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SUICIDIO Y ESTIGMA. ¿Lo fue el de Blanca Fdez. Ochoa? ¿Hablamos de ello?

Hace poco vi la película “Ha nacido una estrella” de Lady Gaga y Bradley Cooper. Y la verdad es que me dejó pelín tocado. No me la esperaba así. Y yo no sé si finalmente BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA habrá fallecido fruto de una decisión personal o no. Pero quiero hablar hoy de ese tema. Otro tema TABÚ. Pero no por ello inexistente. El SUICIDIO. Porque a veces nos creemos, ilusos y necios de nosotros, que por no hablar de tal o cuál cuestión y ser negacionistas, tal realidad deja de existir. Como si el NO hacerlo, acabara con el problema.

B.S.O Film “Ha nacido…”

 

¿Y si fuéramos valientes? ¿Y si habláramos claro y de frente sobre el SUICIDIO? ¿Sobre una de las causas de muerte más importantes en España? ¿Por qué no hablar, en el caso de que BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA se hubiera suicidado, sin miedo y sin vergüenza sobre ello? Quizás casos tan mediáticos y de personas-referente pudieran ayudar a muchas y muchos otros a resistir. Y a nosotros a poner el foco en lo que está pasando.  En el peligro del SILENCIO y en las carencias del sistema público de atención a pacientes con patologías mentales.

Tan sólo con que ayudara a una sola persona, este artículo y este post ya habrán merecido todo la pena.

¿La Sanidad Pública tiene medios y métodos suficientes y adecuados para estas “nuevas gripes”? Enfermedades cada vez más comunes y extendidas en este siglo XXI de mucha tecnología y relaciones a distancia pero poca calidez y humanidad. Enfermedades que afectan al alma y la mente. Dolencias “invisibles”. Porque no se ven como una fractura, ni duelen físicamente. Pero que pueden hacerte sufrir tanto y tan profundo como para llevarte a querer dejar de vivir. Y no hablamos sólo de gente “sin recursos”. Hablamos de que esas enfermedades son transversales. Y no entienden de clases sociales, ni de estatus… Y eso lo sabe bien gente como el futbolista Iniesta, que tuvo suerte y ayuda y lo superó. Pero gente como el DJ Avicci, Amy WineHouse, el actor Robin Williams, Kurt Kobain y ahora posiblemente BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA…no pudieron o no supieron… Como tanta gente anónima que se quitó la vida. Seguro que todos y todas hemos conocido, tristemente, algún caso cercano…De personas que llegaron a ese momento límite en el que decides que ya no quieres más. Que ya no puedes más…(descansen todas y todos en paz y ojalá hayan encontrado eso precisamente…descansar…)

Robin

Amy…

 

Avicii. Descansen en paz…

“Según el INE, el suicidio lleva siendo primera causa de muerte no natural en España desde 2005. En el año 2017 –últimos datos disponibles–  3.679 personas vieron como única solución, quitarse la vida”

 

 

 

 

 

El modelo de sociedad actual nos entrena desde pequeños para alcanzar el éxito y lograr ambiciones materialistas, pero nadie nos prepara para afrontar la frustración, el fracaso o la desmotivación. Para vencer el VACÍO. Porque de eso hay quienes sabemos un poco. Del vacío. Una emoción difícil de explicar. Rara. Caprichosa. Y que a veces uno no sabe ni por qué llega ni cómo expulsar. Pero que miles y miles de personas hemos sentido y sufrido alguna vez. Porque se sufre. Es invasiva. Enigmática. Y dura de roer.  Y se puede agudizar hasta querer quitarte la vida. Yo escribí sobre ese vacío cuando apenas era un niño. Hoy sé que eso me ayudó. Hablar de ello es necesario. Y urgente. Hay que lograr que esas personas no se sientan solas, ni acomplejadas, ni tengan miedo al juicio de la gente. Hay que lograr que el silencio no las rompa por dentro. Hay que matar el silencio. (Walt Withman dixit)

Y en paralelo presionar a los gobiernos para que la SANIDAD ponga más medios. Más médicos especialistas. Más psicólogos y psicólogas. Que todas esas personas no tengan que pagar 70 € por consulta. Eso si es que pueden. En terapias que son largas y costosas en el tiempo. Que suelen durar años. Las enfermedades mentales no son constipados. Cualquier profesional o persona que haya padecido alguna lo sabe.

¿Pero qué les llevó a Avicci, Kurt, Jim, Robin, etc. a querer renunciar a lo más valioso que tenemos? ¿O a Iniesta a querer dejarlo todo? Hay una película, bellísima y durísima a la vez que habla de ello… De la que antes os hablaba. “Ha nacido una estrella”. Con Lady Gaga y Bradley Cooper.

¿Y sabéis? Yo tengo mis propias teorías. Pero a casi todas las une una misma cosa. EL SILENCIO. Que no es otra cosa que una especie de GRITO DE SOCORRO NUNCA VOCALIZADO. Nunca hecho sonido. Sólo emitido en su interior. Dentro de su mente. Nunca exteriorizado. Y convertido en un silencio desgarrador. Y que acarrea la más inmensa y oscura soledad ante el problema que se tenga. Fuere el que fuere. Da igual un VACÍO existencial que no se logra llenar, que un desamor, que una deuda económica, que un fracaso, que una enfermedad sobrevenida… EL SILENCIO. Eso fue lo que nos les robó al final. A tantas personas, genios o no. En ese momento extremo.

Descanse en paz, Blanca…

 

No fue que fueran más débiles, o más sensibles… Todas y todos, lo somos al fin y al cabo. Fuertes y sensibles a la vez… No fue eso. NO. Fue el no saber o el no poder. Reventar. Pero hacia fuera. Libres de esa asfixiante y cruel soledad del monólogo interior. De la implosión. Del castigo de sentirse una voz que grita pero que nadie escucha… De la soledad de nadie más que el eco al otro lado… (TELÉFONO DE LA ESPERANZA – 717 003 717)

 

Ellas y ellos decidieron que así fuera. Y eso nos les arrebató de esta vida. ¿Y qué pena verdad? Esa sensación de no haber podido estar justo ahí en ese mismo instante. Un amigo, una madre, una pareja, un vecino, una hermana, un compañero de curro, una psicóloga… ALGUIEN. Alguien al otro lado de un café, o de un teléfono, o de una almohada…Una mirada. Unos oídos. Un “tranquilo, no va a pasar nada. Todo tiene solución…” . Y romper ese muro. Y después seguir haciéndolo. Claro. Arreglar un problema requiere enfrentarlo, trabajarlo y esforzarse mucho.  Rascar en la superficie para llegar al origen. Para curarlo. O aceptarlo. Trabajar. Trabajarse. Duro. Pero si se cruza la línea roja, ya nada de eso tiene enmienda… JAMÁS OS CALLÉIS UNA PENA O UN VACÍO. Hay muchos al otro lado que se han sentido igual que vosotros y vosotras. Igual. O peor. (TELÉFONO DE LA ESPERANZA – 717 003 717)

De mi primer libro…Escrito con esa edad. Sentido mucho antes…

Quiero dedicar y dirigirme hoy con este escrito con todo el amor del mundo y con mucha paz a quien sufre y no la encuentra. Y a quienes hayan encontrado su descanso en la muerte porque no supieron o no pudieron vencer a la existencia… Ojalá estén por fin en paz…  Todos los países europeos empiezan a preocuparse de medidas preventivas. Pero jamás hablamos de ello. Y es una realidad que existe. Empecemos por aquí. Por hablar de ello . Y ayudarnos. A vencer.

Abrazo grande y carpe diem, oh, capitanas y capitanes!!! Cuídense infinito  #TodasBajoElMismoSol

(TELÉFONO DE LA ESPERANZA – 717 003 717)

Crónica final. Contra Cumbre del G7.

Marcha pacífica por los derechos de las personas y del planeta. 15km aprox. Muertos. Calor extremo. Pero una vez más siento que ha merecido la pena. “Una sola conciencia que despierta, ya jamás tiene vuelta atrás”. Así es, personas compañeras. There,s no Planet B. No se negocian lo derechos humanos ni lo justo. No queremos ni aceptamos su modelo neoliberal tirano y cruel. Inhumano. Existen modelos alternativos. Y funcionan. Sólo que eso supondría su pérdida de CONTROL de las poblaciones. Y por tanto la pérdida de su  riqueza y de su poder. Por eso nos hacen creer que NO se puede. QUE NO hay alternativas. Que es IMPOSIBLE cambiar las cosas. Y poner límites y controles al ansia y la usura del capital. Y NO lo es. No lo es. Necesitamos un país libre de estrategias cuyas fuerzas humanistas se pongan de acuerdo por el bien del planeta y de los derechos de lo más débiles y vulnerables. Necesitamos protección.  #TodasBajoElMismoSol

Ver vídeo.

LAS DROGAS, MIS SUEÑOS Y YO.

Mi madre, la persona a la que más admiro y valoro del mundo, por mujer y por madre,  no estaba muy de acuerdo en que hablara de esto de forma pública. Pero yo le dije que nadie debería vivir con miedo al juicio de nadie. De hecho, no existe juicio más tirano y ni del que seamos más esclavos que del que se realiza uno mismo. Yo lo hice. Yo ya me juzgué, me condené y me castigué muchas veces por esto que voy a contar. Pero hoy lo hago sin miedo. No hice daño a nadie. Salvo a mí mismo. Hoy me apetece contárselo al mundo. Y así lo elijo. Será la última vez que lo haga. Que hable de ello. Y después lo dejaré marchar. Para siempre.

 

Por eso hoy, por elección propia y por convicción quiero hablar de un tema tabú​ del que apenas hablamos públicamente​. ​Aunque esté a la orden del día y sea desgraciadamente más cotidiano, extendido y “anormalmente normalizado” de lo que debería. Estos días estoy muy revuelto. Para bien. Están pasando cosas preciosas y milagrosas en mi vida, relacionadas con el periodismo y con escribir. Pero cosas que debieran haber ocurrido hace 20 años. Y que no se dieron porque yo, mi peor enemigo, lo impedí. Pero hoy en día con 4o años ya estaba listo para hablar de ello. Siento además que es lo que tengo que hacer. Ante todos. Como si fuera un poema más en uno de uno mis libros. Eso es parte del proceso de liberación. Parte de quemar definitivamente este capítulo y despedirme de él. Taponar esta herida que tantas veces me sangró y me mermó. Invisible a ojos de todos pero real dentro de mí.

 

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A veces los daños emocionales o psicológicos pueden ser tan profundos, (sobre todo los que acontecen en edades tan tempranas) que cuesta muchos años enfrentarlos y hablar de ellos.  Este se convirtió en MI DEMONIO. Y contarlo y compartirlo me sirve para seguir haciéndole pequeño.  Y quizás mi experiencia y mis errores puedan ayudar además a otros chavales y familias a escoger caminos distintos. ​Solo hay tres personas en la tierra que saben de esto de lo que voy a hablar con la crudeza con la que me voy a atrever a contarlo. Son mi psicóloga, mi madre y Elizabeth. ​Y todas los han sabido hace apenas escasos años. Después de haberlo trabajado yo. Hoy me apetece contárselo al mundo. Y así lo elijo. Será la última vez que lo haga. Que hable de ello. Y después lo dejaré marchar. Para siempre. Al final le debo las gracias. Mi DEMONIO me salvó. Me enseñó a luchar sólo. Y a sobrevivir.

 

De toda esta vivencia, además,​ es ​más duro habla​r​ porque causó dolor a mucha gente querida. A mi familia sobre todo. Me perdí muchas cosas. Algunas que ya no podré recuperar jamás. Como a mis difuntos abuelos de San Vicente, José y Josefa. Y a algunas que después me he esforzado en recuperar como a mi tío. (uno de los mayores regalos que tengo hoy en día) Causó sufrimiento y desconcierto a mucha gente. Además de a mí mismo.  LAS DROGA​S Y YO​.​

Hace poco conocí a un crack de Navarra, peregrino del Camino de Santiago  y que sin saberlo me dio una ​gran ​lección. Él fue valiente. Y cuando su vida se desmoronó, también muy joven, él sí supo pedir socorro y​ dejarse ayudar. Yo fui un cobarde. O un débil. O estaba demasiado asustado y desconcertado como para hacerlo. Y no supe o no pude pedir ayuda. Mal. Casi me lleva a la tumba. Literal. Tenía 18 años.  Y mi vida estaba en un punto de no retorno.

Existencialismo.

Lo que yo viví empezó con 14 años. Y fue un proceso que tuvo su triste culminación a los dieciocho. Fue la única vez en mi vida que quise que todo acabara. Que perdí las ganas de vivir. Padecí el resultado​ de cuatro años de ​puro y temerario ​descontrol. ​Al principio todo eran risas y diversión. Máximo. ​Subidones​ de vida. Pero artificiales. Felicidad química de postal. Plenitud de mentira.​ ​Lo peor es que a mí nunca me hizo falta. ​Con 14 años, cuando todo empezó, ​yo ya era química pura, energía y vitalidad ​sin necesidad de ayudarme con añadidos​. Hiperactivo dirían hoy. Sin duda. Lo soy. Desde siempre. Y mi caso no era el de ninguna familia desestructurada ni el de un chaval conflictivo ni nada de nada. Al revés. Jugaba ​en el equipo de ​fútbol, sacaba buenas notas, tenía éxito social y escribía y escribía y escribía. Ganaba algún concurso literario, tenía amigos de toda la vida, éxito con los amores, entusiasmo vital… Y además lo tenía muy claro. Tenía una ​clara ​meta y motivación en la vida: ser periodista. Y tenía optimismo.​ Desbordante. ¡Si yo ya era un redomado idealista cuando no sabía ni lo que era el idealismo! jajaja. Y ​tenía ​sueños​. ​14 preciosos años. ¡¡Cómo no tener sueños!!  ​​​ Siempre fui un ​chaval​ sensible​ al que no le gustaba serlo; ​un chaval que escribía poesías de amor ​pero siempre más cómodo tras ​su rol​ ​de​ ​trasto inquieto en clase y su apariencia ​de ​‘echao palante​’​. (Manuel Carrasco escribe en una de sus canciones “mis miedos me encontraron, mucho antes de encontrarme yo primero…”) Así que supongo (no lo sé) que estar​ tan seguro de mis capacidades ​hizo que me creciera. Y por ahí, y por ser tan vehemente y entusiasta (intenso diríamos hoy), empezaron mi querer probarlo todo y mi ansiar vivirlo todo​. ​Como si fuera a morirme mañana. Como si no existiera un mañana. Existencialismo elevado a la enésima potencia. Y me pasé de frenada. ​

​E​n pocos años fui perdiendo, sin darme cuenta, toda mi energía vital. La ilusión. La motivación. Las ganas. Las ganas de todo. ​Dejé de creer en todo lo que creía. En el futuro. En mis posibilidades. Dejé de creer en mí. ​Convirtiéndome en alguien lejano a ​César Fernández​. ​No fue de un día para otro. Las drogas fueron acentuando ese hastío vital con el tiempo. Lentamente. Como parte de un proceso. Los psiquiatras, los psicólogos y la gente que hemos vivido, reflexionado y disertado sobre este tipo de cuestiones, solemos estar de acuerdo en que las drogas tan sólo acentúan algo que tú ya tienes dentro. Que ya está ahí. En unos potenciará sus virtudes (aunque sea de forma puntual, artificial y un pan para hoy y hambre para mañana) y en otros las desgastará. En mi caso estaba claro lo que estaba ocurriendo. ​Merma. De un potencial precioso. De una mente creativa, pasional y sana.

Aquello comenzó a los 14 años. Cuando salí del colegio y llegué al instituto. Al mundo de los mayores. En el que yo siempre me había movido con comodidad. Y duró hasta los 18 años. Hasta que me di cuenta de que yo, ya no era yo. Progresivamente la droga me había ido cambiando y mermando. Mi hiperactividad; mi afán por vivirlo todo y experimentarlo todo; y mi ansia por vivir como si me fuera a morir al día siguiente me fueron acercando poco a poco a nuevos ambientes, nueva gente. Y a las DROGAS. Nadie me influyó. Fui yo sólo. No solo las consumía sino que las defendía como un derecho y una libertad de elección. Al principio con el hachís sin esconderme ante mis padres. Al revés. Yo lo contaba en casa y escribía cartas al director de El Correo defendiendo la legalización.  Para mí era un ejercicio de libre albedrío desde la responsabilidad y apelando a mi madurez y a mi inteligencia. “Yo sabía lo que hacía. Y era mi derecho”. ​¡Dios mío! Mis pobres padres… No me llegará toda una vida para compensarles el sufrimiento de aquellos años. Tiene que ser durísimo asistir impotentes a ​ver ​cómo un hijo​ se autoinmola y​ tira por la borda ​todas ​sus posibilidades. Su futuro. ​Ver que el niño​ a quien has criado en unos valores y a quien le has puesto a su disposición, con esfuerzo y sacrificio, todas las oportunidades del mundo, desperdicia todo eso.  Y ver cómo se transforma en un desconocido. En una persona que no es él. En otra persona. Tiene que ser muy duro. Asistir  a algo así.​​ Aunque ​mi madre ​ya no se acuerde o no se quiera acordar. Y aunque me diga que no​ fue para tanto. Yo lo sé. Y a mí no se le olvida.

​Porque yo además lo reivindicaba. ​ Mi derecho, mi derecho, mi derecho. Yo, yo, y yo. Y sino os gusta me echáis de casa. Chantaje. Puro chantaje emocional. Así de cabrón y de ciego pueden hacerte ese cóctel de soberbia, frustración y drogas. ​Hasta que llegó​. Llegó​ el batacazo final.​ El que a la postre me mató pero que me estaba a la vez salvando la vida. Salvándome de haber acabado (quién lo sabe) como un alma en pena marginal de esas que vemos por las calles, o en un psiquiátrico, o en un tanatorio…

El punto extremo fue llegando con el tiempo. El conflicto interior entre mis hábitos y mi conciencia se acentuaba. Y también con él la frustración, el sufrimiento, la ira…Un círculo vicioso del que ya no sabía cómo salir. Viéndolo con el tiempo y desde fuera puedo decir, con la mayor de las vergüenzas y el horror del mundo, que llegué ​en ocasiones a parecerme a ​uno de esos chavales que hoy veo en el programa “Hermano Mayor”. ​Un tirano indomable y soberbio. ​Con mis padres. Muy muy jóvenes entonces (rondarían los 37 años, ellos). Cruel. Descontrolado. No había forma de hacerme entrar en razón. La soberbia, que no deja de ser exceso de orgullo y falta de humildad, me cegaba. Y lo pagué.  En mi caso no me habría hecho falta ningún otro estímulo. Pero siempre quise jugar al límite. Y vivir como si fuera a morirme mañana.

​Y llegó. Llegó como un tsunami arrasa con todo. ​ ​Un hecho que supuso la​ destrucción ​total ​de mi mundo. A los 1​8​ años. Después de haber vivido todo y probado todo menos la heroína, el “listo” de la clase y del barrio, ​y ​que ya estaba ​mental, anímica y emocionalmente ​a la altura del betún y en pura decadencia, se quedó a ​UNA​ DÉCIMA, una puta y miserable décima de la nota de corte para entrar a periodismo. A​ lo que probablemente habría podido reengancharme  ​a ​mi verdadero yo​. Y recuperar al verdadero César. ​Un 6,66 saqué yo. Un 6,77 era la nota de corte. ​Dos veces. Dos selectividades. Misma nota. Como si el destino quisiera ​darme la mayor ​y más cruel lección de mi vida. Merecida. Ganada a pulso. Mi único y mayor enemigo había sido yo. Y lo peor es que yo lo sabía. Sólo tenía 19 años. El ​h​ostión fue tan brutal ​como caerse de un rascacielos. ​Y toda la ira y todo el odio y todo el miedo y toda la tristeza y toda la decepción y todo el dolor los proyecté contra el único culpable. YO. ​Y se me quitaron las ganas de vivir. Habría descansado si me hubiera muerto aquel año ​en que cumplí​ 19 años. Fue un infierno. Un infierno interior. Lleno de demonios. Y de sufrimiento. Y de culpa. En silencio. Callando​ todo​. Superado​​. ¡​​Cómo explicar todo aquello y a quién! Por dónde empezar​..​. Y no lo hice.​ Y me​ rayé. Con la culpa. La culpa. La culpa. ¡Cómo salir de ahí! Cómo romper con mis círculos de entonces sin sentirme mal por hacerlo. Sin sentir que “dejaba en la estacada” a personas a las que yo apreciaba y me sentía unido. Con las que había compartido mi adolescencia en las buenas y en las malas. Cómo volver atrás… Cómo arreglar aquello. El daño a mis padres. El daño a mí mismo. Mi sueño echado por la borda. Y un único culpable. Sufrimiento. Máximo. Sentí que ya nada merecía la pena. Mi cabeza entró en un bucle peligroso y en muchos momentos sentí que me estaba volviendo loco. Pero no como el loco que ya nací y que siempre seré. Bendita locura esa. Hablo de enfermedad. De enfermedad mental. ​Miedo. Terror. Mudo. Y en soledad. ​

 

Y por eso​ aquel DEMONIO​, mi demonio, se​ fijó tan a fuego. En lo más profundo de mi alma y de mi mente. En mi memoria emocional. Como cuando un niño estudia un idioma de muy pequeño. Éste se le fija de forma férrea. Y no se le olvida jamás. A mí me pasó lo mismo. M​i demonio. Nunca exteriorizado. Y volviendo de vez en cuando desde entonces. En cualquier palo de la vida, en cualquier ruptura de pareja, al quedarte en paro, al fallecer un familiar​… Siempre ahí. Reventándome a inseguridades y a miedos. Y tambaleando mi mundo interior. Sin poder controlarlo. Porque ese DEMONIO era más grande que yo. Porque aún era aquel el niño de 18 años el que luchaba contra él. Débil y perdido. Y no el César de cuarenta.

 

Las DROGAS Y YO nos rob​amos mi sueño de la niñez. Desde que hacía mini periódicos con 9 años y los llevaba al

Dictada sentencia

colegio para que los otros niños y niñas pudieran leerlos en la hora de lectura. Y les entrevistaba; y encuestaba gente por la calle…jajaja. ¡Madre mía! Si yo ya en aquel entonces era un loco de escribir, y de contar y de contar y de contar. Y me cargué todo aquello. Y lo que todo el mundo a mi alrededor, profesores y familia, veían y sabían que era mi destino. No escuché a nadie. Ni a mí mismo tampoco. Me cargué aquel sueño de ser periodista. Y probablemente el poder vivir de ello hoy en día. Por eso sigue siendo tan importante para mí.  Es cierto que no sería quien soy sin haber vivido aquella disrupción y haber vivido aquellas cosas, pero yo siempre digo que pagaría por volver a aquellos 14 años. Y elegir caminos distintos. Después de mucho trabajo y malos ratos recordando todo aquello con mi psicóloga y amiga; de sacarme la carrera universitaria; de publicar libros y de ejercer, he logrado, por fin, perdonarme. Dejar de castigarme por aquello. He logrado mi paz interior. Salir absuelto y libre por fin de mi propio juicio. Pero sobre todo he entendido que fue también aquel fracaso lo que me salvó. Mi demonio me salvó la vida.

 

La psic​ó​loga me preguntaba​ muchas veces que c​ómo​ logré salir de a​quel infierno interior​ sin ​contárselo a nadie, y sin ​ayuda familiar o pro​fesional​. Y yo le dije que ​sí que lo contaba. Que se lo contaba a las páginas en blanco de mi diario y a mis poemas. ​Quizás deseando que alguien los encontrara. Y que escuchara todos aquellos gritos de auxilio que yo no me atrevía a sacar de mi garganta. Las letras. Me sostuvieron.

 

​Ya han pasado más de 20 años desde aquello. Yo no juzgo ni juzgaré a nadie ni nada jamás. Yo lo hice y fue mi voluntad. Exclusiva. Y cada cual decide sobre su vida. Lo respeto. Pero este es un tema que a veces se banaliza o se normaliza. Demasiado. La vida es un bellísimo regalo que puede ser muy perra ya por sí misma. Estamos todas expuestas al fracaso, a la frustración, al desamor, a la enfermedad tuya o de los tuyos, al paro, a la muerte, al dolor… Pero no le eches más gasolina a un fuego. Ese es mi consejo. Y las drogas son precisamente gasolina de 98 octanos. Todas. Las químicas más todavía. Pan para hoy y hambre para mañana. Y precariedad. Precariedad mental. Aunque te ayude y te divierta o te alivie el peso de vivir en un momento puntual. Cuidado. Cuidado con eso.

Un abrazo enorme enorme y carpe diem, Oh Capitanas y Capitanes!!! Cuídense muchísimo. Hay que vivir 100 años. Se les quiere. 😉

 

PD- Todavía hoy tengo algún amigo que 22 años después aún es un adicto. Diamantes que no supieron cómo salir de ahí.  ​Aunque yo confío en ellos. Nunca es tarde. Todos los demonios se pueden vencer. Y estamos aquí. Nunca nos fuimos. Y nunca nos iremos. Yo no. Y lo sabes. Sólo tienes que querer. Tú eres un alma gemela. Desde muy pequeños. Tu otra versión. La que nos da mil vueltas a todos. Esta no. La de estos años no. La otra. La que llevas dentro. Yo la espero. Yo te espero. Amigo. ​​

SOLO EN EL SUFRIMIENTO SE ENCUENTRA EL CRECIMIENTO

“Y entonces en cierto momento de mi vida fue cuando entendí…Que sólo en la derrota y el sufrimiento,

Tagore

se encontraba el crecimiento. La construcción interior. La resiliencia. Y si sabemos integrar lo aprendido durante la tormenta, he ahí también la evolución. Pero para eso hay que haber transitado esos lugares oscuros. Y saber darles las gracias”  Tal y como os escribí en Facebook a todas y todos, este texto podría haber sido de Rabindranath Tagore, sí. “Rabindranath Tagore. Textos perdidos. Poeta y filósofo hindú. MENTIRA. TOTALMENTE. 

 

Y os habría parecido más referente, y hasta si me apuráis más exótico-seductor y seguramente por ello habríais creído mucho más en el mensaje. Idolatrando los nombres por encima de los contenidos. Pero ahí también os he metido un gol. Yo se lo atribuí a él. Y nadie dudó. Gol chorra. Pero por la escuadra. Así que cuidado, amigas y amigos con lo que se lee en las redes. Y hasta en los medios. Cotejad. Nos engañan constantemente. Un solo copia y pega en la barra de Google basta.

 

Porque este texto no es ni será nunca del amigo TAGORE. Es de alguien contemporáneo, sin tanto nombre y que no es hindú. Pero que sí que lleva la cruz de la poesía y de la filosofía a cuestas.  Y que también ha vivido su proceso. Volved a leer este texto. Y su mensaje. Es el mismo. Pero este lo firma César Fernández.

Mensajes falsos. Manipulación

NOSOTRAS TAMBIÉN FUIMOS SIRIA. MEMORIA DE PEZ.

Compartir es vivir. Estos días se hace 82 años que los aviones nazis, a las órdenes de Franco,  bombardearon Gernika. Y  hace también tres años que un cliente y amigo me encargó que le hiciera un libro de “Historia de vida” a su ama. Para preservar esos recuerdos y esa memoria. Y que jamás la muerte o alguna enfermedad como el alzheimer pudieran llevárselos consigo.

Miren. Octogenaria. Euskaldun. Nacida en un pueblo muy pequeño cerca de Markina. Y que recuerda, a pesar de ser solo una niña de 4 años, cómo caían las bombas a su alrededor. Arrasando todo. “Apuntaban a las personas, no a los edificios”, me dijo.  Y acto seguido mientras miraba en la pantalla de su TV unas imágenes del telediario, prosiguió: “Yo también, César. Yo también fui una niña Siria, me dijo. Al principio no lo entendí. Pero jamás me imaginé todo lo que se desencadenaría después de escuchar todo aquello.

Porque fui casi yo quien tenía que haber pagado por aquel trabajo en lugar de cobrar por él. Escuchar aquella historia provocó una revolución interior en mí. Y tuve claro que había que hacer algo más con aquello. Contarle al mundo aquella historia. Y cruzarla con la actualidad. Y aquello me llevó hasta el pintor sirio Abdul Khader. Otra persona mayor. Universitario (cursó varios años en la Universidad de Deusto) y viviendo desde muy joven en España. En Siria le llamaban “el español”. Casado con una bilbaina y abuelo de dos niñas preciosas nacidas aquí. Y que por “accidente” se vio atrapado con todas ellas en el infierno de la guerra en Alepo. Tres años encerrado en su casa entre fuego cruzado y asediado sin poder apenas salir, comer…Siria. Un país de paz, cultura y respeto a todas las religiones hasta que la guerra lo devastó. Generando un éxodo de millones de personas. Familias enteras. Huyendo.

Cuadro Gernika de Pablo Picasso. Museo Reina Sofía. Madrid.

Y después el puzzle siguió. Y rascando me encontré a cuatro chavales socorristas de la playa de Zarautz que lo dejaron todo para irse a rescatar personas ahogándose en el mar de Grecia. Si algún día soy padre. Yo les hablaré de esos chavales. De esos chavales. Y de su ejemplo y referencia.  Todos ellos salen en estos 5 minutos de documental. Hace ya 3 años que les entrevisté y grabé. Y no me he olvidado. Ni me voy a olvidar jamás. Yo tan sólo me disponía a entrevistar a una amama (abuela) para hacerle un libro con su Historia De Vida y el destino quiso que tuviera el inmenso regalo y privilegio de encontrarme con una historia y una frase que me abrió otros mundos y otras realidades que yo solo veía, distorsionadas, en las noticias: “yo también fui una niña siria, César”.  Una historia que jamás me cansaré de difundir. Y difundir. Y difundir. Por eso grabamos este proyecto. Es mi deber. Es nuestro deber. Por si algún día nos lo borra nuestra cómoda memoria de PEZ.

Pablo Picasso en su famoso cuadro, o Koldo Serra en su film “Gernika” con María Valverde y un alterego del periodista George Steer, tratan de hacer lo mismo. Os recomiendo la película. Localizaciones en Bilbao e imágenes brutales de San Juan de Gaztelugatxe (conocido más aún por Juego de Tronos) Dura. Pero estrictamente necesaria. Tratan de NO OLVIDAR. Y de dejar ese mismo sentimiento en jóvenes, niños, adultos y familias. Todos ellos, desconocidos entre sí, pero unidos sin saberlo, sólo me hablaron de la misma cosa: todas somos Siria. Todos #FuimosSiria 

Comparte este link si lo sientes también así. Y si lo sientes un deber. Abrazo infinito. Inch Alah.

GRACIAS INFINITAS A LA PRODUCTORA BITART DE BILBAO. Que cedió su tiempo, sus equipos y su personal de forma altruista para la elaboración de este documental. Calidad técnica y humana al servicio de cualquier cosa que necesitéis.

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