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EL AMOR EN TIEMPOS DE PANDEMIAS

Ya no somos ningunos niños. Ahora ya sabemos que el amor NO es eso idílico y perfecto que nos vendieron. Y que no siempre acaba bien. Y sin embargo el Amor. El amor… sigue moviendo el mundo. Nuestro mundo….

Mil guiones de cine, canciones, novelas; mil confesiones entre amigos y compañeras de trabajo… Tinder, Meetic, Badoo, First Dates… Con pandemias que puedan matarnos  y confinios que nos aislen del mundo real…El amor y el desamor son el epicentro de TODAS y cada una de nuestras vidas. Y todas y todos lo buscamos de alguna manera u otra.

Porque a veces el amor llega un día de repente para volcarlo todo. Pero hay veces que ya no lo encuentras jamás. El amor no entiende de géneros, países, religiones, edades, dinero en el banco, no entiende de discapacidad… Decía la canción de Maroon 5 que «todos somos estrellas perdidas, tratando de iluminar nuestra oscuridad…»

Y todas en una misma búsqueda. Redes sociales, terrazas de bares, gimnasios, miradas en el metro de cualquier ciudad… A veces no seremos correspondidos, a veces ni siquiera esa persona nos convendrá… A veces un like o un whatsap nuestro no tendrán jamás respuesta; otras veces nos amarán personas a quien nosotros no podremos amar. Eso no lo eliges tú. Ni la razón. Hay una especie de click que sucede. Vibraciones que operan en otro lugar. Invisible e irracional.

Todos corazones huérfanos buscando un match. Buscando el milagro de dos almas que de repente…ZAS!!!

Así que yo les deseo toda la suerte del mundo, queridos. De todo corazón. En la búsqueda más bonita de la existencia. La búsqueda del amor. Y luego que se mantenga por muchos años!!! Y que jamás dejen de creer. Da igual la edad. De intentar enamorarse y dejarse enamorar. La vida comienza cada día que nosotros le permitimos volver a empezar… Buenos vientos, oh capitanas y capitanes!!!

DIARIO DE CONFINAMIENTO. PANDEMIA CORONAVIRUS

DÍA 1. “TRAS DECRETAR EL PRESIDENTE EL ESTADO DE ALARMA”.

Epílogo: Lo primero primero de todo darle las GRACIAS en mayúsculas a las trabajadoras de la panadería, el chico del kiosko y las del QUOP. EL APLAUSO de esta noche debería ser no sólo para quienes curramos en hospitales sino para TODAS las personas que en medio del caos siguen acudiendo a DARNOS SERVICIO y currar. Vendernos el pan, poniendo una tuerca en la fábrica, sirviendo gasoil o limpiando la habitación del enfermo. ¡¡BRAVO!! SOIS UN ORGULLO!! Y MIL GRACIAS!! Mi aplauso de esta noche  a las 21h irá para todas y todos vosotros!!

 

Acabo de venir de comprar el pan y el periódico. E impacta. El silencio atronador. En las calles y entre las personas. Supongo que es normal. Aún estamos muy en “shock” y en el principio de un contexto que siquiera sabemos a ciencia cierta cuánto durará. (aunque estoy seguro de que lo venceremos pronto) Todas asimilando algo jamás vivido antes tras la prohibición oficial de salir a la calle ni socializar a toda la población salvo para cuestiones mínimas. China, Italia, España y los países del mundo que vendrán. Pandemia no entiende de fronteras. El mundo a nivel global y cada uno de nosotros a nivel personal nos enfrentamos a una situación de excepción. Vivo solo. Y no tengo perro ni gato. Soy muy ansioso e hiperactivo y suelo necesitar la calle y HACER. HACER. HACER. Así que estos días voy a necesitar escribir más que nunca. Y a la música. Más que diversión siempre he sentido ambas como una necesidad. No sé cómo explicarlo. Es como si me conectaran con canales en los que fluyo. En los que conecto con el otro yo de mi géminis. El de la quietud. El del SER. No el del HACER. Sino el del SER. Aquí frente a la página en blanco me siento tan libre y tan abstraído como en la cumbre de una montaña… Así que ahí va:

 

Seguramente los días venideros todo se normalice bastante más, pero hoy día 1 quiero contaros y contarme lo que he sentido al bajar a la calle. Porque ha sido extraño. Compartir es vivir. A mí me ayuda leeros. Y sentiros. A vosotros. Así que devuelvo el guante. Un silencio acongojante lo impregna todo. Y eso en el país del grito pelao, impacta más todavía. Carreteras y calles antes repletas, casi desiertas. Como en esas películas de ciencia ficción sobre el juicio final que nos han metido por los ojos decenas de veces. Las tiendas de alimentación con colas largas por el metro y medio de distancia social. Quizás todo esté un poco más en silencio por ello. Y quizás las caras estuvieran un poco más serias a pesar de ser un domingo soleado de casi primavera por eso. El miedo, la tensión y ese metro y medio. Nos iremos acostumbrando. Seguro. En dos días estamos como los italianos. Bailando la Carrá. Pero hoy a primera hora no. Y ha sido extraño. Y la prisa. La cero prisa. Sin niños y niñas con sus familias yendo a jugar los partidos, gente haciendo deporte… Toda la gente en las pequeñas colas y acudiendo a las tiendas caminando y procediendo sin prisa. Como queriendo asimilar lo que está pasando. Digerir.

¿Y sabéis con qué me quedo, además de todo lo dicho? Con los pequeños gestos. Ceder diez personas con amabilidad y empatía el paso a la anciana que ha llegado la última para que no esperara tanto tiempo de pie y expuesta.

vincero!!

Con eso me quedo. Porque sí, lo sé. Que el ser humano posee esa dualidad dramática por la que es capaz de cometer los más horribles actos y tropelías y ser un canalla infame. Pero también somos esos que vamos a salvar vidas de forma voluntaria al Mediterráneo o a quitar chapapote a las costas galegas. Así que hoy me quiero olvidar de lo borregos que somos cuando compramos papel del culo por toneladas o cuando escapamos corriendo a Denia o a Marbella. No somos perfectos. Tenemos aún cerebro reptiliano. Y a veces ni eso. Pero prefiero quedarme con la parte positiva y solidaria. Con la del “pase usted delante, no importa”, y con la del “mil gracias compañeras dependientas (casi todas mujeres por cierto las que me han atendido hoy), por estar ahí, dando el callo y al pie del cañón. Y que tengáis buen día”

 

Vincero, decía Nessun Dorma. Y en esa lucha de luz y oscuridad. Siempre prefiero mirar hacia la luz… Abrazo y seguimos en contacto estos días.

 

¿CONOCES A TU VECINO DE ENFRENTE?

No sé si les hablado alguna vez de mis vecinos. Pero la verdad es que merece un capítulo aparte. Además el karma me lo debía. Yo ya he pasado por esas (típicas por lo que me cuentan) situaciones surrealistas de tener que lidiar con vecinos «psicópatas», franquistas, o las dos.

Pues ahora no. Estos de ahora me tienen enamorado. Llevo un año y medio en este piso. En la noble y batalladora Villa de Portugalete. Y miren, yo no sé si tener buenos vecinos te da la felicidad o no, pero te la acerca. Y paz te da. Y sentimiento de arraigo también.

Pues vean. Así para empezar. De momento debajo de mi piso, en el bajo, tengo a dos entrañables viudas septuagenarias que se pasan el día haciéndose mutua compañía en el descansillo, a puertas abiertas. Con el albornoz y zapatillas de casa, ahí en pleno portal. ¡Ala! ¡A lo loco! Como si estuvieran en cualquier edén en extinción de esos llamados «pueblo».  (bendita España rural)  Dos cracks con vidas duras pero más majas y saladas que las pesetas. Sonrientes siempre. Y siempre con ganas de echar algún chiste o alguna broma que aligere el peso de la soledad y de la vida. Y lo siento, pero ahí me han «dao» en punto flaco. Porque a mí me encantan. Me hacen recordar aquellos veranos de infancia en la aldea gallega de mis abuelos o en el pueblo de cigüeñas y de «chones» de la Extremadura de mis otros. Y eso mola. Mola mucho. Hoy en día más.

Y en el piso de arriba, tengo a mi pobrecito Armando. De León. Otro aitite. Y digo pobrecito porque este, en cambio, ya se las ve canutas para poder subir y bajar de su segundo piso. Y, aún así, todo un jabato porque, a pesar de sus maltrechas rodillas y caderas, él está siempre para arriba y para abajo con sus dos cachabas y sus bolsas del súper cargadas hasta las cartolas. Un puto crack. Le admiro. A Armando le encanta contar anécdotas y escuchar las tuyas. Y quejarse de que suben los recibos de la luz. El otro día me contó que un chaval desalmado le engatusó en el portal y mientras tanto, le guindó la cartera.  Si lo llego a coger, lo crujo. Porque hay que ser calaña y cabrón. Los niños y los mayores, sagrados.  Armando, claro,  ve gente joven y se arrima. Porque él en el fondo lo es.  Y esta escoria se aprovechó.

Y ahora ha venido una pareja súper maja a vivir en frente. Ella otra sufrida periodista y él un abogado en paro. Jodido enlazar vocación y economía en este bendito siglo XXI nuestro. Jóvenes. Con la ilusión de construir y sacar adelante su primer «nido» propio, por el entusiasmo que se percibe en sus miradas. Buen rollo. Mola.

Por lo demás el frutero de debajo de mi casa, casualidad de la vida, es otro montañero loco. Y sus mandarinas son drogaína dura. Sin pepitas. Esencial. Las tiene controladas.

Así que, miren, yo estoy más a gusto que un arbusto. Por el barrio y por la gente. Y doy gracias. Dicen los hindúes que nuestros vecinos deberían ser de nuestros mejores amigos por que «cuando se incendie tu casa, él va a ser quién más cerca esté para apagar el fuego. Para salvarte».  Igual no se te incendia jamás, pero seguro que una pizca de sal te hace falta alguna vez. En este mundo tan frío y tan de redes ¿sociales? que a veces sustituyen a la realidad. Y en el que ya no conocemos ni siquiera a quien vive en la puerta de en frente.

 

FILM «MIENTRAS DURE LA GUERRA»: ¿VENCER O CONVENCER?

¿Vencemos a Cataluña o la convencemos? ¿Vencen los militares al pueblo chileno a base de disparos o les convencen a base de democracia? ¿Se puede imponer acaso una idea o vencer a la contraria con violencia o imposición? El largometraje de ALEJANDRO AMENABAR es perfectamente contemporáneo. A pesar de hablar de años pretéritos en la Historia de este Reino llamado España.

«Mientras dure la guerra» era para mí de obligado visionado. La figura de mi paisano bilbaíno Miguel de Unamuno, poeta, filósofo, novelista y rector de la Universidad de Salamanca, se ha llevado históricamente hostias por todos los lados.

Unos le llamaban facha fascista, otros le llamaban rojo comunista traidor… ¿No os da qué pensar? Creo que la película de Alejandro Amenábar hace un repaso histórico bastante fiel. Y yo me quedo con el último discurso de Unamuno ante ese salón lleno de militares golpistas al servicio del dictador FRANCISCO FRANCO y cuyo contenido (en distintas versiones) forma ya parte de nuestra Historia. «Vencer no es convencer. Para vencer hay que persuadir. Venceréis pero no convenceréis». Eso proclamó. Evidente.

  

Pero eso aquí siempre ha dado igual. Somos aún un país de cachaba y envidia. Y de arreglarlo todo a la brava. O por la espalda. Se transmite también muy bien en la película la inmensa y profunda pena que siempre le dio a Unamuno ver este país de odios cruzados. Donde aún hay muchos muertos sin enterrar y muchas heridas. Y donde todo el mundo quiere imponer al otro su visión de las cosas. Por la fuerza o haciendo trampas. Todo vale. Pero sin emplear la razón. El intelecto. La dialéctica. ¡Para qué! Pudiendo hacer guerras sucias, leyes injustas, manipular a las masas, pegar tiros, porrazos, incendiar la calle o insultar al vecino de escaño y de provincia… Siempre haciendo discurso o política a la gresca y contra alguien. En lugar de debatiendo y discurriendo.

Ojalá dentro de otros 41 años de democracia hayamos sabido construir un lugar con menos odios… Y más tolerancia… No lo veo nada claro. Al revés. Seguimos en un bucle. Mismos problemas que en 1936. O peor… Si Don Miguel levantara la cabeza creo que probablemente volvería a meterla.

PD- Por cierto. Mi paisano vasco Karra Elejalde de Premio Goya. Recomiendo verle en otro papel dramático: «Y también la Lluvia» de Iciar Bollain. Karra es mucho más que comedia. Grande.

 

 

EL SÍ ESTARÁ DETRÁS DE LA DÉCIMA PUERTA. NO DEJES DE APORREARLAS.

Qué duro es a veces escuchar la palabra NO ¿verdad?

Depende del día un rechazo te golpea en mayor medida, como un mazazo. El NO. El temido NO. El que te cierra una puerta. Y te genera mil dudas. E inseguridad. E incertidumbre. El que hace temblar por un momento tu convicción…

Sobre todo cuando le pones toda tu fe a algo. Y toda tu energía. Y energía, y energía, y energía… Y le echas horas y horas de curro y esfuerzo. Y de pasión. Y te vacías. Y pones tus sueños y toda tu alma en lo que haces… Hay días que esos NOES te hacen pupa. Y hasta se te escapa alguna lágrima. A veces de puro agotamiento, más que nada. Cuando vas en quinta cada día a por tus ideales, a veces el motor va fundido. Y llega el kilómetro 30. Y el cerebro (cabrón racional, él) te pone a prueba. Porque la extenuación te pone en ese estado de “a flor de piel”.

Cuando la cabeza te dice no, el corazón aún puede un poco más…

¿Pero sabéis? Un NO siempre es una oportunidad. Para repensar. Para un replanteo. Y después del disgusto inicial has de hacerlo un aliciente. Un espoleo. Una prueba mental. Para salir reforzado y aprendido ¡¡y volver a la carga con más herramientas y más armas!!  La vida está llena de ellos. De rechazos. Y de NOes. Y hemos de estar preparados. ¿Porque sabéis? Dice cierta estadística de barrio que existen nueve NOes antes de llegar llegar a un SÍ. Nueve puertas que se cierran hasta encontrar la que se abre.

Así que mientras yo viva, JAMÁS voy a dejar de intentarlo. De buscar esa décima puerta. Luego quizás querré otras nuevas, quién sabe. Nuevos retos. Y todo volverá a empezar. Es el bucle de quien bregue en guerras nuevas que se encuentren fuera de su zona de confort. Buscando otros lugares y otros retos. En mí eso es una especie de adicción. Y con esto del cine y de la televisión, que además es vocación, además de vicio, es pura necesidad. Debo hacerlo. Debo apretar aquí. Nací redactando y quiero morir igual. Y además soy bastante hábil detectando y atrapando las buenas historias. Lo que «vende». Lo que interesa. El negocio. No en vano fueron más de quince años de vida comercial en muy distintos sectores entre sí y reuniéndome y viajando con cientos y cientos de personas de mayor o menor cargo y estatus. A algunos me los habría llevado a mi casa y a otros les habría puesto una merecida litera en algún calabozo de comisaría.  Por mucha corbata que llevaran. Pero entre todos ellos me dieron cierta visión y perspectiva de la vida. Por eso creo que de lo mercantil sé, fíjense, hasta demasiado. Aunque he visto su lado oscuro. Porque el dinero suele contaminarlo casi todo. O al menos la esencia sana e idealista de cada cosa. Pero no todo. No todo.

Soñar es un poderoso motor de cambio…

Así que lo lograremos. Permanezco invicto y convencido. Porque esta es la carrera de fondo más bonita y motivadora a la que me enfrentado en toda mi vida. Y no pienso hacerle caso al cerebro. A la razón. Sino a todo el resto de mi cuerpo. Y a energías que no sé explicar. Y que me empujan a no rendirme. A seguir. Aunque haya días en que se note el desgaste psicológico. De esa siembra constante y afanosa sin ver aún tomates.

Porque hay días grises en el camino, sí. Pero la mata sigue creciendo. Y ya no vamos a dar ni un paso atrás. Hay que seguir regando y mimando. Y creyendo. Yo los veo. Aunque todavía no estén. Tomates rojos. Oliendo a dulce. Maravillosamente irregulares e imperfectos.  Yo los veo. Y si puedes soñarlo, puedes lograrlo. Eso leí algún vez en una #tazaconmensaje de esas de tienda de souvenirs… O quizás me lo dijo algún profesor del colegio cuando yo era pequeño, ya no recuerdo. Y yo como soy tan iluso…me lo creí.

NI-UN-PASO-ATRAS. Renuncié una vez a mí…Y a soñar…Una vez. Pero dos, jamás… Ya no.

Abrazo grande, oh capitanes y capitanas!! No hagan caso de las dudas. Aporreen hasta la décima puerta. Y todas las que hagan falta. Sueñen!!  Es el motor para vencer al NO!! Y hacer de ese fantasma, aprendizaje, fortaleza y oportunidad!!

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