo…

 

Y sufrí…Sufrí como nunca… Pero mereció la pena… Aquella vez no fue en euros…Pero sí en plenitud. En felicidad. En realización… En sentimiento de deuda saldada. AYER las señales me indicaron que tomara aquella senda…La de mi sueño… Aun contra toda lógica. Aun contra todo lo que dictaría la razón…

Y HOY… Hoy está volviendo a ocurrir…Solo que HOY esas energías tienen un nombre… Un nombre de mujer. Nombre de un mundo que se une a otro mundo. Desde miles de kilómetros de distancia y desde un océano y un continente a otro… Porque así dispuso algo o alguien que ocurriera…

 

He vivido muchas cosas en mi vida. Recorrido muchos caminos. Aprendido muchas cosas. Buenas y malas. Bonitas y Screenshot_2016-08-18-11-05-05dolorosas. Y quizás… Quizás todas fueran para esto…Quizás fueran para llegar hasta aquí…Quizás, mi amor, todas fueran para llegar hasta ti…Quién sabe… Y para querer quedarme aquí…Y para saber cómo hacerlo… Junto a ti… Junto a ti, cariño… Ojalá que para toda una vida. Quién sabe… Y ojalá que también para crear otras vidas, tal y como soñamos los dos… Y para darles a ellos y ellas también la oportunidad de visitar este mundo. Y de vivir esta existencia. Y darles todo el amor del mundo. Como el que ha nacido entre nosotros dos… Para que huelan la rosa y resistan las espinas…

 

Quién sabe…Quién sabe si idealizo el amor, si idealizo la existencia, si nos idealizo a nosotros y todo esto tan bonito lo que está pasando…Quién sabe si existen de verdad las energías, y las serendipias o si solo es todo un delirio colectivo para darnos un sentido ante la nada… Puedo elegir lo que veo y lo que puedo tocar o elegir lo que siento y lo que se escapa al entendimiento…Puedo elegir la razón o elegir el amor… Puedo elegir escuchar al universo conspirando con sus Perseidas o puedo elegir silenciarlo…Yo ya he elegido, amor…Elijo las señales…Elijo las casualidades…Elijo las serendipas…Te elijo a ti… ¿Y tú? ¿Tú que eliges?

 

18-AGOSTO-2016

8lkeivcDqu0vGpG4tguVN9FIJjG

CARTA ABIERTA A TODAS LAS MUJERES TRABAJADORAS DEL HOSPITAL DE CRUCES Y DEL SISTEMA SANITARIO ESPAÑOL Y ASISTENCIAL. Del hijo de una de tantas.

 

Ellas (al menos las que yo conozco) llegaron en los años setenta a Euskadi. De 1970 en adelante. Llegaron aquí como a tantos otros lugares de España. Niñas. A quienes se llevaron de sus pueblos cuando todavía no habían cumplido ni los 18 años. Mi madre tenía 17. Niñas. Venían desde Andalucía, Extremadura, Galicia, Castilla y León…Desde todos aquellos lugares, la mayoría muy humildes, donde no había trabajo con el que llenar la nevera.

Las separaron de sus amigos, de sus colegios, de sus primeros amores… Y se las llevaron a grandes ciudades desconocidas y hasta hostiles para ellas. Llegaron porque había que cubrir miles de puestos laborales. Se necesitaba mano de obra joven. Ellas casi siempre en el sector servicios y asistencial. Los hombres al cemento, la madera y la industria. Las mujeres a los tajos donde en lugar de herramientas y ladrillos había otra ‘cosa’ diferente que atender: las personas. Y todavía hubo quien se atrevió, en aquel entonces a denigrarles.  Maketas y maketos, les llamaron. Xenofobia infame a la vasca lo llamaba yo.

El tiempo vuela tan rápido y las cosas cambian tan vertiginosamente que ya se nos ha olvidado. Pero todas ellas son nuestras madres. Y las ‘amamas’ de nuestros hijos de hoy. La generación nacida en los años de la Dictadura.  Venían la gran mayoría de aquella España rural que aún cagaba en cuclillas en la cuadra del ganado. Que malamente había podido acabar una EGB y casi ninguna un bachiller. De casas y entornos humildes en las que se calentaban con braseros fuego y carbón y donde no había primer plato y segundo porque ‘se comía lo que había’. De compartir radio entre varias familias, o de escucharla en casa del vecino para poder informarse de lo que pasaba en el mundo. Y soñar con algo mejor…

De eso no ha pasado tanto tiempo. Pero parece que estamos hablando de hace mil.  Con nuestros móviles inteligentes, nuestras televisiones de plasma, el euro (bendita peseta), nuestras neveras petadas, nuestros armarios llenos de ropa, nuestras carreras universitarias y nuestra ‘democracia’ y ‘Estado de Bienestar’.

Ellas conforman esa generación que durante estos últimos años está entrando en la década vital que sobrepasa las 60 primaveras y que ya han empezado, poco a poco, a jubilarse. Hoy se merecen unas líneas. No compensarán ni por asomo sus sacrificios personales y colectivos pero me parecía de ley. Han sido muy importantes. Como sostén del sistema, sí. Pero también como cimiento de las familias y por ende de esta sociedad tan surrealista y contradictoria que conforma ‘nuestra’ España.

Así que yo hoy les hablaré de ellas. De esas MUJERES. Y a todas ellas escribo esta carta. Sobre todo a quienes sostuvieron con sus madrugones y su espinazo todo el sistema sanitario y asistencial vasco. Osakidetza se llama en Euskadi. Casi en su totalidad mujeres. Pero bien podría aplicarse a todo el sistema español. Ellas, se merecen un reconocimiento y un agradecimiento. Y un homenaje. Tengo una en casa. Sé de lo que hablo.

Ellas fueron quienes contribuyeron a que esta Sanidad de hoy, sea lo que es. Copando esos puestos de la limpieza de los hospitales, de auxiliares, de asistencia a personas dependientes… Aquellas niñas forzadas a ser mujeres para llevar dinero a sus casas; para contribuir a llenar el estómago familiar. Sin preguntas. Sin estudios superiores, ni carreras, ni universidades. Sin más opciones.

Ellas. Que bien podrían haberse llamado Juli, Katy, Mari Cruz, Beni, Maribí… O Teresa. Teresa. Como se llama mi madre… Ellas. Que fueron hasta valientes para tener sus hijos jovencísimas.  Y que nos educaron, nos criaron  y se cargaron a a sus espaldas el peso de todas las familias y la construcción de la nueva sociedad de las libertades y de la democracia. La de los sueños. Ellas. Que llenaron las huchas de la Seguridad Social y que sobre todo se dejaron la piel y se desvivieron para educarnos y darnos todo lo que ellas no habían tenido en su niñez.  Intentando que no olvidáramos los valores y el sacrificio del que manaba todo aquello. Y que nosotros, sus hijos e hijas, no supimos asimilar. Ni integrar. Ni tener presente. Obnubilados por esta especie de ‘cunas de oro’ de la clase media acomodada que nos nublaron la vista y la memoria. Éramos ricos y poderosos con 1.500 € al mes y nos reíamos de los mileuristas y del compromiso social. Y de los valores. Y de la lucha. Nos volvimos consumistas e individualistas y dejamos de pensar en que había muchas cosas mal alrededor por las que seguir luchando y por las que nuestros abuelos lucharon en su día. En cierta forma fue una especie de pequeña traición. Una especie de ‘dilapidación’ de todas las batallas ganadas que habían hecho posible que nosotros viviéramos este estado de bienestar. Pero esa es otra guerra y otra historia…

Hoy quería rendir un homenaje en estas líneas a todas aquellas mujeres que fueron madres de mi generación. La de los nacidos al calor de la incipiente democracia. Especialmente a esa pequeña gran familia del Hospital de Cruces. Donde hay 370 mujeres de la limpieza, que con sus espaldas encorvadas y sus caderas desgastadas de darle al mocho, sus madrugones, su vergüenza torera y su buen hacer, hicieron y hacen posible que la red sanitaria de Euskadi brille de dignidad. Mujeres en el 90% de los casos.

 

Todo además de especial valor cuando hablamos de esos centros de trabajo de especial sensibilidad que son los hospitales. Rodeados siempre de intra historias humanas que giran alrededor de situaciones dolorosas. Historias de sufrimiento propio o del de seres queridos. De salvación o de pérdida. De dramas o de milagros. De tristeza o de esperanza… Esos ‘talleres’ en los que se reparan los cuerpos pero casi NUNCA las almas. Y en el que sé de buena tinta que muchas de ellas han sumado mucho a esa otra curación. Con otra medicación que no se basa en bisturís ni en quirófanos. Pero que cura. Y que palía: la del cariño. La de la sensibilidad. La de la humanidad. La de sonreír y hacer sonreír incluso cuando no se tiene ganas. Por el mismo precio y sin pluses en su nómina. La que atiende a esa otra salud que no sale en ninguna placa, ni resonancia. Pero que está ahí… Y que ellas ven como ninguna sabe… La del alma…

 

Sé de lo que hablo…Lo tengo, gracias a Dios. De ejemplo. En mi casa.

Bravo por vosotras. Y gracias por todo vuestro sacrificio y fortaleza. Ojalá sepamos honraros como os merecéis. Sirva como pequeño grano de arena, esta carta.

Categorias