Archivo mensual: septiembre 2013

DESCANSEN EN PAZ, PEREGRINOS…

Mañana se cumple una semana de aquel  trágico viernes que nos dejó a todos con el estómago encogido. Día 20 de septiembre. 14:50h aproximadamente.  Mientras unos cantábamos, bailábamos y reíamos en La Casa Verde, justo en el mismo instante…A escasos 3 km de distancia, este destino perro y traicionero quiso arrebatarles la vida de cuajo a dos compañeros peregrinos.  H.R. de 43 años de edad, y L.W.G., de 49, ambos de nacionalidad alemana.

Esa macabra fuerza del sino o lo que carallo sea que dicta el momento exacto

peregrinos

Peregrinos

en el que se nos elimina del juego, quiso que un camión se cruzara en su camino. Ni un segundo antes ni uno después. Justo en el momento exacto para golpearles a ambos provocándoles heridas mortales de necesidad. Amigos probablemente. Familia quizás. Caminantes al fin y al cabo queriendo llegar a Santiago. Peregrinos que como nosotros, habrían hecho sus mochilas y preparado sus viajes unos días antes. En sus casas. Con el mismo entusiasmo, la misma excitación y probablemente los mismos nervios de quien se dispone a emprender una nueva aventura. Con sus objetivos y sus porqués. Con sus ilusiones y sus anhelos. Peregrinos que a buen seguro habrían pasado por La Casa Verde y reído con nuestras payasadas o con quienes habríamos coincidido en algún albergue o cruzado un gentil “buen camino” mañanero.  Y con quienes también probablemente habríamos compartido litera esa misma noche. Quizás… Y solo quizás… Porque ya nunca lo sabremos.

Se nos suele olvidar. Que nos morimos. Desde que nacemos. O más bien solemos elegir obviarlo para poder seguir caminando por la vida con dignidad y sin volvernos demasiado locos con pesos existenciales sobre las espaldas ante los que poco o nada podemos hacer. Porque siquiera minimizar los riesgos supone garantía alguna de ir esquivando el fatídico momento y de poder disfrutar más tiempo de este paso por la existencia terrenal.

Morirse hay que morirse, nos ha jodido Mayo. De cajón. Pero qué putada.  Y más morir así. Porque nos quitan el caramelo de la boca. Cuando le da la gana a quienquiera que sea el que pone la fecha y el lugar.  Y aunque habrá que entenderlo como gajes del oficio, lo que decía…Que morirse es , entre otras cosas, una putada. Así que nunca me cansaré de pregonarlo a los cuatro vientos, incluso pecando de neurótico con el tema:

Carpe diem ¡oh, capitán, mi capitán!

Expriman el tiempo, aprovechen cada instante, no dejen nada por vivir, no abandonen ninguna lucha en curso. Llévense todo lo que puedan arrebatarle a este regalo que es la vida. Desde que nacemos hay un reloj puesto en cuenta atrás y que no nos va a avisar nunca de cuando se para…

A ellos les tocó aquel viernes 20 de septiembre a las tres menos diez de la tarde. A escasos minutos de llegar a Arca-Pedrouzo, el final de etapa. De soltar la mochila, quitarse las botas, pegarse una buena ducha, curarse las ampollas y disfrutar de la tarde previa a la llegada a Obradoiro tomando unas cañas. Quién sabe…Quizás a pesar de todo, lo estén haciendo…

Este escrito es mi homenaje para ellos y sus familias. Buen camino, peregrinos.

¿El AMOR? Un pastelón. Mariconadas.

El amor no está de moda. No se lleva. Y mentar el tema mucho menos.

Química pura

Pastelón. Mariconadas. Así que lo que decía. Que el amor no está de moda.  De hecho sale más rentable  (socialmente hablando) y está más valorado todo lo que huele a polo opuesto.  El rollito canalla. Ser (o aparentar que se es) un tipo duro, frío, un poco gualdrapa, con barbita de cuatro días, pose de malote y un pasado salpimentado con algún que otro capítulo oscuro del que poder renegar (cobarde, quien lo haga).  Ya me entienden, algo de chicha que justifique todo ese constructo y esa imagen de rebelde sin causa. Todo muy del pelo de esta hornada de programas de televisión donde parece que los escotes hasta el ombligo, la proteína en bote de plástico, y la gomina se hayan comido toda la materia gris del personal. Véase ‘Gandía Shore’ ,  ‘MH y viceversa’, etc.  ¡Cómo está el patio, señores y señoritas! Porque si eso es lo que mola, y esos son los referentes… Que Dios nos pille ‘confesaos’. 

  Pero a lo que iba. Que eso es, nos guste más o menos, lo que parece que está en la onda de las nuevas generaciones (y no tan nuevas) El rollito follamiguismo, promiscuidad sin teléfonos de sábado noche, etc. Relaciones light y de poca digestión que me atraganto. A lo loco. Algo de cariño de conveniencia, orgasmos express y los socorridos “aquítepilloaquítemato”. (hablo de oídas…que yo de esas cosas, oigan…npi…pero lo que es npi…)

  Y el que suscribe, no es que reniegue de todo este libertinaje hedonista y de

Carpe diem

esa vida ‘ligerita de cascos’ (que diría con mucho salero mi señora madre); sarna con gusto no pica y todo esto se lo comen los gusanos, ni que decir tiene. Pero rascando un poco en la superficie, y si me permiten la confesión en voz bajita y al oído, lo que uno anhela y lo que uno busca en realidad es salirse de ese guión ramplón. Pasar veinte pueblos de esa inercia de camas llenas y almas vacías y mandarla al carajo.  “Volando voy volando vengo: por el camino yo me entretengo…” Sí. Guay. Unas cervezas y un polvo si procede de vez en cuando para acallar las necesidades de la carne (que no solo de literatura vive el hombre)  pero sin aferrase a inercias que a uno le dejan igual que cuando empezó.  Vacío y sólo. Ya me entienden.  Sin fuegos artificiales (que diría mi amiga Esther de Barna)

Así que hoy me jactaré de seguir siendo un tipo raro. No digo diferente, digo raro. (véase Fito). Anacrónico si queréis. Pasado de moda de puertas para adentro. Golfo muchas veces; con barba de cuatro días cuando procede; y hasta con un currículum con ciertos callejones oscuros que daría mucho juego si nos ponemos… Pero no. No es eso lo que uno quiere. No es ese el barro en el que uno quisiera moverse.

Uno como tipo idealista irredento, inconformista patológico y medio gilipollas

Principio de todo

las más de las veces , lo que busca es esa locura que se te va de las manos. Las explosiones químicas que ponen tu vida patas arriba. El descontrol. El estado permanente de babia.  Y de vilo. La cara de memo. La luna de Valencia. El pecho partido. Yo quiero lo que no se lleva. Lo que no está de moda.  Lo que no mola. Quiero el AMOR. Dure lo que dure. Me haga sonreír como un loco o llorar como un niño. Ese por el que te pasarías los días, las semanas y los meses sin dormir para no perderte ni un segundo de lo que pase. Ese chutazo de vida. Tan potente que aunque las historias mueran o los fuegos se apaguen, ya nunca se olvida… Y que siempre se anhela cuando no se tiene… Como una adicción.

  No es fácil hoy en día. El mercado está jodido y son malos tiempos para la lírica. (nada nuevo). Muchos y cada vez más cortos ‘shorts’ , mucho escotazo, mucho batido de proteínas y mucha camiseta sin mangas, pero poca verdad… Mucha relación de postal y mucha comodidad y mucho noquererestarsolo. Mucha renuncia…

 Así que algunos pocos locos ilusos y obstinados, seguiremos intentando no claudicar . Porque el solo hecho de saber (como sabemos quienes cierta vez lo encontramos) que está ahí fuera. En algún lugar. Esperando. En alguna mirada que se cruza… Ya le da sentido a la vida. No sé si a la de ustedes. Ni si a la de la generalidad.  Pero me la pela.  Porque a la mía, sí.  Con todo lo bueno y todo lo malo.

No estará de moda. Pero muchos seguiremos creyendo que anda por ahí…  A3MSC

PD -  (“Y recuerden… Que en la literatura como en la vida todo puede ser verdad o todo puede ser mentira…El resto es simplemente 
producto de la mágica o trágica interacción entre las letras y sus 
vidas…”)

 

DIARIO DE UN BECARIO TREINTAÑERO EN EL CORREO

Dicen que en la vida se aprende a base de hostias. Y  yo me llevé las primeras directas al mentón nada más empezar en EL CORREO. En el periódico referencia de Euskadi. El más vendido. 103 años de historia y una redacción con los cristales blindados y detector de meta-

Sin mordazas

les en la entrada. Simplemente porque eligió no renunciar a su legítimo derecho a la libertad de pensamiento y de expresión en tiempos en los que los atentados, los asesinatos y los secuestros eran nuestro podrido pan de cada día. Hablar de todo esto puede parecer ciencia ficción. O literatura. Ojalá. Desgraciadamente no es así. Todo esto no aconteció hace un siglo sino antes de ayer. De justicia es no olvidarlo. Ni ahora ni nunca. Una cabecera que yo personalmente, como lector, como ciudadano vasco y como periodista en ciernes, ya admiraba en aspectos como ese. Al diario y a quienes en él ejercían. Sin peloteos de postal. Ya no hacen falta. Pero le echaron un par de ovarios y de huevos cuando tocó. Al César lo que es del César. Dicho lo cual, e independientemente de todo esto, a lo que iba. Que EL CORREO es también el medio de comunicación donde yo he aprendido este verano a base de hostias. (que lo cortés no quita lo valiente).

Lo cierto es que uno no llegaba en el mejor momento personal a esta su primerísima incursión en la redacción de un periódico.  Así que, sobre todo los primeros días, tuve que tragarme el caos que reinaba en mi vida, mi mudanza, mi búsqueda de algún sitio en el que caerme muerto y el proceso (muy jodido) de ruptura con mi pareja y mi pasado, y tirar millas. Poniéndole al mal tiempo buena cara. O al menos la mejor posible.  Hoy, a toro pasado, puedo decir que hubo un momento en que no me vi lo suficientemente centrado como para a estar a la altura del reto.  De hecho, (y esto lo saben el cuello de mi camisa y yo) tuve redactado mi correo de renuncia al puesto. Con su asunto, sus destinatarios y con todos sus sacramentos. A un tris de cruzar ese punto de no retorno que habría supuesto pulsar la tecla “enviar”. A punto de firmar mi rendición. Total…  Un solo “click” y cada uno por su lado. Mi asignatura de cuarto estaba de sobra convalidada con mis meses en la radio. Sin necesidad de comerme todo este verano “becaril”. Pero no.  Incluso renunciando esos tres meses al ingreso del Inem con el que uno paga la hipoteca y las facturas. A nuestro querido Wert se le cruzó el cable y lo declaró incompatible con el contrato de estudiante en prácticas. Una soberana jodienda. Pero esto era lo que yo llevaba soñando desde que era un crío.  Así que cerré el portátil, allí en mi  hogar provisional de Laredo, lleno de cajas de cartón y de soledad reciente, y decidí no perder la oportunidad. Morir si hace falta, pero morir matando. Dando el callo. Porque no me habría perdonado esa espantada ni en veinte vidas.

Con humor…

En mi caso no fue fácil ponerse el buzo de becario, lo reconozco. Para bien o para mal yo no soy el prototipo de yogurín universitario de veinte años recién caído del guindo (o aún sin caer) y a mis treinta y cinco tacos hubo adaptaciones que no fueron fáciles. El mayor de los retos fue realizar un tipo de tareas diarias estáticas y muy alejadas de lo que podíamos presuponer antes de comenzar. Algo que yo no había vivido en mis quince años de vida laboral. Porque uno espera y desea que le saquen chispas al amigo becario mandándole a cubrir ruedas de prensa, eventos, sucesos y todo tipo de marrones callejeros. Aunque fueran de madrugada. Periodismo en la rue. Y escribir unas líneas.  Aunque fuera con cuentagotas y aunque luego no nos dejaran firmar ni el ticket de la Visa. Pero algo de acción, ya me entienden. Periodismo de realidad y de aceras.

Pero no. O al menos en mi caso. Porque yo caí, por suerte o por desgracia (nunca se sabe) y sin querer minusvalorarla en absoluto,  en la sección de OPINIÓN. La más antagónica a todo eso que yo (y supongo que mis compañeros becarios en general) había imaginado. El núcleo duro de un periódico, sí. Los artículos de las firmas más relevantes. Las viñetas de los humoristas gráficos con más solera. La voz soberana de los lectores en las cartas al director. Y los editoriales, sí. La voz en primera persona del periódico sobre los temas de mayor trascendencia social. La opinión de la cabecera más vendida en Euskadi.  Pero también, por otra parte, la sección en la que los redactores no escriben apenas una línea de producción propia. (excepto esos personajes del día en primer plano o “caretos” a los que tanto cariño cogí por permitirme el disfrute de escribir aunque fuera en versión haiku)

Entrañables ‘caretos’

Opinión. La sección en la que ni se hacen entrevistas, ni se acude a cubrir ninguna rueda de prensa. Periodismo de maquetación y de corrección de ortografía y estilo. Un trabajo necesario e importantísimo, pero jornada completa de puro periodismo de silla y pantalla. De culo pegado a la oficina. Una hostia directa al mentón de las que a gente como yo, (apoquine cada cual con sus defectos) le dejan noqueado. Acostumbrado en mi vida laboral y personal al cuerpo a cuerpo, al meollo, al aire y a las aceras. Con lo bueno y con lo malo. Pero calle. Acción.

Y aunque mi nervio ha sufrido por momento cual bellaco, al final la experiencia ha supuesto un máster express en las materias más jodidas y provechosas para mí. Paciencia y quietud. Paciencia y quietud. Paciencia y quietud.  Sólo cabía encajar con gallardía o tirar la toalla. Os juro que las primeras semanas me las pasé de verdad, pensando si aquello había sido un premio o un castigo.  Ahora lo agradezco. Ha sido una lección impagable. En muchos sentidos.

Quienes nos metemos en este  lío, somos plenamente conscientes de lo reventado que está el gremio. Aquí no abunda ni el trabajo ni la pasta.  Y aun así continuamos en esto. Ni porque nos vaya el rollo sado, ni porque seamos unos ilusos, ni porque se nos haya ido la pinza. O quizás sí. Y ese algo irracional que seguimos llamado vocación no sea sino una mezcla de todo lo anterior.

Así que apoquinando que es gerundio. Y como la montaña no iba a Mahoma, Mahoma fue a la montaña. Y como un servidor es un tipo

Periodismo con función social ;-)

obediente, recordé cierta frase de las entrevistas de trabajo, y decidí echarle algo de jeta, (fundamental en este tinglado, como en la vida ) y a buscarme las habas intentado colar unas líneas en el digital para equilibrar mi balanza mental y para que las comas, las mayúsculas y las tildes no acabaran con mi nervio y mi autoestima. Al fin y al cabo eso es con lo que uno se siente más vivo. Mejor o peor. Pero escribiendo.

Y así fueron pasando los días: unos pocos artículos para ocio o para sociedad sobre temas variopintos, un reportaje de producción propia… Y mis tareas encomendadas en opinión.  Hasta que el 31 de Agosto del verano más diferente e intenso de mi vida, se presentó sin avisar. Justo cuando estaba empezando a saborearlo… Y casi hasta a acostumbrarme a los callos en las nalgas. Casi. He dicho casi…  😉  Con todo y con ello, benditas hostias periodísticas veraniegas. ¡Todo lo que me han enseñado!

 

PD1 – Me parece recordar a algún redactor veterano comentar en una comida que le daba la sensación de que las nuevas generaciones les

Daily Planet

mirábamos con pena o condescendencia. Como si fueran dinosaurios a punto de extinguirse. Yo debo ser un ingenuo. Porque yo os veía más bien como una especie de super héroes. (alguna fijación infantil). Todos esos Clark Kent o Lois Lane que uno siempre soñaba llegar a ser.  Idealizaba el periodismo y a los periodistas. Ahora, después de vista la cocina por dentro, ya no os idealizo. Ahora directamente os admiro. Por vuestra labor, vuestra dedicación y vuestros horarios,  soy consciente de lo mucho que sacrificáis de familia, amigos y de vida personal.  Se llama compromiso.  Me quito el sombrero.

PD 2- La mejor lección, la master class que ha supuesto escuchar y aprender de gente como la que he tenido alrededor.  Gente con el culo pelado en este gremio  y de quienes lo mejor que puedes hacer es tomar nota y aprender. Y que capearon con mucha mano izquierda las cagadas de principiante. Gracias por la acogida y la comprensión.

PD3 – Esta ya es otra historia…Y otro debate… Pero no sé lo qué diría el gran Kapuscinski  sobre la deriva del periodismo actual. Con tanta tecnología restando tiempo a los redactores del contacto con la calle; con las miradas; con los gestos; con la realidad…

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